Estado de Bienestar y Construcción Europea
David
Anisi
Universidad de Salamanca
VI Escuela de Verano de UGT Asturias
Verano de 2005
Cuando recibí la invitación de UGT Asturias para participar en
la VI Escuela de Verano 2005 sentí una triple alegría.
La primera derivada directamente del honor que suponía esta
invitación.
La segunda porque tal invitación me permitía volver a un
espacio de formación de la UGT del que había estado alejado desde aquellos años
de colaboración intensa con el Instituto Sindical de Estudios dirigido por José
María Zufiaur, cuando Nicolás Redondo era el Secretario General.
La tercera porque estimé la oportunidad que tal invitación me
proporcionaba para poder poner al alcance de un público formado y culto, pero
no necesariamente universitario, un material que había ido elaborando a lo
largo del curso 2004-2005 en un pequeño espacio, que dentro del programa
"Las cuentas del dinero" dirigido por Agustín García Laso, se emitió
todos los miércoles por Radio Universidad de Salamanca.
http://www3.usal.es/~radiouni/programas/dinero/anisi.htm
Durante todo este año, miércoles tras miércoles, he hablado de
Estado de Bienestar y Construcción Europea, adaptando, eso sí, mi intervención
a la actualidad semanal.
Lo que a continuación se expone es una simple reordenación de
lo emitido, estableciendo un esquema más expositivo que el temporal con el que
se escribió y radió; pero respetando el tono irónico y desenfadado con el que
me gusta responder a los que considero mis deberes como universitario: la enseñanza,
la investigación y la crítica social.
En lugar de las referencias bibliográficas habituales he
preferido introducir siempre que ha sido posible los enlaces web, para que todos
aquellos que lo deseen puedan acceder a la información directamente y de forma
cómoda.
I.-EL
ESTADO DE BIENESTAR
I.2.-Pleno
Empleo: Sanidad, Educación, Pensiones
I.3.-Jerarquía,
Mercado y Valores: crisis del 73 y cambio en los 80
II.-EL
ATAQUE INTELECTUAL
II.1-El
déficit público
II.2.-El
tipo de interés
II.3.-La
Economía oficial
II.4.-Las
expectativas
II.5.-La
empresa como única perspectiva
II.6.-Troyanos
III.-EL ATAQUE PROPAGANDÍSTICO
IV.-EUROPA COMO DEFENSA
V.-LA RAZÓN COMO DEFENSA
I.-EL ESTADO DE BIENESTAR En la misma semana del aniversario del 11M, se celebró en Madrid
la Conferencia sobre democracia, terrorismo y seguridad. Una de
los participantes fue la ex secretaria de Estado de EE UU (1997-2000)
Madeleine
Albright.
El muy controvertido
personaje
concedió una entrevista a El País publicada el 11 de Marzo, donde puede
leerse: "P. ¿Qué opina de
las críticas que se hacen desde Europa a la política antiterrorista de Bush? R. Creo que cada país
lucha a su manera contra el terrorismo, pero los estadounidenses deben estar
alerta y saber que es muy fácil cortar las libertades civiles. La democracia es
muy frágil." Que la señora Albright diga en el año 2005 que "la
democracia es muy frágil"
Milton
Friedman decía
que el mercado es un sistema de votación donde el peso de cada uno es
proporcional a los "votos monetarios" que posee". En
ese sistema, la capacidad de influencia de cada
individuo sobre lo que hay qué producir, cómo hacerlo y a quién darlo depende
de su renta. El
mercado es, en definitiva, un sistema donde el principio que rige es "un
euro, un voto" La
democracia, tal como la entendemos hoy, es un sistema basado en un principio
diferente. El principio de "un individuo un voto". Lógicamente
los dos sistemas basados en principios distintos: "un euro un voto" en
el caso del mercado, y "un individuo un voto" en el caso de la
democracia, sólo podrían dar resultados consistentes si todos los individuos
con derecho a voto poseyeran el mismo número de votos monetarios. Así tal
consistencia sólo se daría bien cuando todos los que votan son iguales en
renta y riqueza; o bien, que -como diría Silvio
Rodríguez - no es lo mismo pero es
igual, cuando sólo votan aquellos que son iguales en renta y riqueza.
Los Estados de Bienestar compensan el peso del mercado con el
peso de la democracia, pues si bien una inmensa cantidad de lo producido se
moviliza mediante los precios, otra no menos importante lo hace por leyes y
actuaciones administrativas. Muchos acceden a los bienes que el mercado
proporciona exhibiendo euros, pero otros reciben bienes muy preciados aduciendo
simplemente derechos. La lucha entre los dos ámbitos, mercado y democracia,
ha sido constante desde al menos los primeros años del siglo XX, y nada
se explica de nuestro hoy y ahora si no es través de ese prisma que tan didácticamente
planteó Schumpeter
en su Capitalismo, socialismo y democracia. Vivimos en ese
equilibrio y por ello es tan preocupante que personas muy al tanto de los intríngulis
de los sistemas políticos adviertan de la fragilidad de la democracia. I.2.-Pleno Empleo: Sanidad, Educación,
Pensiones
Basta
con sonreír y leer para descubrir cómo en la mayor parte de los casos los
Templarios son los depositarios de todos estos secretos, e incluso, economistas
míos que me escucháis o leéis, esos Templarios son aquellos que muchos años
antes del viaje oficial de Colón traían oro y plata, pero fundamentalmente
plata, de algún lugar cercano a lo que hoy es Venezuela. Escríbase
"templarios" en Google y uno no tendrá tiempo en su limitada vida
para leer todo lo que allí se encuentra. Los
mejores secretos son los que están a la luz.
Reyes
y pastores habrían ofrecido gustosos parte de sus vidas para que cuando les
molestase un diente alguien le solucionara sin dolor y eficazmente el problema;
pero también por vivir en ciudades limpias y alcantarilladas; y también por
recibir una educación que permite entender un poco el mundo en el que se anda;
y también por poder leer de noche; y también por poder ver aunque se
envejezca; y..por multitud de otras cosas a las muchos podemos acceder en
nuestro hoy y ahora.
Sólo
un cataclismo planetario puede hacernos olvidar alguno de los avances científicos.
Pero los avances sociales, que son aquellos que precisamente permiten a la
generalidad de la población acceder a las ventajas que proporcionan los
primeros, pueden no extenderse al conjunto del planeta, o incluso retroceder. O
sea que a defender lo conquistado. El derecho al beso y la sonrisa también, le
pese a quien le pese. I.3.-Jerarquía,
Mercado y Valores: la crisis del 73 y el cambio de los 80 Nos
hartamos de repetir que el problema económico es el de usar unos medios escasos
para lograr unos fines alternativos. Si los medios no son escasos - como decía
Friedman - no hay problema económico, estamos en el Nirvana. Si los fines no
son alternativos, el problema deja de ser económico para convertirse en tecnológico. Y
también nos hartamos de repetir, aunque eso lo decimos menos, que si bien el
mercado es uno de los instrumentos con los que se resuelve el problema económico,
también ese problema se resuelve mediante leyes, órdenes y decretos; o bien
acudiendo a costumbres, tradiciones, creencias o persuasiones valorativas.
En
el discurso de la vana economía ortodoxa, el Estado o las instituciones
valorativas aparecen cuando existe lo que ellos llaman un "fallo de
mercado". Algunos insistimos que el retículo valorativo y el Estado son
previos al mercado y que éste no puede darse sin aquellos, pero enquistados en
su bunker los ortodoxos escuchan esto como quien oye llover. Un
rey que tuvo que ver con el origen del lunes de aguas, como Felipe II puede
representarnos aquella forma de solución del problema económico sustentada en
la jerarquía; Juan Pablo II puede representar esa inmensa movilización de
recursos económicos que está basada en los valores o creencias. ¿De verdad
puede pensar alguien sensato que Felipe II o Juan Pablo II son simplemente
"fallos de mercado"? Una
orden de Felipe II moviliza gigantescos recursos económicos, o, anecdóticamente,
hace que las putas abandonen Salamanca durante unas semanas. Es un problema económico
de lo que se trata - medios escasos y usos alternativos - y no es precisamente
el mercado el que interviene para resolverlo. Aquella
decisión del rey se ha convertido, con el paso de los años, en una celebración
festiva y poco más. La actuación de Juan Pablo II ha condicionado seriamente
nuestro presente. En
estos días cada cual apunta un aspecto de la figura del último de los pontífices.
Y quizá está bien que señalemos aquí la tremenda transformación económica
que se produjo al final del siglo XX cuando tres personajes: Ronald
Reagan, Margaret Tatcher
y el propio Juan Pablo II pusieron todo su poder, que no era poco, al servicio
de una intención: la desaparición del comunismo en Europa y el comienzo de la
Revolución Conservadora.
Se
dice que hay que tener cuidado para que no se nos vaya el niño al tirar el agua
sucia, y tengo la sensación que eso fue lo que pasó con el final del comunismo
europeo: en el intento de eliminar el agua sucia se nos fue el niño con ella. Conservador
en lo moral, retrógrado en lo social y aberrante en lo científico. ¿Qué
debemos pensar en una Universidad cuando leemos cosas como ésta escrita en
pleno Siglo XXI: "Todo
creyente sabe que el comienzo de la historia del hombre ha de buscase en el
libro del Génesis. También se ha de acudir a sus páginas para indagar sobre
el origen de la cultura humana" pp.101 Juan
Pablo II (2005):Memoria e identidad, La esfera de los libros, Madrid ¿Y
qué hacen los creyentes que creen que para conocer la historia del hombre y de
su cultura es mejor prescindir del Génesis? Realmente
es terrorífico pensar que algunas personas dicen que hablan con Dios, pero más
tremendo es constatar que creen que Dios les dice lo que los demás tenemos que
hacer por las buenas o por las malas. No
tengo la menor duda de que si volvieran a tener poder retornarían las hogueras. II.-EL
ATAQUE INTELECTUAL
Siguiendo
con el mismo símil, una vez que los individuos han entregado los sacos de trigo
que exige como pago el ejército, con lo que les queda - lo que llamamos renta
disponible - parte de ello se lo comen, parte se lo prestan unos a otros, y si
después de eso queda algo - el ahorro privado - se lleva a unos almacenes. ¿Para
qué se usa ese ahorro/trigo almacenado? Pues para dárselo a aquellos que
acuden a pedirlo prestado para sembrarlo - la inversión - , para dárselo al
ejercito si resultó que los soldados comen más que los sacos entregados como
impuestos - el déficit público - y para cubrir el posible exceso de lo que
exportamos sobre lo que importamos. Tras
prestarse entre los agentes privados, el ahorro privado resultante se canaliza
hacia la inversión, el déficit público y el exceso de exportaciones sobre
importaciones. Pues
bien ahora pasemos de lo científico a lo ideológico. A todo el mundo le parece
muy bien que la gente cuyos ingresos no le dan para comprarse un piso, pida un
crédito hipotecario; a todo el mundo le parece muy bien que como las empresas
no ingresan todo lo que quieren gastar deban recurrir al ahorro privado para
financiar la inversión, y a todo el mundo le parece también muy bien que haya
muchas exportaciones y pocas importaciones. Pero, sin saber exactamente porqué,
esa conducta parece vedada para el Estado. Los déficits públicos son malos,
perversos y dañinos. Que
conste que yo creo que los déficits públicos son no sólo malos, dañinos y
perversos, sino que creo su desaparición definitiva significaría un avance
gigantesco en nuestro bienestar y en el de las generaciones futuras. Pero sigo
sin entender porqué la ideología dominante acepta que un particular se endeude
para comprar un piso o que una empresa se endeude para
ampliar su planta o modernizar la maquinaria, y que el Estado no pueda
hacer lo mismo.
Luego
tal vez la desconfianza hacia el déficit surge de la desconfianza hacia lo que
el Estado hará con ello. Qué duda cabe que si pensamos que ese déficit se va
a usar para atiborrar de marisco del cantábrico a los altos cargos, todos nos
opongamos. Pero ¿con qué razones nos ponemos oponer a que el Estado se endeude
para mejorar la asistencia en los hospitales, o para poder enseñar Inglés a
nuestros pequeños desde la escuela, o para adecuar las infraestructuras
ferroviarias al Siglo XXI?
Y
esas necesidades acuciantes no pueden -
lo sabemos muy bien los economistas - atenderse desde la esfera del mercado.
Como antes decía, es la eliminación de este tipo de déficit público,
malo, dañino, perverso y nefasto, lo que significaría un avance gigantesco en
nuestro bienestar y el de las generaciones futuras.
Hace
mucho tiempo, en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid, situada
entonces en El Retiro, un profesor se dirigió al comienzo de curso a sus
alumnos, y manteniendo alzado el libro de referencia les dijo: "Para
entender este texto tienen ustedes dos procedimientos: el habitual, esto es
mediante el estudio, o bien este otro - y poniéndose el libro bajo el brazo
concluyó - el llamado osmótico, según el cual el conocimiento asciende hasta
su cerebro por simple contacto. Y - terminó - hasta ahora nadie ha aprobado mi
asignatura con este último método". Hay
conocimientos que parecen adquirirse por ósmosis, sin esfuerzo. Así ocurre con
esa leyenda urbana de que los movimientos del tipo de interés algo tienen que
ver con el crecimiento o el decrecimiento del PIB. Allá
por el año 1992, cuando comenzó la Facultad de Economía en Salamanca, los
estudiantes hicieron un periódico que se llamaba "La Eclosión"´.
Duró lo que suelen durar esas cosas, pero mientras duró nos reímos mucho de
forma duradera. En esa publicación, tras mis largos años de estudio, encontré
por fin la mejor definición que he visto hasta ahora de lo que es un tipo de
interés. Un
tipo de interés, decía La Eclosión, es precisamente eso, un tipo de interés;
alguien que te pone colorada cuando te mira. Y después se continuaba, ya en esa
onda, con el significado de un tipo de interés real frente a uno monetario, de
un tipo de interés efectivo frente a uno marginal, se analizaba la idea de un
tipo de interés recurrente, y también la alternativa de seguridad frente al
riesgo con un determinado tipo de interés, e incluso se definía un tipo de
interés bancario, que podía ser aquel que reforzaba su atractivo con una buena
cuenta corriente o también aquel con el que podías imaginar que te hacía el
amor en un banco.
La
reducción de ese tipo de interés no viene mal cuando ya se ha decidido
invertir, pero su reducción, de por sí, nunca podrá provocar un aumento de la
inversión. O sea, que, como es habitual decir entre muchos keynesianos, se
puede llevar el caballo al abrevadero, pero nunca obligarle a beber. Por
ello muchos nos quedamos perplejos cuando todos los medios de comunicación
andan pendientes de si el presidente de la Reserva Federal, cuyo nombre suena así
como Greenpeace o algo parecido, o del Banco Central Europeo, suben o bajan -
"un cuartillo", dicen -
los tipos de interés. Lo mismo creen que eso tiene algún efecto sobre el
crecimiento. Me
recuerdan aquellos fragueles que, carentes de agua, iban en procesión hasta una
tubería y mientras el mago la golpeaba con su báculo, todos cantaban:
"Sal agua sal". Estoy
convencido que los sacerdotes de Fraguel Rock pueden tener más éxito con su
agua que nuestros respetables sumos banqueros con su pantomima. La
semana pasada, en un curso, comencé proyectando un chiste del El Roto publicado
en El País. En él, dos juegan a las cartas, como en
el cuadro de Cézanne, y uno de ellos se dirige al otro, que tiene la
cara magullada y con algún esparadrapo, y le pregunta:
La opinión que sobre
nosotros ahí se refleja ha sido fruto de portentosos esfuerzos de nuestra parte
para merecerla. Dejadme
que os cuente una pequeña historia. Todos
sabemos que cuando alguien mejora y nadie empeora es un cambio que calificamos
como mejora paretiana. Por supuesto que antes de
Pareto
ya se había pensado en esa posibilidad. Pero así la llamamos, adjudicando,
como acostumbramos, un pensamiento a su autor más conocido; con el lado
positivo de que nombramos con respeto a uno de nuestros predecesores, y con el
negativo de olvidar a todos aquellos anónimos de los que, con Newton,
podemos decir: "si
he visto más lejos que los otros hombres, es porque me he aupado a hombros de
gigantes". Basándose
en esa percepción paretiana, el
profesor Cipolla,
pudo catalogar a los seres humanos en cuatro grandes categorías.
La
primera es la de los "Inteligentes". Son aquellos que en el intento de
conseguir algo para ellos lo logran para otros. Cuando un inteligente pone una
empresa gana dinero, pero también lo hace ganar a mucha gente. Cuando un
inteligente besa, disfruta del beso, pero también lleva el deleite al besado.
Cuando una sociedad está suficientemente surtida de inteligentes la mejora
global está asegurada, porque cada vez que uno de ellos trata de mejorar tira
de unos cuantos en la misma dirección. Luego
están los "Malvados". Son aquellos que para beneficiarse ellos
perjudican a alguien. Su acción nos puede parecer reprobable, pero desde los
criterios de bienestar no podemos juzgar: colectivamente alguien mejora y
alguien empeora, y como somos incapaces de establecer comparaciones
interpersonales de utilidad, no podemos calibrar el resultado colectivo. Simétricamente
aparecen los "Incautos", que son aquellos que se sacrifican para que
alguien mejore. Podemos admirarles y esperar que los dioses sean bondadosos con
ellos, pero tampoco podemos obtener conclusiones sobre el bienestar colectivo:
alguien mejora y alguien empeora; nada más. Que
haya inteligentes es definitivamente bueno, y los malvados pueden compensarse
con los incautos. Pero nos queda, como dice el profesor Cipolla, la auténtica
plaga de nuestras sociedades: los estúpidos. Son
estúpidos aquellos que sin conseguir nada para si, se dedicar a fastidiar las
vidas de los demás. Y todos, me temo, conocemos a demasiados. Hasta
aquí concuerdo razonablemente con el profesor Cipolla, pero a partir de aquí
hay algo sobre lo que difiero absolutamente, y algo sobre lo que concuerdo hasta
el fin. Dice el profesor que en cualquier colectivo humano se encuentra la misma
proporción de estúpidos, y que siempre tendemos a subestimar la proporción de
estúpidos que existe en el colectivo al que pertenecemos. Disiento
sobre la primera parte: creo que dentro de los economistas la proporción de estúpidos
alcanza dimensiones quiméricas. Y acepto hasta el fin la segunda: siempre me
sorprendo cada vez que tengo que añadir uno más a la lista. A
veces me quejo de que con eso de estar preparando el futuro no nos dejan
disfrutar del momento, y que cuando estamos en otoño ya nos venden el invierno;
en esa estación ya nos estarán contando lo de la moda de primavera, y así
sucesivamente. Pero reconozco que ese deseo de pensar en lo que haremos en el mañana
forma parte de lo más íntimo de nosotros en esta nuestra cultura.
Dice
un amigo que de lo único de lo que está seguro es que morirá antes de la
fecha de caducidad de sus yogures, y la verdad es que sobre el futuro poco puede
decirse cierto aparte de cosas como esa. Alguna vez he hecho la broma de llevar
a una conferencia una bola de cristal y sacarla en el momento en que las
preguntas empiezan a ser del tipo: ¿Qué piensa que ocurrirá...?
Recuerdo
muchas veces a mis alumnos que en esta Universidad no se enseña a predecir el
futuro y que, si acaso, podrán aprender tal materia en la Cueva
de Salamanca, que aparte de ser el título
de un entremés de Cervantes
y una comedia de Alarcón,
es el único lugar donde me imagino se pueda acceder a tan alto conocimiento.
El
estudio de la formación de expectativas forma parte del núcleo actual de la
Teoría Económica, tanto dentro de la corriente keynesiana, como dentro de la
contestación ortodoxa que, a partir del trabajo de Muth
en 1961, desarrolló la escuela de las llamadas expectativas
racionales que cuenta con conocidos
teóricos como Sargent
o Wallace,
e incluso con un Premio Nobel: Lucas.
La
imagen que tengamos del futuro condiciona nuestro presente individual y
colectivo porque modifica nuestros comportamientos alterando de esa forma el
propio futuro: Nos vemos mojados por la lluvia que posiblemente caiga y como nos
imaginamos así cogemos un paraguas; mi amigo el de los yogures ve su frigorífico
vacío si no hace nada y por eso siempre está lleno contradiciendo de esta
forma su visión; pensamos que las pensiones públicas están en peligro y
actuamos en consecuencia para que no lo estén.
El
futuro sólo se puede imaginar. ¿Pero qué futuro? ¿El inmediato, el casi aquí,
o el más lejano? Los economistas polemizamos sobre el corto, medio y largo
plazo, pero no logramos avanzar más que lo recogido en la Fábula de los tres
Hermanos de Silvio
Rodríguez.
Expectativas,
anticipación de la vida... ¿Quién no se ha encontrado alguna vez, como J.
R. Jiménez,
preparando un beso? II.5.-La
empresa como única perspectiva El
otro día comencé a leer uno de esos libros gordos, entretenidos y fáciles que
pueden encontrarse en Pryca. Este estaba escrito por un tal Gifford *, y al
llegar a la página 13 y hablando de un Papa ficticio de nuestra época,
un tal Calixto IV, escribe: "...siempre había considerado su
carrera como algo sólo marginalmente distinto a la labor de cualquier
presidente de una importante compañía multinacional" Dejé
inmediatamente el libro. El
autor es norteamericano y además graduado en Harvard. En ese país y tanto en
las grandes universidades de la "liga
de la hiedra", como en las más
modestas, y con excepción de las mentes más preclaras, se piensa que TODO
funciona igual que una gran empresa, sea la Iglesia Católica, la Cruz Roja, o
la familia.
De
acuerdo con esto la facultad en la que doy clases bien podría llamarse
"Facultad de Economía, Empresa, Organizaciones Gubernamentales, y ONGs"
Se
llama en cambio Facultad de Economía y Empresa, y, fruto de esa mezcla de azar
y necesidad** que establecía Demócrito,
ofrece, para mi satisfacción, dos singularidades respecto a la mayoría de la
españolas: en su nombre no aparece la palabra "ciencia", y, aparte
del patrón tradicional de San Vicente Ferrer, se cuenta aquí
con Tomás
de Mercado.
Que
yo sepa, en la Universidad de Salamanca, sólo hay cuatro Facultades, contando a
la nuestra, con doble nombre: Geografía e Historia, Traducción y Documentación,
y Ciencias Agrarias y Ambientales. Todo
el mundo ve que ese doble nombre apunta siempre a conocimientos relacionados
pero esencialmente distintos, y lo mismo pasa con nuestra facultad. Una titulación
forma economistas, las otras dos directores, administradores o gestores de
empresas. La diferencia la establece perfectamente el profesor Arthur
C. Pigou,
que en 1922 escribe: "...no
es oficio de los economistas enseñar a los fabricantes de lana a trasformar y
vender la lana, ni enseñar a los cerveceros a fabricar y vender cerveza, ni a
desempeñar su oficio a cualquier hombre de negocios" *** Así,
1/8 de la Facultad se dedica unos menesteres,
y 7/8 de ella a otros absolutamente distintos. Afortunadamente
para los unos y para los otros 13
de Abril, creciente
Claro que también podía escuchar en una conversación algo que le dejaría, si
cabe, más perplejo: "tengo un troyano que no puedo eliminar" En
el Estado de Bienestar, lugar también de móviles y troyanos, el acceso a
bienes valiosísimos se hace en muchas ocasiones no a cambio de dinero, sino por
el ejercicio de un derecho o la demostración de una característica personal.
Frente a una apendicitis aguda, en la Unión Europea - no en los Estados Unidos
de Norteamérica - el afectado se presenta en cualquier hospital, y ejerciendo
un derecho, es atendido independientemente de que posea o no una tarjeta de crédito,
o de que sea capaz o no de jugar inteligentemente al ajedrez. En
esa misma Unión Europea - no en los Estados Unidos de Norteamérica - la
entrada en la Universidad se reserva no a todos, puesto que no es un derecho, ni
tampoco a aquellos que más paguen, sino a los que tienen unas determinadas
características personales: posesión del título de Bachiller, notas de
acceso, etc. Independientemente
del dinero, y exhibiendo únicamente un activo valorativo, la sociedad ha
dirigido hacia nosotros los recursos necesarios para formarnos y darnos un título,
con el que se puede obtener una posición de poder, ganar dinero, y ser
respetado. Poder, dinero y respeto a cambio de tiempo, esfuerzo e inteligencia. En
la forma europea de entender la educación superior una persona inteligente, sin
dinero, podrá ser Doctor en Medicina y luego enriquecerse. En la visión
anglosajona una persona inteligente, que es capaz de conseguir dinero, podrá
ser Doctor en Medicina y luego enriquecerse para gozar del dinero o hacer frente
a las deudas contraídas en el periodo de formación. La
Cuesta de Claudio Moyano en Madrid huele a libro de ocasión, a Botánico y a
Retiro.
Pero
este sistema tiene una grieta que puede debilitarle. De vez en cuando alguien
que se ha beneficiado de ese sistema se vuelve contra el mismo cuestionándolo. Representan
estas gentes la misma aberración que la de aquellos funcionarios que desde su
seguro puesto claman en demanda de flexibilidad del mercado de trabajo. Estos
tipejos nunca habrían entrado en una Universidad si no existiera el Estado de
Bienestar; pero una vez dentro, contra él claman, en la suposición, creo, de
que sus lamentos atraerán la atención benevolente de los poderosos. Realmente
no se qué gente había en el Caballo de Troya. Supongo que, como en el caso que
comentamos en nuestra Universidad, y siguiendo a Cipolla, estarían los
inteligentes como Ulises, habría también muchos incautos, seguro que estaban
representados unos cuantos malvados, y con total seguridad tendrían dentro del
caballo una mayoría de estúpidos. La
sabiduría popular dice que no hay nadie más tonto que un pobre de derechas;
Eric Hoffer
dijo algo más: "La persona que muerde la mano que le da de comer, casi
siempre lame la bota que lo patea" III.-EL
ATAQUE PROPAGANDÍSTICO Yo
no sé, si como decía Walt Whitman, todo
el universo está en una hoja de hierba,
pero si sé que todo lo que tengo que decir en mi vida podría relacionarse con
esa cosa tremenda que sucedió al final de año en nuestro planeta: el gran
maremoto.
La
ONG Médicos sin Fronteras,
escandalizando a muchos, afirmó que ya tenía suficiente
dinero. Pero ¿no se trata de tener cuanto más dinero mejor para solucionar
problemas individuales o colectivos? ¿Cómo una organización puede decir que
ya tiene “suficientes fondos para financiar su intervención”? Pues
por algo de tan sentido común como que no todo es dinero. Hay una economía del
dinero en el que usando el mercado uno puede adquirir bienes y servicios en la
medida en la que vendiendo a su vez bienes y servicios tenga la capacidad de
compra necesaria. Pero la economía es mucho más que eso: alguien puede acceder
a bienes utilísimos y sin usar dinero simplemente ejerciendo un derecho, como
cuando nos operan de urgencia de una apendicitis aguda; y también alguien puede
acceder a bienes valoradísimos como un beso o una caricia sin usar dinero ni
exigiendo un privilegio. En
la construcción de la teoría económica siempre se fue consciente de que
aparte del mercado existía un espacio de derechos de obligaciones
y un retículo valorativo en el que se regulaba la actividad de los
individuos, se diseñaba la motivación de estos y se proponía la finalidad de
las organizaciones. Siempre se fue consciente de ello, si, pero tenemos que
esperar hasta Boulding
para tener al menos un esbozo de ello. A
los bienes se accede porque se tienen derechos, porque se tiene dinero, o porque
se tienen unas características personales que mueven a otros individuos a
proporcionarlos.
Así,
a partir de esa fecha, muchos individuos no pudieron acceder a una silla de
ruedas, o a una educación, o a un trato respetable, excepto si tenían dinero
para comprarlo o provocaban la compasión entre los que podían proporcionarlo:
el predominio del mercado y la vuelta a la caridad que creímos superada. Regresiones
de la historia. Desde la propia Presidencia de los Estados Unidos, ya en los 80
se invocaban valores haciendo lo que en sus propios libros se decía que no
se debe hacer.
La
gran ola acabó con miles de nosotros. Que no se nos olvide, y que no se nos
olviden Cuando
tenía 13 años en el Instituto en el que estudiaba en Madrid decidieron
organizar una larga visita al antiguo reino de León. En él, aprendimos mucho,
nos reímos más y conocimos
En
aquellos años, 1962, los fondos de pensiones eran precisamente eso, los fondos
de las pensiones, de la misma forma que el mercado era simplemente aquél sitio
donde se iba a hacer la compra. Hoy, son otra cosa. En
aquellos años nos socializábamos leyendo a Salgari,
hoy lo hacen leyendo Harry Potter y no está nada mal. Todos aquellos que sepan
lo que es un "dementor", seguro que conocerán unos cuantos en su
vida cotidiana. Pues
bien, el Estado de Bienestar al que hoy asociamos
con Lord
Beveridge
, funcionó a la perfección desde la segunda guerra mundial hasta 1973. Sobre el núcleo del pleno empleo asegurado, ese Estado
de Bienestar se sustentaba sobre tres
Tras
esa fecha se promueve la privatización de esos tres
pilares y es en éste movimiento de retroceso social donde se enmarca la
proliferación de los fondos privados de pensiones. Como
en la película "El Chico", primero viene éste rompiendo los
cristales y luego aparece Charlot
ofreciendo los servicios de cristalero. Primero se anuncia la inviabilidad del
sistema público de pensiones y enseguida aparecen los bancos ofreciendo sus
servicios. No
tengo la más mínima duda de que el sistema público de pensiones es
absolutamente viable
y que, si acaso, lo que tendrá que corregirse sea su forma de financiación,
porque mientras la renta "per capita" no descienda no hay razón económica
para que los pensionistas, o los gorditos, se vean necesariamente privados de
sus rentas. El gran riesgo aparecerá con la quiebra de los fondos privados y el
recurso al dinero público para mitigar la catástrofe. Nostalgia
de aquellos fondos de pensiones con olor a sopa de fideos que evocara Neruda. La
verdad es que la gente "las pasa moradas" para poseer una morada en la
que refugiar su intimidad. También es cierto que no hay que poseer las cosas
para disfrutar de ellas, y que en el caso concreto de la vivienda se puede
acceder a sus servicios también usando la de alguien que benevolentemente nos
cede un espacio, o bien alquilándola. Decía Galbraith
hablando de la crisis del 29, pero aplicable también a nuestro hoy y ahora, que
no se podía entender la bolsa al menos que se la considerase a la vez como una
institución financiera y como un gigantesco casino. De la misma forma la
vivienda no es sólo un sitio en el que vivir, sino también, y para muchos
sobre todo, un activo en el que mantener su riqueza.
Se
trata de equilibrar dos deseos: que el activo en el que hemos depositado nuestra
confianza se revalorice en el tiempo, o que al menos no pierda su valor; y que
esa revalorización, ese rendimiento, disminuya lo menos posible cuando aumente
la oferta de este. La primera de las condiciones se cumple claramente en el caso
de la vivienda, ya que año tras año los pisos aumentan de valor, y la segunda
también se cumple aparentemente ya que aunque la construcción continúa, los
precios no bajan.
El
problema es que si bien el valor de ese activo parece mantenerse frente a una
oferta creciente de nueva vivienda, difícilmente podría hacerse si una buena
parte de los propietarios, pensando que el precio había llegado al máximo,
decidieran vender al mismo tiempo. Tal
situación es la que muchos describen como "el final de la burbuja" El
dinero es el eslabón entre un presente del que algo conocemos y un futuro del
que desconocemos todo. Cualquier reflexión sobre el valor de los activos
futuros se parece mucho a nuestro cuento de La Lechera, y en el caso concreto de
la vivienda se parece todavía más al cuento del "El pescador y su
mujer" de los hermanos Grimm,
que siempre me ha inspirado reflexiones sobre el funcionamiento de la bolsa. El
problema de la vivienda nos acompaña desde hace siglos. Permitidme recordaros,
sonriente, que una gran buscadora de lugares para sus fundaciones, como Santa
Teresa,
y el más enigmático de todos los arquitectos, Fulcanelli,
dejaron a la posteridad unos libros que se llevaban en su título "Las
Moradas". Últimamente
es frecuente oír hablar del cuarto
pilar
del Estado de Bienestar. La necesidad de ese nuevo pilar parece deducirse, en
palabras de Amparo Valcarce, de la existencia de un
hecho: "En el año 2005, más de 1.100.000 españoles, en su mayoría
ancianos y discapacitados, necesitarán ayuda para llevar a cabo las actividades
básicas de su vida diaria. Y casi otros dos millones requerirán de algún
servicio externo para realizar alguna tarea en su vida cotidiana. Estas cifras
aumentarán notablemente en las próximas décadas, debido en parte a la mejora
de los sistemas de salud " Algunos
pensamos que si se hace necesario un cuarto pilar es porque no funcionan
correctamente los tres - sanidad, educación, pensiones - sobre los que descansa
el Estado de Bienestar. Si las pensiones son vergonzantes no se podrán comprar
en el mercado los servicios necesarios para hacer frente con dignidad e
independencia a la vejez. Si el "acceso a a la educación" sólo se
concibe como un derecho en la juventud, muchas personas quedarán aisladas en un
mundo complejo lleno de nuevas tecnologías de comunicación. Si el derecho a la
sanidad se piensa que se cubre exclusivamente con ambulatorios, hospitales y
sanatorios, aparecerán multitud de enfermos sin atención.
Hablando
de este tercer pilar debemos recordar que ya en 1946 la Organización
Mundial de la Salud (OMS)
definió el concepto de salud como: "el
estado de completo bienestar físico, mental y social y no únicamente la
ausencia de afecciones o enfermedades".
Y con tal definición creo que tenemos suficiente para desarrollar el tercer
pilar sin acudir a un cuarto. Como,
entre otros, puso de relieve Arthur
Lewis
el bienestar, y el desarrollo económico, no sólo descansa en el disfrute de
bienes materiales. Los
valores y creencias tienen tanta importancia, y la mayor parte de las veces más,
que tales bienes. España puede ofrecer ahora ofrecer ahora, porque se lo
permite su nivel económico y porque su presión fiscal es bajísima, algo que
se demanda de forma creciente en la Sanidad Pública: dignidad.
El
más mísero entre los pobres come en una escudilla aunque ésta no es
estrictamente necesaria para su alimentación, e incluso los más desprendidos
de los hombres lavan sus tridentes de Shiva en los ríos en esa nuestra continua
búsqueda de respeto y dignidad. El
intento de escape individual de este problema es azaroso. El futuro es
ciertamente incierto y como planteó John
Rawls
si el que parte el pastel no sabe que trozo puede tocarle lo hará siempre de
forma igualitaria. La triste muerte de Guillermo
Cabrera Infante
en lo que antes de los ochenta fue nuestra admirada sanidad británica da mucho
que pensar. IV.-EUROPA
COMO DEFENSA Cuando
en 1970 se concedió a Paul
A. Samuelson el Premio Nobel de Economía
éramos muchos para los que el primer contacto con la Teoría Económica había
sido el estudio de su manual de introducción. Los
estudiantes de ayer y hoy tratamos de entender el mundo recurriendo al estudio
de la Economía, y para todos nosotros la expresión “cañones y
mantequilla” evoca aquellos primeros momentos del nuestro particular camino.
En
el maravilloso mundo de la teoría, un país que tiene ventaja comparativa en la
producción de cañones fabricará estos, y los cambiará por la mantequilla
hecha con más facilidad en otro país. ¿Pero quién nos puede asegurar que no
utilizará sus cañones para arrebatar la mantequilla del segundo país a cambio
de nada o por un precio ridículo? La primacía de lo militar en el orden
internacional será la consecuencia. Pero
aún en el caso de que ese país guerrero respete las normas del comercio
internacional y se comprometa a un intercambio libre de bienes no dejará de
estar interesado en vender cuantos más cañones mejor, con lo que fomentará
las situaciones en las que tales productos sean muy demandados. Los
departamentos de marketing se dedicarán a fomentar guerras y dictaduras
militares por el planeta.
Un
país que se especialice en la producción de mantequilla tratará de vender la
mayor cantidad de ésta y estará interesado en que gentes antes pobres puedan
comenzar a untar mantequilla en su pan. Esperemos
que todos, y especialmente el renovado presidente de los Estados Unidos de
Norteamérica, reflexionemos sabiamente en estos cruciales momentos sobre la parábola
de Samuelson de “cañones o mantequilla Ningún
economista niega la absoluta necesidad del Estado. Lo que ocurre es que unos y
otros requieren tipos distintos de Estado. Hay
quienes piensan que el mercado es lo fundamental, que del funcionamiento
correcto de los mercados se asegurará el uso eficiente de los recursos, y que
no es necesario corregir los resultados que el mercado proporciona. Estos
necesitarán un Estado Mínimo que defina y defienda los derechos de propiedad,
y que proporcione los bienes públicos imprescindibles – defensa y justicia
– para que el mercado pueda existir. Hay
otros que coinciden con los primeros en que el mercado es lo fundamental y que
es un sistema eficiente de asignación de los recursos, pero creen que da lugar
a veces a unos resultados injustos que deben ser corregidos. Estos son los
partidarios de un Estado Asistencial que vele por aquellas situaciones frente a
las que el mercado poco o nada puede hacer. Están
también aquellos otros que, pensando que el mercado es fundamental, estiman que
es necesaria una política económica activa para lograr objetivos, como el del
pleno empleo, que el mercado no puede conseguir de forma automática. Este es el
fundamento del Estado Intervencionista. Y
queda, por último, el conjunto de aquellos que pensamos la máxima eficiencia
en las sociedades modernas se logra con una mezcla adecuada de Jerarquía,
Mercado y Valores y que, consecuentemente, proponemos la
necesaria existencia de un Estado de Bienestar.
Según
avanza la complejidad de las sociedades y la interrelación planetaria entre
ellas, los bienes y males alcanzan también una dimensión superior
y se hacen necesarias instituciones con un ámbito de actuación espacial más
extenso. Pero
análogamente a lo que decíamos en el caso del Estado, unos y otros,
conscientes todos de la necesidad de organismos internacionales, los ven
con distintas dimensiones cualitativas. Para unos, los del Estado Mínimo,
bastará una organización militar como puede ser la NATO y una
Organización Mundial de Comercio; otros, los del Estado Asistencial, verán
necesarias instituciones como la FAO, UNICEF, Cruz Roja, etc.
Estoy
convencido de que para nosotros la construcción de la Unión
Europea es nuestra forma de
alejarnos progresivamente de la barbarie. Además
Europa
es bonita. A mi no me extraña que Zeus se prendara de ella.
Muy cerca de
Salamanca están Los Arapiles. En lo alto del Arapil Grande, en el monolito que
conmemora la famosa batalla, de forma agradecidamente escueta, puede leerse: Arapiles,
22 Julio, 1812.
Muy
posteriormente, exactamente en 2002, bajo ese monolito, se puso una placa, en la
que puede leerse: "Los
pueblos de Europa, al crear entre si una Unión, han decidido compartir un
porvenir pacífico basado en los valores comunes, indivisibles y universales de
la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la solidaridad
Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea, Arapiles, 2002" No hay
mercado sin Estado, ni Estado democrático que no esté basado en valores
comunes. El año
de la batalla de Arapiles
fue el mismo de la primera constitución
española. Mientras
que ocurrían aquellos "Episodios Nacionales" narrados por nuestro Don
Benito Pérez
Galdós, se comenzaban a
configurar las nuevas relaciones legales entre súbditos y monarcas
transformadas por la Revolución Industrial. En algunos países, como Francia,
ya se hablaba de Estado y ciudadanos, y en otros, como el nuestro, fallida LA
PEPA, hubo que esperar mucho hasta conseguirlo. Pero,
curiosamente, esos valores "afrancesados" de libertad, igualdad y
fraternidad se han incluido como referentes del sentir europeo.
El
reconocimiento de la dignidad. El reconocimiento asombrado del otro. El
"namaste" del saludo hindú en el que uniendo las palmas de las manos
uno se dirige a otro diciendo: te reconozco como alguien como yo; te reconozco
la dignidad que tu y yo compartimos como seres vivos en nuestro aquí y ahora; o
bien, para los creyentes, reconozco la divinidad que está en ti y en mi. Dignidad del
otro independientemente de todo lo demás. Su dignidad
viene de él y a él hay que atenderle; por él que es tú. Por nada más
que por él, por nada más; no vaya a ser que en ese momento Dios ande
bañándose en su azul de luceros
y no se percate. En Los
Arapiles los rosales silvestres están llenos de brotes. Nuestros antepasados,
su sangre y sus cenizas, serán flores mañana.
El
núcleo de aquella propuesta fue,
como sabemos, el anuncio de que a partir de ese momento alemanes y franceses
nunca más volverían a matarse por el carbón y el acero. Luego, según se
fueron añadiendo países también se fueron añadiendo implícitamente
productos y en estos momentos ese núcleo duro de la construcción europea
consiste en afirmar que ninguno de los habitantes de cualquiera de los países
firmantes matará a otro ni por el carbón, el acero, las materias primas, la
competencia por los mercados, etc. Lo que no es poco en nuestro pequeño y
tremendo mundo. Pero
decía que el preámbulo tiene, cincuenta y cinco años después, la misma
fuerza que entonces. Dice en unas de sus líneas: "
La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores
equiparables a los peligros que la amenazan. Decía
Kennet Boulding
en 1966 que tendríamos que irnos acostumbrándonos
a enfocar los problemas desde la perspectiva de la nave espacial Tierra. Un
planeta situado en un espacio casi desconocido, y en el que todos interactuamos
no sólo entre nosotros, sino también con la propia nave.
Tras
el final de la Unión Soviética queda claro quien es el que controla la cabina
de mando de nuestra nave espacial. Una de las muchas leyendas urbanas difundidas
en Internet se refiere a que en una conferencia titulada Globalization and
World Order y dada el 12 de Octubre de 1999 en el Trinity College de Dublin,
el antiguo Secretario de Estado de EE.UU. Henry
Kissinger afirmó que: "lo
que se llama globalización es en realidad un nombre que se le da al papel
dominante de los Estados Unidos". No
he podido encontrar la conferencia original aunque si innumerables referencias a
ella,
pero como bien dicen los italianos "si no e vero, e ben trovato" y el
caso es que tanto sea "vero" como "ben trovato", se recoge
acertadamente la visión que de este mundo globalizado tenemos muchos. Para
buena parte de los europeos el Estado no es el enemigo. Dice Heilbroner
que quizá sea el pasado romano y feudal europeo, en el que el señor de vidas y
haciendas también protegía a súbditos y vasallos, lo que está en el
fondo del pacto original en la creación de los Estados Nacionales, y, tras la
segunda guerra mundial, de los Estados de Bienestar europeos. En
ciencias sociales la investigación y divulgación dominantes provienen de los
Estados Unidos y de los que allí se han formado, y los problemas y visiones
presentes en artículos y textos poco tienen que ver, a veces, con los nuestros
propios problemas y visiones. Que esa Unión Europea permita crear un espacio de
investigación y educación en el que no sea una empresa de locos crear textos y
revistas europeas, adecuadas a nuestros valores y a nuestros problemas comunes y
específicos, es algo ahora posible. Un
espacio común europeo de educación que potencie la contribución pacífica a
la civilización de esa Europa organizada
y viva que quería Schuman. V.-LA
RAZÓN COMO DEFENSA V.1.-El Espacio Europeo de Educación
Superior Este
curso tuve el honor de actuar como padrino de la décimosegunda promoción de la
Licenciatura en Economía de la Facultad de Economía de la Universidad de
Salamanca. El acto fue emotivo, brillante y divertido.
Einstein
decía que la educación es aquello que permanece después de haber olvidado
todo lo aprendido. Keynes nos podría haber dicho que la economía es lo que
permanece después de olvidar todo lo estudiado. Tratando
de transmitir estas ideas escribí esta pequeña historia. Fue mi regalo
particular a los nuevos licenciados. Pero estoy seguro que éstos no tendrán
ningún inconveniente en compartirlo con los oyentes de Radio Universidad. Dice
así: El
primer año andaba ya muy lejano. Pero recordaba la ilusión con la que comenzó
a prepararlo todo para iniciarse en la Alquimia; cómo consiguió un lugar donde
estar tranquilo, cómo se procuró los manuales que le guiarían a través del
tiempo, y cómo almacenó los matraces, probetas, hornos y crisoles con
los que lograría la Obra. Recordaba el fervor con el que empezó a trabajar
buscando el elixir de la eterna juventud y la piedra filosofal.
El
segundo año, sorprendentemente, le resultó más difícil el intento de la
Obra. Empezaba a tener problemas para concentrarse. Cuando trataba de ver si
aparecía el ala de cuervo en la fundición, sus ojos se iban hacia las manchas
de la luna que veía por la ventana. Cuando trataba de escuchar el crujir
del rojo precipitado, ocurría que el canto de los grillos en verano, o el
ulular del viento en invierno se lo impedían. Pero seguía, una y otra vez
haciendo lo mismo. Tozudamente. En
el tercer año pensó en dejarlo. La distracción era continua. Le interesaba
mucho más la música del viento que el crepitar del crisol. Se quedaba atontado
viendo las sombras que el fuego proyectaba en la pared de su laboratorio, y se
sorprendía asimismo mirando ensimismado la otra realidad reflejada
en la superficie convexa de los matraces. Pero a pesar de ello, como un
autómata, apagaba y encendía, día tras día, por vocación, sin ilusión, por
inercia. El
cuarto año fue el definitivo. Para apurar, trabajaba de noche y de día. Pero
de día, las conversaciones que mantenían los pájaros le impedían prestar
atención a otra cosa, cuando no eran los sonidos de la hierba al crecer y las
flores al formarse, quienes le alejaban de cualquier otro intento. Probó a
cerrar las ventanas del laboratorio, pero las vetas del mármol de la maza del
mortero le hablaban de otros tiempos, y al tocar los cristales de las vasijas
sentía las profundidades marinas desde donde surgió nuestra vida. Probó también
a trabajar mucho de noche, pero a veces ni lograba encender el hornillo, loco
como estaba entendiendo la historia que contaban las estrellas. Y sintió el
fracaso. Ni lo habría logrado ni nunca lo conseguiría.
Entró
por última vez en ese taller en el que se le había ido tanto tiempo de su vida
dispuesto a acabar con el engaño. Deseaba tirar todo a la basura: recipientes y
libros, hornos y salamandras. Se miró en ese
espejo que otras veces había usado para polarizar la luz de la luna, y
vio su imagen. Tenía arrugas alrededor de los ojos, pero tampoco sabría decir
si eran de sufrimiento o de permanentes sonrisas; y además casi no lograba
verse, porque el espejo le devolvió la vida de aquellos que trabajaban en las
minas de mercurio con el que se hacía el reflejo en que él se miraba. Miró
hacia las nubes y entendió el universo. Se tendió en la tierra y la abrazó
emocionado. Notó que para siempre estaría allí de una forma u otra siendo
humo o color de flor, permanentemente nuevo. Y por si fuera poco, sentía su
corazón luminoso como el sol. Pensó
en todos los años perdidos, día tras día, noche tras noche, en una búsqueda
imposible de una piedra filosofal y un elixir de eterna juventud. Pero
antes de rendirse a la tremenda dulzura que le invadió al sentirse identificado
con el universo, supo que no había perdido el tiempo. Con un estremecimiento se
dio cuenta de que sí había hallado la piedra filosofal y el elixir de la
eterna juventud. Había tomado como obstáculos a los avances, había
pensado que eran distracciones los primeros destellos de sabiduría, había creído
que le alejaba precisamente aquello que le acercaba. Admirado
y agradecido percibió la forma preciosa en la que estaba encontrando aquello
que tanto había buscado. Todas sus expectativas quedaban desbordadas por la
manera tan hermosa en que su esfuerzo de años rendía su fruto. Y
sonriente por dentro y por fuera, feliz,
se puso calladamente a trabajar con la gente. V.2.-Los
costes del desarrollo Nos
divertíamos en clase recordando a Veblen
cuando explicaba cómo un terrateniente puede demostrar su riqueza a los demás
organizando una cena en la que multitud de sirvientes se afanen atendiendo a los
deseos de los comensales, y cuantos más servidores aparezcan entrando y
saliendo, llevando platos o sirviendo vino, tanto mejor para la vanidad del
anfitrión. El mensaje está claro: soy tan rico, dice nuestro señor,
que tengo todos estos criados realizando tareas tediosas. Al
cabo de unos días uno de los convidados organiza otro banquete, y como no hay
forma de superar en atenciones y manjares al anterior,
inventa algo: no solamente habrá multitud de sirvientes haciendo cosas,
sino que colocará a unos cuantos que, de pie y quietos junto a las paredes,
simplemente no se moverán. El mensaje está claro: soy tan rico, dice nuestro
otro señor, que no solamente tengo multitud de criados que me sirven, sino que
además me permito el lujo de tener otros que no hacen nada.
Bajo
esta perspectiva, como bajo la de Veblen, alguien puede desear un reloj aunque
no le importe lo más mínimo conocer las horas de su vida, u otra persona puede
enloquecer por la posesión de un coche aunque no tenga ninguna necesidad de
trasladarse a ningún sitio. Y esa vaca sagrada del coche en nuestra época es
algo de lo de hablar y no parar.
Buscando
tales características inventadas se destrozan las ciudades, se contamina la atmósfera,
se matan los jóvenes o se quedan paralíticos de por vida, se provocan golpes
de estado, se invaden países, se bombardean pueblos y se asesina a la gente. Nadie
propone que en esos armatostes peligrosos pongan leyendas como en los paquetes
de cigarrillos avisando de su capacidad de devastación y su ansia de sangre. Y
tan tremendo coste no se paga sólo por la capacidad de trasladarnos de un lugar
a otro, sino para poder mostrar a los demás que tenemos criados ociosos muy
firmes y respetuosos junto a la pared. Ya
estamos acostumbrados a leer al
final de muchas películas que ese buen rato del que hemos disfrutado en el cine
no ha significado la tortura o la muerte de ningún animal.
A
mi me gustaría que cuando llega la noche, y momentos antes de cerrar los ojos
para dormir, como en el cine, se
proyectara en nuestro cerebro una leyenda que dijera algo así: “Todo de lo
que has disfrutado a lo largo del día se ha hecho sin usar para ello trabajo
infantil, sin destrozar de forma irreparable nuestro entorno, sin masacrar
pueblos y personas, sin envilecer a la gente ...y sin hacer el tonto, sin hacer
el tonto” Hubo
este año una semana muy especial en la que ocurrieron dos hechos semana muy
relacionados. Por una parte, aquí en España, tuvo lugar la votación sobre la
Constitución Europea; por otra parte, comenzamos a vivir bajo el paraguas del
protocolo de Kyoto.
Las dos cosas transcienden hacia arriba y hacia afuera nuestras vidas. Casi
siempre somos conscientes de los acontecimientos "micro", y la gran
influencia de lo "macro" se nos escapa. Pero todos los estudiantes
saben que, al menos para aprobar, y siempre para comprender, la microeconomía y
la macroeconomía son igualmente importantes: pequeño y grande, dentro y fuera,
arriba y abajo.
Suele
también haber en esos claustros un pozo y un árbol. Cuentan que hay
conocimientos alados, azules, celestes; y otros serpentarios, rojos, terrestres.
Pozo y árbol: lo mismo arriba que abajo. Arriba
y abajo, dentro y fuera, microeconomía y macroeconomía. Creciendo en lo
individual, cuidando lo íntimo, y al mismo tiempo fomentando lo público,
mimando a nuestra gran casa Tierra. Creo
que la primera vez que se tomó una decisión planetaria fue con el Tratado
de Tordesillas, en el que
se actuó teniendo en cuenta un mapa
global. Luego esa representación del mundo se utilizó para trazar rutas
comerciales, mandar escuadras de guerra, situar satélites en órbita, espiar al
enemigo o examinar el agujero de ozono.
Muchos
ilustrados como Fourier
pensaron en un mundo organizado por la racionalidad. Y creo que esto es lo que
empieza a aplicarse ahora con la ciencia un poco más avanzada; pero el hecho de
que los resultados de nuestras acciones de hoy
se comiencen a ver cuando todos hayamos muerto, es el mayor acto de
solidaridad de especie que conozco en nuestra corta historia de homínidos
apenas descendidos de los árboles en los que hace nada parece que habitábamos.
Sé
que todo es mucho más complejo que esto que cuento. Y sé también que Estados
Unidos, el mayor contaminador, pero el que también pone el sello de lo que es
democrático y científico, ha decidido no firmar. Quizá el poder de ese país
haga pasar a la clandestinidad a los firmantes de Kyoto. Alguien
tiene que mantener la sensatez en nuestra Tierra, y Kyoto es sensato. Creo que
en el futuro Estados Unidos recobrará la racionalidad, pero aún si no lo hace
y la barbarie triunfa momentáneamente en la historia del planeta, el espíritu
de Kyoto hablará a las generaciones futuras en un lenguaje con sentido. Diremos
a las generaciones venideras con Espriu:
«Però hem
viscut per a salvar-vos els mots / per retornar-vos el nom de cada cosa» («Pero
hemos vivido para salvaros las palabras / para devolveros el nombre de cada cosa»).
El
nombre de cada cosa: de nuestra vida, de nuestra luz, de nuestra gente, de
nuestra sabiduría. Que
pesadez y que alegría el estar siempre, en palabras de un viejo amigo mío,
como el duende del cedazo: para arriba y para abajo. V.4.-La
difusión del conocimiento Me
gusta celebrar con algunos amigos equinoccios y solsticios. Creo que tener en
cuenta que habitamos un planeta da una perspectiva muy adecuada a los
pensamientos.
Me
gusta especialmente el solsticio de invierno. Hubo
tiempos muy lejanos en los que nuestros antepasados miraban con terror este
progresivo retraso de los amaneceres y ese adelanto de los atardeceres que hemos
vivido estos días. La noche se enseñoreaba del mundo, y también el frío. Los
pájaros emigraban, las hojas caían y todo parecía acercarse al reino de la
muerte. Pero
a partir del solsticio el mundo empezaba lentamente a cambiar. Aunque había que
esperar días hasta cerciorarse de que la esperanza era cierta. "Para
Reyes lo conocen los bueyes" dicen en la sierra de Salamanca, dando a
entender que precisamente para esa fecha incluso los animales empiezan a notar
que algo está cambiando.
En
esa fecha en la que "lo conocen los bueyes", recordamos con gratitud a
aquellos magos
que hicieron desaparecer nuestro terror. Representamos esa elipse, que nos ayudó
a entender, como un roscón ovalado donde el sol, como una fruta, aparece en un
extremo, y la luna y los planetas van adornando el resto. En dónde se encuentre
la tierra es una sorpresa que sólo se desvela a aquellos que, comiendo el roscón,
participan de la sabiduría de los
magos. Me
gusta reflexionar sobre estas cosas, y pensáramos en qué medida, como actuales
Reyes Magos que en parte somos, podemos contribuir a disipar el miedo de la
gente en nuestro hoy y ahora. Para
hacernos a todos más libres. Comentaba
hace nada con los estudiantes mayores, que una de las diferencias entre nosotros
los economistas y la gente de ciencias estriba en el grado de enojo que puede
provocarnos lo que estudiamos. Si estudias geología difícilmente puede
molestarte que la pirita tenga azufre, pero estudiando economía
Esto
es, que fuera de las teorías del capital humano, y en palabras de Silvio
Rodríguez: "Tener
no es signo de malvado y no tener tampoco es prueba de que acompañe la
virtud/Pero el que nace bien parado, en procurarse lo que anhela no tiene que
invertir salud" Por
eso debemos tener como economistas tanto cuidado en no confundir los deseos con
la realidad. Quizá habrá que admitir que algo que no nos gusta es cierto, y
algo que nos encanta es falso. Es con honradez con la que construiremos nuestra
ciencia; con honradez, y con esfuerzo, claro. Muchos
de nosotros detestamos esa pirita de la miseria para tanta gente de nuestro
planeta, y especialmente esa detestable tabla periódica de la muerte y
explotación de los más pequeños. Parece, nos cuentan, que en los desfiles
triunfales del Imperio Romano, mientras el héroe era aclamado por la multitud,
alguien musitaba continuamente a su lado: recuerda que eres mortal. Y creo que a
lo largo de nuestra vida y nuestro estudio, un espíritu amigo debe decirnos
continuamente al oído: tras esa curvas hay dolor, tras esas teorías hay
miseria, no lejos de aquí hay multitudes desesperadas. Y
con todo ello, y precisamente por eso, mi recomendación final: Defender la
Alegría. En
palabras de Mario Benedetti incluidas por Juan Manuel Serrat en su álbum El
Sur también existe: "Defender
la alegría como una trinchera/defenderla del caos y de las pesadillas/de la
ajada miseria y de los miserables/de las ausencias breves y las definitivas... defender
la alegría como una certidumbre/defenderla a pesar de dios y de la muerte/de
los parcos suicidas y de los homicidas/y también del dolor de estar
absurdamente alegres"
José Hierro
también desea que algo peculiar nos pase. Dice: "Criatura
también de alegría quisiera que fueras,/criatura que llega por fin a vencer la
tristeza y la muerte"
debería preocuparnos y hacernos pensar.
Basta con
entrar en cualquier librería para poder acceder a una infinidad de secretos. Ya
sea, a veces, como divulgación, otras veces como rigurosos estudios, y las más
de las veces como deliciosas novelas, el caso es que estamos al tanto de la
estirpe de Jesús Nazareno, de quién resultó ser María Magdalena, del
fundamento de la doctrina cátara, o de los viajes sorprendentes que siguió la
llamada "Sábana Santa" hasta llegar a Turín.
Cuando
desapareció la Unión Soviética se descubrió que el secreto militar mejor
guardado de ese Estado era que no había ningún secreto militar que guardar. De
la misma forma pienso que el secreto de los Templarios, aquello por lo que reyes
y pastores hubiesen dado parte de su vida, está a la vista de todos.
Pero
no sólo hay inventos en el campo de la medicina, la física, la arquitectura o
la psicología. Hay otros inventos tan preciados como estos. Son aquellos diseños
políticos que capacitan a todo individuo que llega a algunas partes de este
mundo ser más libre en cuanto más carente de miedo. Son las organizaciones
sociales y económicas que le permiten a cualquiera pasear sin mirar atrás a
ver si alguien quiere asesinarle, que posibilita mandar solos a los hijos pequeños
al colegio sabiendo que nunca pasará nada. Organizaciones que nos permiten
olvidarnos de muchos de los problemas que tendríamos si de repente aparece una
enfermedad, o si dejamos de trabajar por ser ya ancianos, o si, o si...

Podemos
imaginarnos un país donde sólo se produce, consume y comercia trigo. Así es
muy fácil ver que todo el trigo que se produce más el que se importa, tendrá
que ser igual a la suma del que se come la gente normal, el que se guarda como
simiente para el año que viene, el que se comen los soldados del ejército, y
el que se exporta. Esta es una igualdad básica que en nuestra jerga económica
enunciamos como que la suma de la producción más las importaciones tiene que
ser siempre igual a la suma del
consumo, más la inversión, más el gasto público, más las exportaciones.
Quizá
si pensamos en los destinos de ese endeudamiento podemos aclarar el sustento de
esa ideología. Probablemente no se vea con buenos ojos que un particular se
endeude no para comprar una casa, sino para jugar en el casino. Y quizá tampoco
se vea con buenos ojos que una empresa pida un crédito para desaparecer con él
tras una adecuada suspensión de
pagos (José Luis Coll decía que los ricos suspenden pagos y los pobres
suspenden cobros)
Mantengo,
sin embargo, que el défitit público es nefasto. Pero no ese déficit público
del que hemos estado hablando hasta ahora. Me refiero al déficit, a la
carencia, a la necesidad de tantos y tantos bienes públicos que el mercado no
puede proporcionar. Los supermercados abarrotados, los bazares de electrónica
hasta los topes, y las tiendas de ropa cada vez más elegante y barata forman
parte de nuestros logros en el ámbito del mercado. Pero esos avances en el
campo privado parecen llevar mucha ventaja a esos otros de protección social,
de apacibilidad, de preservación y mejora del medio ambiente, de lucha contra
los ruidos y la suciedad y sobre todo, de verdad que sobre todo, de la
profundización en los tres pilares del estado de bienestar- educación, sanidad
y pensiones - y en la implantación en el planeta de esos valores de libertad,
igualdad y fraternidad, que son el núcleo de la moderna Europa, y nuestra
mejor aportación a la lucha por los derechos de los oprimidos.
Como a muchos de nosotros nos ha dado por llevar los
bajos de los pantalones arrastrando por el suelo, cada vez que llueve tenemos
una evidencia de lo que es la "ósmosis". La "ósmosis" es
lo que hace que aunque sólo se arrastre por el suelo mojado el final de los
pantalones, la humedad termine llegando hasta media pierna.
Hasta Keynes el tipo de interés se consideraba que
era, entre otras cosas, la recompensa por la abstinencia del consumo, pero
vistas las orondas figuras de los ahorradores tampoco era muy creíble esa
explicación. Keynes estableció que el tipo de interés no resultaba una
compensación por la espera sino un premio por la pérdida de liquidez.
"¿Cómo te pudo pegar el patrón siendo
tú más fuerte que él" -Y nuestro personaje le responde: "Es que me
estaba sujetando un economista"
II.4.-Las expectativas
Decía
Joan Robinson
que toda la Teoría Económica adquiere otra visión cuando se considera un
hecho tan simple como que el pasado está dado y no puede cambiarse y el futuro
es incierto y no puede conocerse. El futuro sólo puede imaginarse, y esas imágenes
del futuro, esas anticipaciones de la vida, esas expectativas, condicionan y
configuran el presente. Y esa es, para muchos, la gran contribución de J.M.
Keynes.
Sin
embargo no TODO funciona igual. Una empresa trata de maximizar su beneficio y
para ello usa el lenguaje de los precios, un ministerio basa su actuación en
las órdenes que recibe de la Presidencia, y una ONG, o la familia, establece su
comportamiento de acuerdo con un sistema de valores.
En
una placita cerca de la Plaza Mayor de Salamaca, la Plaza del Corrillo, en una
tienda, aparece un cartel en el que se dice: "Se liberan móviles" , y
siempre que por allí paso me pregunto qué entendería por ello nuestro querido
Quijote si tal cosa leyese.
Al comienzo de la cuesta está la estatua de ese Ministro de Instrucción Pública
que cambió la faz de nuestro país. Fue el principio del cambio que lleva a
aceptar, desde que el pobre pueda aprender a leer hasta que, cien años después,
se pueda ir a la Universidad séase pobre o no.
Deseo resaltar un aspecto de esta tragedia: la
incapacidad demostrada de las ONGs para hacer frente a la inmensa magnitud del
problema que tenemos, y tendremos, durante mucho tiempo delante de nosotros.
En Europa, desde el final de la segunda guerra
mundial hasta la llammada crisis de 1973, el ejercicio de un simple derecho de
ciudadano proveía una buena parte de los bienes de los que se disfrutaba. Tras
esa fecha parte de esos bienes pasaron a ser provistos por el mercado en lo que
se llamó “privatización” y otra buena parte de ellos pasó a la esfera
valorativa en lo que se llamó “crecimiento de la sociedad civil”. Las ONGs
son fruto de esa última tendencia.
los fondos de pensiones de León, Zamora y Salamanca.
Como se trataba de que aquello saliera baratito dormíamos siempre en pensiones
y como éramos muy ruidosos siempre nos enviaban a sus fondos.
pilares: educación, sanidad y pensiones.
El dinero es, como nos explicó J.
M. Keynes
un eslabón entre el presente y el futuro, y la gente usará, para mantener su
poder de hoy en el imaginado futuro, el bien que considere que no perderá su
valor en el caso de que sea vendido. Podemos, como el tío Gilito almacenar nuestra riqueza en dinero y revolcarnos en él por la
noche, pero también se pueden comprar diamantes, oro, cuadros de impresionistas
franceses o ...pisos.
Por ello
la vivienda es, para muchos individuos, simplemente dinero: depósito de valor.
Dignidad a la
hora de morir y de ser tratado. Intimidad en el dolor y en la recuperación.
España se alejó hace tiempo del subdesarrollo, pero éste todavía subsiste en
los hospitales masificados, con enfermos en los pasillos y habitaciones de
varias camas en las que se comparte baño, visitas y dolor.IV.1.-La gran elección: Cañones y
mantequilla
Samuelson
nos contaba, en su difundida y afortunada parábola, cómo un país, que sólo
puede producir cañones o mantequilla, se enfrenta a la decisión de cuántas
unidades de cada uno de esos bienes desea fabricar. Puede, lógicamente,
dedicarse exclusivamente a la producción de cañones, puede también producir sólo
mantequilla, o, finalmente, optar por producir una mezcla de ambos.
Un
país que se especialice en la producción de mantequilla difícilmente puede
utilizar esta para imponer su imperio y rapacidad al resto del mundo ni para
forzar intercambios desiguales en el comercio.
Si revisan un clásico: la película de John Ford
“El Hombre que mató a Liberty Valance", y allí estaba de nuevo la
lenta y trabajosa construcción de un Estado frente a la barbarie de la Ley del
Oeste. Rancheros violentos que sólo necesitan un Estado que les asegure sus
propiedades y les permita el uso de sus armas, frente a otras personas que
desean un tipo de organización más compleja, libre y pacífica.
Estamos en la fase de creación de organizaciones
supranacionales con capacidad de regular las economías de los socios – el
equivalente al Estado Intervensionista – y avanzamos en el camino de dotarnos
de uniones constitucionales donde el mercado ocupe su lugar junto a la política
y los sistemas culturales. IV.3.-La idea de Europa
Así de
simple, sin victorias, ni derrotas, ni glorias de nadie sobre nadie. Únicamente
el nombre y la fecha, en el sobreentendido de que todos los que lo leen saben de
la lucha tremenda que allí ocurrió, y del porqué del ese silencio y ese
respeto.
Bien es
verdad que la fraternidad, quizá por aquello de que daba un cierto aroma a
logia masónica, se ha sustituido por la solidaridad. Pero lo curioso de la
inscripción de la placa que comentamos es que esos tres valores: libertad,
igualdad y solidaridad, parecen deducirse del reconocimiento de "la
dignidad humana"
La propuesta lanzada por Robert
Schuman,
Ministro francés de Asuntos Exteriores en 1950, y que dio origen a la creación
de la Unión Europea, es no sólo la anécdota que permite fijar una fecha para
el Día de la Unión Europea, ya que su preámbulo está, hoy más que nunca,
lleno de contenido.
La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización
es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas"
Bajo tal perspectiva no está nada mal salir del
pequeño camarote de la nave en el que vivimos y apercibirse de que hay otros
camarotes como el nuestro, que los problemas de ventilación, sanidad y
seguridad son comunes, y que interesa mucho a todos averiguar quién pilota esa
nave y hacia adonde. El esplendor de la Universidad de Salamanca coincide con
los periodos en los que se tiene en cuenta al mismo tiempo los problemas
cercanos y lejanos, periodos en los que se sale del camarote y se visita la
nave, periodos donde los libros siempre se leen y escriben junto a una bola del
mundo.
Yo deseaba
trasmitir a esos economistas en particular, a aquellos que se forman en la
Facultad, y a todos los que lo hacen en nuestra Universidad, la idea de que
independientemente de los estudios en los que andemos, el esfuerzo, la
constancia, y la superación de los obstáculos nos transforman, sin darnos
apenas cuenta, en aquellos que deseamos ser cuando comenzamos la travesía.
Inadvertidamente, poco a poco, sigilosamente, comenzamos a saber.
Noche tras noche, buscando la luz de la luna
reflejada en el espejo, machacaba, añadía, destilaba, fundía, enfriaba y, sin
resultados, volvía a comenzar. Una y otra vez, noche tras noche. Con ilusión.
Sonriendo.
Veblen publica su Teoría
de la Clase Ociosa en 1899, y su mensaje de
los múltiples aspectos que se esconden tras una actividad no llega a
formalizarse en Teoría Económica hasta, creo, los trabajos de Lancaster en la segunda mitad del SXX sobre la demanda de características. Cuenta este
autor – que comparte con Lipsey
la autoría de el concepto de “second
best”
sobre el que quizá algún día hablaremos si mis intervenciones son gratas al
director del programa – que los bienes no se desean por si mismos, sino por
las características que esperamos encontrar en ellos.
Ya se encarga la publicidad y los valores existentes
en ciertos grupos de asociar un tipo de coche con las características de lujo,
pasión, valentía, potencia, seguridad...y otras majaderías semejantes.
Si dibujáis un cuadrado, luego trazáis otro
interior uniendo los puntos medios del primero, y giráis el interior para que
queden sus lados paralelos al exterior, tendréis la disposición de un
claustro. En él la superficie del patio coincide exactamente con la superficie
cubierta: lo mismo fuera que dentro.
Creo que nunca antes
de ahora, con Kyoto, tantos Estados representantes de tantos ciudadanos se han
puesto de acuerdo para combatir males que afectarán sobre todo a personas que aún
no han nacido.
Cuando hablamos de soles y planetas todos los
economistas nos acordamos de Jevons
y de sus manchas solares aunque hoy lo de las manchas solares se use en otro sentido.
La libertad es la ausencia de miedo. Y unos magos
sabios - aquellos que los que escriben a su gusto la historia dicen que sus
huesos reposan en Colonia
- trataron de aliviar el dolor de aquella gente atemorizada. Les trazaron unos
dibujos para que comprendieran qué era eso de la tierra y qué era aquello del
sol. Trazaron una elipse y pusieron en un lado al sol y a la tierra en cualquier
otro sitio según la estación que fuese. Y nuestros antepasados sonrieron al
entender y fueron más libres al perder el miedo.
quizá
sufras porque haya tanta gente sin distinción de edad muriéndose de
hambre, o sobreviviendo en la miseria, o ganándose la vida trabajando como
bestias en las minas de esmeraldas, o vendiendo minas antipersonales recogidas
de los campos donde algunos canallas las pusieron. A ningún químico en sus
cabales le molesta la existencia de la tabla periódica, pero quizá aquellos
que piensan que todo se lo deben a ellos mismos se enfaden cuando se les explica
que no es lo mismo nacer de una pareja de drogadictos de Pizarrales, que en la
familia de un respetable médico de la calle del Arco.
Nuestra alegría será así como las amapolas,
que florecen en los estercoleros como una venganza de la belleza sobre lo
inmundo.