Estado de Bienestar y Construcción Europea

David Anisi 

 anisi@usal.es

http://web.usal.es/~anisi/

Universidad de Salamanca

VI Escuela de Verano de UGT Asturias

Verano de 2005


Cuando recibí la invitación de UGT Asturias para participar en la VI Escuela de Verano 2005 sentí una triple alegría.

La primera derivada directamente del honor que suponía esta invitación.

La segunda porque tal invitación me permitía volver a un espacio de formación de la UGT del que había estado alejado desde aquellos años de colaboración intensa con el Instituto Sindical de Estudios dirigido por José María Zufiaur, cuando Nicolás Redondo era el Secretario General.

La tercera porque estimé la oportunidad que tal invitación me proporcionaba para poder poner al alcance de un público formado y culto, pero no necesariamente universitario, un material que había ido elaborando a lo largo del curso 2004-2005 en un pequeño espacio, que dentro del programa "Las cuentas del dinero" dirigido por Agustín García Laso, se emitió todos los miércoles por Radio Universidad de Salamanca.

http://www3.usal.es/~radiouni/programas/dinero/anisi.htm

Durante todo este año, miércoles tras miércoles, he hablado de Estado de Bienestar y Construcción Europea, adaptando, eso sí, mi intervención a la actualidad semanal.

Lo que a continuación se expone es una simple reordenación de lo emitido, estableciendo un esquema más expositivo que el temporal con el que se escribió y radió; pero respetando el tono irónico y desenfadado con el que me gusta responder a los que considero mis deberes como universitario: la enseñanza, la investigación y la crítica social.

En lugar de las referencias bibliográficas habituales he preferido introducir siempre que ha sido posible los enlaces web, para que todos aquellos que lo deseen puedan acceder a la información directamente y de forma cómoda.

I.-EL ESTADO DE BIENESTAR

I.1.-Mercado y Democracia

I.2.-Pleno Empleo: Sanidad, Educación, Pensiones

I.3.-Jerarquía, Mercado y Valores: crisis del 73 y cambio en los 80

 

II.-EL ATAQUE INTELECTUAL

II.1-El déficit público

II.2.-El tipo de interés

II.3.-La Economía oficial

II.4.-Las expectativas

II.5.-La empresa como única perspectiva

II.6.-Troyanos

 

III.-EL ATAQUE PROPAGANDÍSTICO

III.1.- Las "ONGs"

III.2.-Las Pensiones

III.3.-La Vivienda 

III.4.-El cuarto pilar

 

IV.-EUROPA COMO DEFENSA

IV.1.-La gran elección: Cañones y mantequilla   

IV.2.-La agenda: J-M-V   

IV.3.-La idea de Europa

IV.4.-La construcción Europea

 

V.-LA RAZÓN COMO DEFENSA

V.1.-El Espacio Europeo de Educación Superior

V.2.-Los costes del desarrollo 

V.3.-La perspectiva global

V.4.-La difusión del conocimiento

V.5.-Defender la alegría

 

I.-EL ESTADO DE BIENESTAR

I.1.-Mercado y Democracia

En la misma semana del aniversario del 11M, se celebró en Madrid la Conferencia sobre democracia, terrorismo y seguridad. Una de los participantes fue la ex secretaria de Estado de EE UU (1997-2000)  Madeleine Albright. El muy controvertido personaje concedió una entrevista a El País publicada el 11 de Marzo, donde puede leerse:

"P. ¿Qué opina de las críticas que se hacen desde Europa a la política antiterrorista de Bush?

R. Creo que cada país lucha a su manera contra el terrorismo, pero los estadounidenses deben estar alerta y saber que es muy fácil cortar las libertades civiles. La democracia es muy frágil."

Que la señora Albright diga en el año 2005 que "la democracia es muy frágil" debería preocuparnos y hacernos pensar.

Milton Friedman decía que el mercado es un sistema de votación donde el peso de cada uno es proporcional a los "votos monetarios" que posee".

En ese sistema, la capacidad de influencia de cada individuo sobre lo que hay qué producir, cómo hacerlo y a quién darlo depende de su renta.

El mercado es, en definitiva, un sistema donde el principio que rige es "un euro, un voto"

La democracia, tal como la entendemos hoy, es un sistema basado en un principio diferente. El principio de "un individuo un voto".

Lógicamente los dos sistemas basados en principios distintos: "un euro un voto" en el caso del mercado, y "un individuo un voto" en el caso de la democracia, sólo podrían dar resultados consistentes si todos los individuos con derecho a voto poseyeran el mismo número de votos monetarios. Así tal consistencia sólo se daría bien cuando todos los que votan son iguales en renta y riqueza; o bien, que -como diría Silvio Rodríguez - no es lo mismo pero es igual, cuando sólo votan aquellos que son iguales en renta y riqueza.

Los Estados de Bienestar compensan el peso del mercado con el peso de la democracia, pues si bien una inmensa cantidad de lo producido se moviliza mediante los precios, otra no menos importante lo hace por leyes y actuaciones administrativas. Muchos acceden a los bienes que el mercado proporciona exhibiendo euros, pero otros reciben bienes muy preciados aduciendo simplemente derechos.

La lucha entre los dos ámbitos, mercado y democracia,  ha sido constante desde al menos los primeros años del siglo XX, y nada se explica de nuestro hoy y ahora si no es través de ese prisma que tan didácticamente planteó Schumpeter en su Capitalismo, socialismo y democracia. Vivimos en ese equilibrio y por ello es tan preocupante que personas muy al tanto de los intríngulis de los sistemas políticos adviertan de la fragilidad de la democracia.

 

I.2.-Pleno Empleo: Sanidad, Educación, Pensiones

Basta con entrar en cualquier librería para poder acceder a una infinidad de secretos. Ya sea, a veces, como divulgación, otras veces como rigurosos estudios, y las más de las veces como deliciosas novelas, el caso es que estamos al tanto de la estirpe de Jesús Nazareno, de quién resultó ser María Magdalena, del fundamento de la doctrina cátara, o de los viajes sorprendentes que siguió la llamada "Sábana Santa" hasta llegar a Turín.

Basta con sonreír y leer para descubrir cómo en la mayor parte de los casos los Templarios son los depositarios de todos estos secretos, e incluso, economistas míos que me escucháis o leéis, esos Templarios son aquellos que muchos años antes del viaje oficial de Colón traían oro y plata, pero fundamentalmente plata, de algún lugar cercano a lo que hoy es Venezuela.

Escríbase "templarios" en Google y uno no tendrá tiempo en su limitada vida para leer todo lo que allí se encuentra.

Los mejores secretos son los que están a la luz. 

Cuando desapareció la Unión Soviética se descubrió que el secreto militar mejor guardado de ese Estado era que no había ningún secreto militar que guardar. De la misma forma pienso que el secreto de los Templarios, aquello por lo que reyes y pastores  hubiesen dado parte de su vida, está a la vista de todos.

Reyes y pastores habrían ofrecido gustosos parte de sus vidas para que cuando les molestase un diente alguien le solucionara sin dolor y eficazmente el problema; pero también por vivir en ciudades limpias y alcantarilladas; y también por recibir una educación que permite entender un poco el mundo en el que se anda; y también por poder leer de noche; y también por poder ver aunque se envejezca; y..por multitud de otras cosas a las muchos podemos acceder en nuestro hoy y ahora.

Pero no sólo hay inventos en el campo de la medicina, la física, la arquitectura o la psicología. Hay otros inventos tan preciados como estos. Son aquellos diseños políticos que capacitan a todo individuo que llega a algunas partes de este mundo ser más libre en cuanto más carente de miedo. Son las organizaciones sociales y económicas que le permiten a cualquiera pasear sin mirar atrás a ver si alguien quiere asesinarle, que posibilita mandar solos a los hijos pequeños al colegio sabiendo que nunca pasará nada. Organizaciones que nos permiten olvidarnos de muchos de los problemas que tendríamos si de repente aparece una enfermedad, o si dejamos de trabajar por ser ya ancianos, o si, o si...

Sólo un cataclismo planetario puede hacernos olvidar alguno de los avances científicos. Pero los avances sociales, que son aquellos que precisamente permiten a la generalidad de la población acceder a las ventajas que proporcionan los primeros, pueden no extenderse al conjunto del planeta, o incluso retroceder.

O sea que a defender lo conquistado. El derecho al beso y la sonrisa también, le pese a quien le pese.

 I.3.-Jerarquía, Mercado y Valores: la crisis del 73 y el cambio de los 80

Nos hartamos de repetir que el problema económico es el de usar unos medios escasos para lograr unos fines alternativos. Si los medios no son escasos - como decía Friedman - no hay problema económico, estamos en el Nirvana. Si los fines no son alternativos, el problema deja de ser económico para convertirse en tecnológico.

Y también nos hartamos de repetir, aunque eso lo decimos menos, que si bien el mercado es uno de los instrumentos con los que se resuelve el problema económico, también ese problema se resuelve mediante leyes, órdenes y decretos; o bien acudiendo a costumbres, tradiciones, creencias o persuasiones valorativas.

En el discurso de la vana economía ortodoxa, el Estado o las instituciones valorativas aparecen cuando existe lo que ellos llaman un "fallo de mercado". Algunos insistimos que el retículo valorativo y el Estado son previos al mercado y que éste no puede darse sin aquellos, pero enquistados en su bunker los ortodoxos escuchan esto como quien oye llover. 

Un rey que tuvo que ver con el origen del lunes de aguas, como Felipe II puede representarnos aquella forma de solución del problema económico sustentada en la jerarquía; Juan Pablo II puede representar esa inmensa movilización de recursos económicos que está basada en los valores o creencias. ¿De verdad puede pensar alguien sensato que Felipe II o Juan Pablo II son simplemente "fallos de mercado"?

Una orden de Felipe II moviliza gigantescos recursos económicos, o, anecdóticamente, hace que las putas abandonen Salamanca durante unas semanas. Es un problema económico de lo que se trata - medios escasos y usos alternativos - y no es precisamente el mercado el que interviene para resolverlo.

Aquella decisión del rey se ha convertido, con el paso de los años, en una celebración festiva y poco más. La actuación de Juan Pablo II ha condicionado seriamente nuestro presente.

En estos días cada cual apunta un aspecto de la figura del último de los pontífices. Y quizá está bien que señalemos aquí la tremenda transformación económica que se produjo al final del siglo XX cuando tres personajes: Ronald Reagan, Margaret Tatcher y el propio Juan Pablo II pusieron todo su poder, que no era poco, al servicio de una intención: la desaparición del comunismo en Europa y el comienzo de la Revolución Conservadora.

Se dice que hay que tener cuidado para que no se nos vaya el niño al tirar el agua sucia, y tengo la sensación que eso fue lo que pasó con el final del comunismo europeo: en el intento de eliminar el agua sucia se nos fue el niño con ella.

Conservador en lo moral, retrógrado en lo social y aberrante en lo científico. ¿Qué debemos pensar en una Universidad cuando leemos cosas como ésta escrita en pleno Siglo XXI:

"Todo creyente sabe que el comienzo de la historia del hombre ha de buscase en el libro del Génesis. También se ha de acudir a sus páginas para indagar sobre el origen de la cultura humana" pp.101

Juan Pablo II (2005):Memoria e identidad, La esfera de los libros, Madrid

¿Y qué hacen los creyentes que creen que para conocer la historia del hombre y de su cultura es mejor  prescindir del Génesis?

Realmente es terrorífico pensar que algunas personas dicen que hablan con Dios, pero más tremendo es constatar que creen que Dios les dice lo que los demás tenemos que hacer por las buenas o por las malas.

No tengo la menor duda de que si volvieran a tener poder retornarían las hogueras. 

II.-EL ATAQUE INTELECTUAL

II.1-El déficit público

Podemos imaginarnos un país donde sólo se produce, consume y comercia trigo. Así es muy fácil ver que todo el trigo que se produce más el que se importa, tendrá que ser igual a la suma del que se come la gente normal, el que se guarda como simiente para el año que viene, el que se comen los soldados del ejército, y el que se exporta. Esta es una igualdad básica que en nuestra jerga económica enunciamos como que la suma de la producción más las importaciones tiene que ser siempre igual a la  suma del consumo, más la inversión, más el gasto público, más las exportaciones.

Siguiendo con el mismo símil, una vez que los individuos han entregado los sacos de trigo que exige como pago el ejército, con lo que les queda - lo que llamamos renta disponible - parte de ello se lo comen, parte se lo prestan unos a otros, y si después de eso queda algo - el ahorro privado - se lleva a unos almacenes. 

¿Para qué se usa ese ahorro/trigo almacenado? Pues para dárselo a aquellos que acuden a pedirlo prestado para sembrarlo - la inversión - , para dárselo al ejercito si resultó que los soldados comen más que los sacos entregados como impuestos - el déficit público - y para cubrir el posible exceso de lo que exportamos sobre lo que importamos.

Tras prestarse entre los agentes privados, el ahorro privado resultante se canaliza hacia la inversión, el déficit público y el exceso de exportaciones sobre importaciones.

Pues bien ahora pasemos de lo científico a lo ideológico. A todo el mundo le parece muy bien que la gente cuyos ingresos no le dan para comprarse un piso, pida un crédito hipotecario; a todo el mundo le parece muy bien que como las empresas no ingresan todo lo que quieren gastar deban recurrir al ahorro privado para financiar la inversión, y a todo el mundo le parece también muy bien que haya muchas exportaciones y pocas importaciones. Pero, sin saber exactamente porqué, esa conducta parece vedada para el Estado. Los déficits públicos son malos, perversos y dañinos.

Que conste que yo creo que los déficits públicos son no sólo malos, dañinos y perversos, sino que creo su desaparición definitiva significaría un avance gigantesco en nuestro bienestar y en el de las generaciones futuras. Pero sigo sin entender porqué la ideología dominante acepta que un particular se endeude para comprar un piso o que una empresa se endeude para  ampliar su planta o modernizar la maquinaria, y que el Estado no pueda hacer lo mismo.

Quizá si pensamos en los destinos de ese endeudamiento podemos aclarar el sustento de esa ideología. Probablemente no se vea con buenos ojos que un particular se endeude no para comprar una casa, sino para jugar en el casino. Y quizá tampoco se vea con buenos ojos que una empresa pida un crédito para desaparecer con él tras una adecuada  suspensión de pagos (José Luis Coll decía que los ricos suspenden pagos y los pobres suspenden cobros)

Luego tal vez la desconfianza hacia el déficit surge de la desconfianza hacia lo que el Estado hará con ello. Qué duda cabe que si pensamos que ese déficit se va a usar para atiborrar de marisco del cantábrico a los altos cargos, todos nos opongamos. Pero ¿con qué razones nos ponemos oponer a que el Estado se endeude para mejorar la asistencia en los hospitales, o para poder enseñar Inglés a nuestros pequeños desde la escuela, o para adecuar las infraestructuras ferroviarias al Siglo XXI?

Mantengo, sin embargo, que el défitit público es nefasto. Pero no ese déficit público del que hemos estado hablando hasta ahora. Me refiero al déficit, a la carencia, a la necesidad de tantos y tantos bienes públicos que el mercado no puede proporcionar. Los supermercados abarrotados, los bazares de electrónica hasta los topes, y las tiendas de ropa cada vez más elegante y barata forman parte de nuestros logros en el ámbito del mercado. Pero esos avances en el campo privado parecen llevar mucha ventaja a esos otros de protección social, de apacibilidad, de preservación y mejora del medio ambiente, de lucha contra los ruidos y la suciedad y sobre todo, de verdad que sobre todo,  de la profundización en los tres pilares del estado de bienestar- educación, sanidad y pensiones - y en la implantación en el planeta de esos valores de libertad, igualdad y fraternidad, que son el núcleo de la moderna Europa, y  nuestra mejor aportación a la lucha por los derechos de los oprimidos. 

Y esas necesidades acuciantes no pueden  - lo sabemos muy bien los economistas - atenderse desde la esfera del mercado. Como antes decía, es la eliminación de este tipo de  déficit público, malo, dañino, perverso y nefasto, lo que significaría un avance gigantesco en nuestro bienestar y el de las generaciones futuras.

 

II.2.-El tipo de interés

Como a muchos de nosotros nos ha dado por llevar los bajos de los pantalones arrastrando por el suelo, cada vez que llueve tenemos una evidencia de lo que es la "ósmosis". La "ósmosis" es lo que hace que aunque sólo se arrastre por el suelo mojado el final de los pantalones, la humedad termine llegando hasta media pierna.

Hace mucho tiempo, en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid, situada entonces en El Retiro, un profesor se dirigió al comienzo de curso a sus alumnos, y manteniendo alzado el libro de referencia les dijo: "Para entender este texto tienen ustedes dos procedimientos: el habitual, esto es mediante el estudio, o bien este otro - y poniéndose el libro bajo el brazo concluyó - el llamado osmótico, según el cual el conocimiento asciende hasta su cerebro por simple contacto. Y - terminó - hasta ahora nadie ha aprobado mi asignatura con este último método".

Hay conocimientos que parecen adquirirse por ósmosis, sin esfuerzo. Así ocurre con esa leyenda urbana de que los movimientos del tipo de interés algo tienen que ver con el crecimiento o el decrecimiento del PIB.

Allá por el año 1992, cuando comenzó la Facultad de Economía en Salamanca, los estudiantes hicieron un periódico que se llamaba "La Eclosión"´. Duró lo que suelen durar esas cosas, pero mientras duró nos reímos mucho de forma duradera. En esa publicación, tras mis largos años de estudio, encontré por fin la mejor definición que he visto hasta ahora de lo que es un tipo de interés.

Un tipo de interés, decía La Eclosión, es precisamente eso, un tipo de interés; alguien que te pone colorada cuando te mira. Y después se continuaba, ya en esa onda, con el significado de un tipo de interés real frente a uno monetario, de un tipo de interés efectivo frente a uno marginal, se analizaba la idea de un tipo de interés recurrente, y también la alternativa de seguridad frente al riesgo con un determinado tipo de interés, e incluso se definía un tipo de interés bancario, que podía ser aquel que reforzaba su atractivo con una buena cuenta corriente o también aquel con el que podías imaginar que te hacía el amor en un banco.

Hasta Keynes el tipo de interés se consideraba que era, entre otras cosas,  la recompensa por la abstinencia del consumo, pero vistas las orondas figuras de los ahorradores tampoco era muy creíble esa explicación. Keynes estableció que el tipo de interés no resultaba una compensación por la espera sino un premio por la pérdida de liquidez. 

La reducción de ese tipo de interés no viene mal cuando ya se ha decidido invertir, pero su reducción, de por sí, nunca podrá provocar un aumento de la inversión. O sea, que, como es habitual decir entre muchos keynesianos, se puede llevar el caballo al abrevadero, pero nunca obligarle a beber.

Por ello muchos nos quedamos perplejos cuando todos los medios de comunicación andan pendientes de si el presidente de la Reserva Federal, cuyo nombre suena así como Greenpeace o algo parecido, o del Banco Central Europeo, suben o bajan - "un cuartillo", dicen  - los tipos de interés. Lo mismo creen que eso tiene algún efecto sobre el crecimiento.

Me recuerdan aquellos fragueles que, carentes de agua, iban en procesión hasta una tubería y mientras el mago la golpeaba con su báculo, todos cantaban: "Sal agua sal".

Estoy convencido que los sacerdotes de Fraguel Rock pueden tener más éxito con su agua que nuestros respetables sumos banqueros con su pantomima.

II.3.-La Economía oficial

La semana pasada, en un curso, comencé proyectando un chiste del El Roto publicado en El País. En él, dos juegan a las cartas, como en  el cuadro de Cézanne, y uno de ellos se dirige al otro, que tiene la cara magullada y con algún esparadrapo, y le pregunta:

"¿Cómo te pudo pegar el patrón siendo tú más fuerte que él" -Y nuestro personaje le responde: "Es que me estaba sujetando un economista"

         La opinión que sobre nosotros ahí se refleja ha sido fruto de portentosos esfuerzos de nuestra parte para merecerla.

Dejadme que os cuente una pequeña historia.

Todos sabemos que cuando alguien mejora y nadie empeora es un cambio que calificamos como mejora paretiana. Por supuesto que antes de  Pareto ya se había pensado en esa posibilidad. Pero así la llamamos, adjudicando, como acostumbramos, un pensamiento a su autor más conocido; con el lado positivo de que nombramos con respeto a uno de nuestros predecesores, y con el negativo de olvidar a todos aquellos anónimos de los que, con Newton, podemos decir: "si he visto más lejos que los otros hombres, es porque me he aupado a hombros de gigantes"

Basándose en esa percepción  paretiana, el profesor Cipolla, pudo catalogar a los seres humanos en cuatro grandes categorías.

La primera es la de los "Inteligentes". Son aquellos que en el intento de conseguir algo para ellos lo logran para otros. Cuando un inteligente pone una empresa gana dinero, pero también lo hace ganar a mucha gente. Cuando un inteligente besa, disfruta del beso, pero también lleva el deleite al besado. Cuando una sociedad está suficientemente surtida de inteligentes la mejora global está asegurada, porque cada vez que uno de ellos trata de mejorar tira de unos cuantos en la misma dirección.

Luego están los "Malvados". Son aquellos que para beneficiarse ellos perjudican a alguien. Su acción nos puede parecer reprobable, pero desde los criterios de bienestar no podemos juzgar: colectivamente alguien mejora y alguien empeora, y como somos incapaces de establecer comparaciones interpersonales de utilidad, no podemos calibrar el resultado colectivo.

Simétricamente aparecen los "Incautos", que son aquellos que se sacrifican para que alguien mejore. Podemos admirarles y esperar que los dioses sean bondadosos con ellos, pero tampoco podemos obtener conclusiones sobre el bienestar colectivo: alguien mejora y alguien empeora; nada más.

Que haya inteligentes es definitivamente bueno, y los malvados pueden compensarse con los incautos. Pero nos queda, como dice el profesor Cipolla, la auténtica plaga de nuestras sociedades: los estúpidos.

Son estúpidos aquellos que sin conseguir nada para si, se dedicar a fastidiar las vidas de los demás. Y todos, me temo, conocemos a demasiados.

Hasta aquí concuerdo razonablemente con el profesor Cipolla, pero a partir de aquí hay algo sobre lo que difiero absolutamente, y algo sobre lo que concuerdo hasta el fin. Dice el profesor que en cualquier colectivo humano se encuentra la misma proporción de estúpidos, y que siempre tendemos a subestimar la proporción de estúpidos que existe en el colectivo al que pertenecemos.

Disiento sobre la primera parte: creo que dentro de los economistas la proporción de estúpidos alcanza dimensiones quiméricas. Y acepto hasta el fin la segunda: siempre me sorprendo cada vez que tengo que añadir uno más a la lista.

II.4.-Las expectativas

A veces me quejo de que con eso de estar preparando el futuro no nos dejan disfrutar del momento, y que cuando estamos en otoño ya nos venden el invierno; en esa estación ya nos estarán contando lo de la moda de primavera, y así sucesivamente. Pero reconozco que ese deseo de pensar en lo que haremos en el mañana forma parte de lo más íntimo de nosotros en esta nuestra cultura. 

Dice un amigo que de lo único de lo que está seguro es que morirá antes de la fecha de caducidad de sus yogures, y la verdad es que sobre el futuro poco puede decirse cierto aparte de cosas como esa. Alguna vez he hecho la broma de llevar a una conferencia una bola de cristal y sacarla en el momento en que las preguntas empiezan a ser del tipo: ¿Qué piensa que ocurrirá...? 

Recuerdo muchas veces a mis alumnos que en esta Universidad no se enseña a predecir el futuro y que, si acaso, podrán aprender tal materia en la Cueva de Salamanca, que aparte de ser el título de un entremés de Cervantes y una comedia de Alarcón, es el único lugar donde me imagino se pueda acceder a tan alto conocimiento. 

Decía Joan Robinson que toda la Teoría Económica adquiere otra visión cuando se considera un hecho tan simple como que el pasado está dado y no puede cambiarse y el futuro es incierto y no puede conocerse. El futuro sólo puede imaginarse, y esas imágenes del futuro, esas anticipaciones de la vida, esas expectativas, condicionan y configuran el presente. Y esa es, para muchos, la gran contribución de J.M. Keynes

El estudio de la formación de expectativas forma parte del núcleo actual de la Teoría Económica, tanto dentro de la corriente keynesiana, como dentro de la contestación ortodoxa que, a partir del trabajo de  Muth en 1961, desarrolló la escuela de las llamadas expectativas racionales que cuenta con conocidos teóricos como  Sargent o  Wallace, e incluso con un Premio Nobel: Lucas

La imagen que tengamos del futuro condiciona nuestro presente individual y colectivo porque modifica nuestros comportamientos alterando de esa forma el propio futuro: Nos vemos mojados por la lluvia que posiblemente caiga y como nos imaginamos así cogemos un paraguas; mi amigo el de los yogures ve su frigorífico vacío si no hace nada y por eso siempre está lleno contradiciendo de esta forma su visión; pensamos que las pensiones públicas están en peligro y actuamos en consecuencia para que no lo estén. 

El futuro sólo se puede imaginar. ¿Pero qué futuro? ¿El inmediato, el casi aquí, o el más lejano? Los economistas polemizamos sobre el corto, medio y largo plazo, pero no logramos avanzar más que lo recogido en la Fábula de los tres Hermanos de Silvio Rodríguez

Expectativas, anticipación de la vida... ¿Quién no se ha encontrado alguna vez, como J. R. Jiménez, preparando un beso?

II.5.-La empresa como única perspectiva

El otro día comencé a leer uno de esos libros gordos, entretenidos y fáciles que pueden encontrarse en Pryca. Este estaba escrito por un tal Gifford *, y al llegar a la página 13 y hablando de un Papa ficticio de nuestra época,  un tal Calixto IV, escribe: "...siempre había considerado su carrera como algo sólo marginalmente distinto a la labor de cualquier presidente de una importante compañía multinacional"

Dejé inmediatamente el libro.

El autor es norteamericano y además graduado en Harvard. En ese país y tanto en las grandes universidades de la "liga de la hiedra", como en las más modestas, y con excepción de las mentes más preclaras, se piensa que TODO funciona igual que una gran empresa, sea la Iglesia Católica, la Cruz Roja, o la familia.

Sin embargo no TODO funciona igual. Una empresa trata de maximizar su beneficio y para ello usa el lenguaje de los precios, un ministerio basa su actuación en las órdenes que recibe de la Presidencia, y una ONG, o la familia, establece su comportamiento de acuerdo con un sistema de valores.

De acuerdo con esto la facultad en la que doy clases bien podría llamarse "Facultad de Economía, Empresa, Organizaciones Gubernamentales, y ONGs"

Se llama en cambio Facultad de Economía y Empresa, y, fruto de esa mezcla de azar y necesidad** que establecía Demócrito, ofrece, para mi satisfacción, dos singularidades respecto a la mayoría de la españolas: en su nombre no aparece la palabra "ciencia", y, aparte del patrón tradicional de San Vicente Ferrer, se cuenta aquí  con Tomás de Mercado.

Que yo sepa, en la Universidad de Salamanca, sólo hay cuatro Facultades, contando a la nuestra, con doble nombre: Geografía e Historia, Traducción y Documentación, y Ciencias Agrarias y Ambientales.

Todo el mundo ve que ese doble nombre apunta siempre a conocimientos relacionados pero esencialmente distintos, y lo mismo pasa con nuestra facultad. Una titulación forma economistas, las otras dos directores, administradores o gestores de empresas. La diferencia la establece perfectamente el profesor Arthur C. Pigou, que en 1922 escribe:

"...no es oficio de los economistas enseñar a los fabricantes de lana a trasformar y vender la lana, ni enseñar a los cerveceros a fabricar y vender cerveza, ni a desempeñar su oficio a cualquier hombre de negocios" ***

Así, 1/8 de la Facultad se dedica unos menesteres,  y 7/8 de ella a otros absolutamente distintos.

Afortunadamente para los unos y para los otros

II.6.-Troyanos

13 de Abril, creciente

En una placita cerca de la Plaza Mayor de Salamaca, la Plaza del Corrillo, en una tienda, aparece un cartel en el que se dice: "Se liberan móviles" , y siempre que por allí paso me pregunto qué entendería por ello nuestro querido Quijote si tal cosa leyese.

  Claro que también podía escuchar en una conversación algo que le dejaría, si cabe, más perplejo: "tengo un troyano que no puedo eliminar"

En el Estado de Bienestar, lugar también de móviles y troyanos, el acceso a bienes valiosísimos se hace en muchas ocasiones no a cambio de dinero, sino por el ejercicio de un derecho o la demostración de una característica personal.

  Frente a una apendicitis aguda, en la Unión Europea - no en los Estados Unidos de Norteamérica - el afectado se presenta en cualquier hospital, y ejerciendo un derecho, es atendido independientemente de que posea o no una tarjeta de crédito, o de que sea capaz o no de jugar inteligentemente al ajedrez.

En esa misma Unión Europea - no en los Estados Unidos de Norteamérica - la entrada en la Universidad se reserva no a todos, puesto que no es un derecho, ni tampoco a aquellos que más paguen, sino a los que tienen unas determinadas características personales: posesión del título de Bachiller, notas de acceso, etc.

Independientemente del dinero, y exhibiendo únicamente un activo valorativo, la sociedad ha dirigido hacia nosotros los recursos necesarios para formarnos y darnos un título, con el que  se puede obtener una posición de poder, ganar dinero, y ser respetado. Poder, dinero y respeto a cambio de tiempo, esfuerzo e inteligencia.

En la forma europea de entender la educación superior una persona inteligente, sin dinero, podrá ser Doctor en Medicina y luego enriquecerse. En la visión anglosajona una persona inteligente, que es capaz de conseguir dinero, podrá ser Doctor en Medicina y luego enriquecerse para gozar del dinero o hacer frente a las deudas contraídas en el periodo de formación.

La Cuesta de Claudio Moyano en Madrid huele a libro de ocasión, a Botánico y a Retiro. Al comienzo de la cuesta está la estatua de ese Ministro de Instrucción Pública que cambió la faz de nuestro país. Fue el principio del cambio que lleva a aceptar, desde que el pobre pueda aprender a leer hasta que, cien años después, se  pueda ir a la Universidad séase pobre o no.

Pero este sistema tiene una grieta que puede debilitarle. De vez en cuando alguien que se ha beneficiado de ese sistema se vuelve contra el mismo cuestionándolo.

Representan estas gentes la misma aberración que la de aquellos funcionarios que desde su seguro puesto claman en demanda de flexibilidad del mercado de trabajo.

Estos tipejos nunca habrían entrado en una Universidad si no existiera el Estado de Bienestar; pero una vez dentro, contra él claman, en la suposición, creo, de que sus lamentos atraerán la atención benevolente de los poderosos.

Realmente no se qué gente había en el Caballo de Troya. Supongo que, como en el caso que comentamos en nuestra Universidad, y siguiendo a Cipolla, estarían los inteligentes como Ulises, habría también muchos incautos, seguro que estaban representados unos cuantos malvados, y con total seguridad tendrían dentro del caballo una mayoría de estúpidos.

La sabiduría popular dice que no hay nadie más tonto que un pobre de derechas;  Eric Hoffer dijo algo más: "La persona que muerde la mano que le da de comer, casi siempre lame la bota que lo patea"

III.-EL ATAQUE PROPAGANDÍSTICO

III.1.- Las "ONGs"

 Yo no sé, si como decía Walt Whitman,  todo el universo está en una hoja de hierba, pero si sé que todo lo que tengo que decir en mi vida podría relacionarse con esa cosa tremenda que sucedió al final de año en nuestro planeta: el gran maremoto.

Deseo resaltar un aspecto de esta tragedia: la incapacidad demostrada de las ONGs para hacer frente a la inmensa magnitud del problema que tenemos, y tendremos, durante mucho tiempo delante de nosotros.

La ONG Médicos sin Fronteras, escandalizando a muchos, afirmó que ya tenía suficiente dinero. Pero ¿no se trata de tener cuanto más dinero mejor para solucionar problemas individuales o colectivos? ¿Cómo una organización puede decir que ya tiene “suficientes fondos para financiar su intervención”?

Pues por algo de tan sentido común como que no todo es dinero. Hay una economía del dinero en el que usando el mercado uno puede adquirir bienes y servicios en la medida en la que vendiendo a su vez bienes y servicios tenga la capacidad de compra necesaria. Pero la economía es mucho más que eso: alguien puede acceder a bienes utilísimos y sin usar dinero simplemente ejerciendo un derecho, como cuando nos operan de urgencia de una apendicitis aguda; y también alguien puede acceder a bienes valoradísimos como un beso o una caricia sin usar dinero ni exigiendo un privilegio.

En la construcción de la teoría económica siempre se fue consciente de que aparte del mercado existía un espacio de derechos de obligaciones  y un retículo valorativo en el que se regulaba la actividad de los individuos, se diseñaba la motivación de estos y se proponía la finalidad de las organizaciones. Siempre se fue consciente de ello, si, pero tenemos que esperar hasta Boulding para tener al menos un esbozo de ello.

A los bienes se accede porque se tienen derechos, porque se tiene dinero, o porque se tienen unas características personales que mueven a otros individuos a proporcionarlos.

En Europa, desde el final de la segunda guerra mundial hasta la llammada crisis de 1973, el ejercicio de un simple derecho de ciudadano proveía una buena parte de los bienes de los que se disfrutaba. Tras esa fecha parte de esos bienes pasaron a ser provistos por el mercado en lo que se llamó “privatización” y otra buena parte de ellos pasó a la esfera valorativa en lo que se llamó “crecimiento de la sociedad civil”. Las ONGs son fruto de esa última tendencia.

Así, a partir de esa fecha, muchos individuos no pudieron acceder a una silla de ruedas, o a una educación, o a un trato respetable, excepto si tenían dinero para comprarlo o provocaban la compasión entre los que podían proporcionarlo: el predominio del mercado y la vuelta a la caridad que creímos superada.

Regresiones de la historia. Desde la propia Presidencia de los Estados Unidos, ya en los 80 se invocaban valores haciendo lo que en sus propios libros se decía que no se debe hacer

La gran ola acabó con miles de nosotros. Que no se nos olvide, y que no se nos olviden

III.2.-Las Pensiones

 Cuando tenía 13 años en el Instituto en el que estudiaba en Madrid decidieron organizar una larga visita al antiguo reino de León. En él, aprendimos mucho, nos reímos más y conocimos los fondos de pensiones de León, Zamora y Salamanca. Como se trataba de que aquello saliera baratito dormíamos siempre en pensiones y como éramos muy ruidosos siempre nos enviaban a sus fondos.

En aquellos años, 1962, los fondos de pensiones eran precisamente eso, los fondos de las pensiones, de la misma forma que el mercado era simplemente aquél sitio donde se iba a hacer la compra. Hoy, son otra cosa.

En aquellos años nos socializábamos leyendo a Salgari, hoy lo hacen leyendo Harry Potter y no está nada mal. Todos aquellos que sepan lo que es un "dementor", seguro que conocerán unos cuantos en su vida cotidiana.

Pues bien, el Estado de Bienestar al que hoy asociamos  con Lord Beveridge , funcionó a la perfección desde la segunda guerra mundial hasta 1973. Sobre el núcleo del pleno empleo asegurado, ese Estado de Bienestar se sustentaba sobre tres pilares: educación, sanidad y pensiones.

Tras esa fecha se promueve la privatización de esos tres pilares y es en éste movimiento de retroceso social donde se enmarca la proliferación de los fondos privados de pensiones.

Como en la película "El Chico", primero viene éste rompiendo los cristales y luego aparece Charlot ofreciendo los servicios de cristalero. Primero se anuncia la inviabilidad del sistema público de pensiones y enseguida aparecen los bancos ofreciendo sus servicios.

No tengo la más mínima duda de que el sistema público de pensiones es absolutamente viable y que, si acaso, lo que tendrá que corregirse sea su forma de financiación, porque mientras la renta "per capita" no descienda no hay razón económica para que los pensionistas, o los gorditos, se vean necesariamente privados de sus rentas. El gran riesgo aparecerá con la quiebra de los fondos privados y el recurso al dinero público para mitigar la catástrofe.

Nostalgia de aquellos fondos de pensiones con olor a sopa de fideos que evocara Neruda.

III.3.-La Vivienda 

La verdad es que la gente "las pasa moradas" para poseer una morada en la que refugiar su intimidad. También es cierto que no hay que poseer las cosas para disfrutar de ellas, y que en el caso concreto de la vivienda se puede acceder a sus servicios también usando la de alguien que benevolentemente nos cede un espacio, o bien alquilándola.

 Decía Galbraith hablando de la crisis del 29, pero aplicable también a nuestro hoy y ahora, que no se podía entender la bolsa al menos que se la considerase a la vez como una institución financiera y como un gigantesco casino. De la misma forma la vivienda no es sólo un sitio en el que vivir, sino también, y para muchos sobre todo, un activo en el que mantener su riqueza.

El dinero es, como nos explicó J. M. Keynes un eslabón entre el presente y el futuro, y la gente usará, para mantener su poder de hoy en el imaginado futuro, el bien que considere que no perderá su valor en el caso de que sea vendido. Podemos, como el  tío Gilito almacenar nuestra riqueza en dinero y revolcarnos en él por la noche, pero también se pueden comprar diamantes, oro, cuadros de impresionistas franceses o ...pisos.

Se trata de equilibrar dos deseos: que el activo en el que hemos depositado nuestra confianza se revalorice en el tiempo, o que al menos no pierda su valor; y que esa revalorización, ese rendimiento, disminuya lo menos posible cuando aumente la oferta de este. La primera de las condiciones se cumple claramente en el caso de la vivienda, ya que año tras año los pisos aumentan de valor, y la segunda también se cumple aparentemente ya que aunque la construcción continúa, los precios no bajan.

Por  ello la vivienda es, para muchos individuos, simplemente dinero: depósito de valor.

El problema es que si bien el valor de ese activo parece mantenerse frente a una oferta creciente de nueva vivienda, difícilmente podría hacerse si una buena parte de los propietarios, pensando que el precio había llegado al máximo, decidieran vender al mismo tiempo.  Tal situación es la que muchos describen como "el final de la burbuja"

El dinero es el eslabón entre un presente del que algo conocemos y un futuro del que desconocemos todo. Cualquier reflexión sobre el valor de los activos futuros se parece mucho a nuestro cuento de La Lechera, y en el caso concreto de la vivienda se parece todavía más al cuento del "El pescador y su mujer" de los hermanos Grimm, que siempre me ha inspirado reflexiones sobre el funcionamiento de la bolsa.

El problema de la vivienda nos acompaña desde hace siglos. Permitidme recordaros, sonriente, que una gran buscadora de lugares para sus fundaciones, como Santa Teresa, y el más enigmático de todos los arquitectos, Fulcanelli, dejaron a la posteridad unos libros que se llevaban en su título "Las Moradas".

III.4.-El cuarto pilar

Últimamente es frecuente oír hablar del cuarto pilar del Estado de Bienestar. La necesidad de ese nuevo pilar parece deducirse, en palabras de Amparo Valcarce, de la existencia de un hecho: "En el año 2005, más de 1.100.000 españoles, en su mayoría ancianos y discapacitados, necesitarán ayuda para llevar a cabo las actividades básicas de su vida diaria. Y casi otros dos millones requerirán de algún servicio externo para realizar alguna tarea en su vida cotidiana. Estas cifras aumentarán notablemente en las próximas décadas, debido en parte a la mejora de los sistemas de salud "

Algunos pensamos que si se hace necesario un cuarto pilar es porque no funcionan correctamente los tres - sanidad, educación, pensiones - sobre los que descansa el Estado de Bienestar. Si las pensiones son vergonzantes no se podrán comprar en el mercado los servicios necesarios para hacer frente con dignidad e independencia a la vejez. Si el "acceso a a la educación" sólo se concibe como un derecho en la juventud, muchas personas quedarán aisladas en un mundo complejo lleno de nuevas tecnologías de comunicación. Si el derecho a la sanidad se piensa que se cubre exclusivamente con ambulatorios, hospitales y sanatorios, aparecerán multitud de enfermos sin atención.

Hablando de este tercer pilar debemos recordar que ya en 1946 la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió el concepto de salud como: "el estado de completo bienestar físico, mental y social y no únicamente la ausencia de afecciones o enfermedades". Y con tal definición creo que tenemos suficiente para desarrollar el tercer pilar sin acudir a un cuarto.

Como, entre otros, puso de relieve Arthur Lewis el bienestar, y el desarrollo económico, no sólo descansa en el disfrute de bienes materiales.

 Los valores y creencias tienen tanta importancia, y la mayor parte de las veces más, que tales bienes. España puede ofrecer ahora ofrecer ahora, porque se lo permite su nivel económico y porque su presión fiscal es bajísima, algo que se demanda de forma creciente en la Sanidad Pública: dignidad.

Dignidad a la hora de morir y de ser tratado. Intimidad en el dolor y en la recuperación. España se alejó hace tiempo del subdesarrollo, pero éste todavía subsiste en los hospitales masificados, con enfermos en los pasillos y habitaciones de varias camas en las que se comparte baño, visitas y dolor.

El más mísero entre los pobres come en una escudilla aunque ésta no es estrictamente necesaria para su alimentación, e incluso los más desprendidos de los hombres lavan sus tridentes de Shiva en los ríos en esa nuestra continua búsqueda de respeto y dignidad.

El intento de escape individual de este problema es azaroso. El futuro es ciertamente incierto y como planteó John Rawls si el que parte el pastel no sabe que trozo puede tocarle lo hará siempre de forma igualitaria. La triste muerte de Guillermo Cabrera Infante en lo que antes de los ochenta fue nuestra admirada sanidad británica da mucho que pensar.

IV.-EUROPA COMO DEFENSA

IV.1.-La gran elección: Cañones y mantequilla   

Cuando en 1970 se concedió a Paul A. Samuelson el Premio Nobel de Economía éramos muchos para los que el primer contacto con la Teoría Económica había sido el estudio de su manual de introducción. 

Los estudiantes de ayer y hoy tratamos de entender el mundo recurriendo al estudio de la Economía, y para todos nosotros la expresión “cañones y mantequilla” evoca aquellos primeros momentos del nuestro particular camino. 

Samuelson nos contaba, en su difundida y afortunada parábola, cómo un país, que sólo puede producir cañones o mantequilla, se enfrenta a la decisión de cuántas unidades de cada uno de esos bienes desea fabricar. Puede, lógicamente, dedicarse exclusivamente a la producción de cañones, puede también producir sólo mantequilla, o, finalmente, optar por producir una mezcla de ambos. 

En el maravilloso mundo de la teoría, un país que tiene ventaja comparativa en la producción de cañones fabricará estos, y los cambiará por la mantequilla hecha con más facilidad en otro país. ¿Pero quién nos puede asegurar que no utilizará sus cañones para arrebatar la mantequilla del segundo país a cambio de nada o por un precio ridículo? La primacía de lo militar en el orden internacional será la consecuencia. 

Pero aún en el caso de que ese país guerrero respete las normas del comercio internacional y se comprometa a un intercambio libre de bienes no dejará de estar interesado en vender cuantos más cañones mejor, con lo que fomentará las situaciones en las que tales productos sean muy demandados. Los departamentos de marketing se dedicarán a fomentar guerras y dictaduras militares por el planeta. 

Un país que se especialice en la producción de mantequilla difícilmente puede utilizar esta para imponer su imperio y rapacidad al resto del mundo ni para forzar intercambios desiguales en el comercio. 

Un país que se especialice en la producción de mantequilla tratará de vender la mayor cantidad de ésta y estará interesado en que gentes antes pobres puedan comenzar a untar mantequilla en su pan. 

Esperemos que todos, y especialmente el renovado presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, reflexionemos sabiamente en estos cruciales momentos sobre la parábola de Samuelson de “cañones o mantequilla

 

 

IV.2.-La agenda: J-M-V   

Ningún economista niega la absoluta necesidad del Estado. Lo que ocurre es que unos y otros requieren tipos distintos de Estado.

Hay quienes piensan que el mercado es lo fundamental, que del funcionamiento correcto de los mercados se asegurará el uso eficiente de los recursos, y que no es necesario corregir los resultados que el mercado proporciona. Estos necesitarán un Estado Mínimo que defina y defienda los derechos de propiedad, y que proporcione los bienes públicos imprescindibles – defensa y justicia – para que el mercado pueda existir.

Hay otros que coinciden con los primeros en que el mercado es lo fundamental y que es un sistema eficiente de asignación de los recursos, pero creen que da lugar a veces a unos resultados injustos que deben ser corregidos. Estos son los partidarios de un Estado Asistencial que vele por aquellas situaciones frente a las que el mercado poco o nada puede hacer.

Están también aquellos otros que, pensando que el mercado es fundamental, estiman que es necesaria una política económica activa para lograr objetivos, como el del pleno empleo, que el mercado no puede conseguir de forma automática. Este es el fundamento del Estado Intervencionista.

Y queda, por último, el conjunto de aquellos que pensamos la máxima eficiencia en las sociedades modernas se logra con una mezcla adecuada de Jerarquía, Mercado y Valores y que, consecuentemente, proponemos la  necesaria existencia de un Estado de Bienestar.

Si revisan un clásico: la película de John Ford “El Hombre  que mató a Liberty Valance", y allí estaba de nuevo la lenta y trabajosa construcción de un Estado frente a la barbarie de la Ley del Oeste. Rancheros violentos que sólo necesitan un Estado que les asegure sus propiedades y les permita el uso de sus armas, frente a otras personas que desean un tipo de organización más compleja, libre y pacífica.

Según avanza la complejidad de las sociedades y la interrelación planetaria entre ellas, los bienes y males alcanzan también una dimensión superior y se hacen necesarias instituciones con un ámbito de actuación espacial más extenso.

Pero análogamente a lo que decíamos en el caso del Estado, unos y otros,  conscientes todos de la necesidad de organismos internacionales, los ven con distintas dimensiones cualitativas. Para unos, los del Estado Mínimo,  bastará una organización militar como puede ser la NATO y una Organización Mundial de Comercio; otros, los del Estado Asistencial, verán necesarias instituciones como la FAO, UNICEF, Cruz Roja, etc.

Estamos en la fase de creación de organizaciones supranacionales con capacidad de regular las economías de los socios – el equivalente al Estado Intervensionista – y avanzamos en el camino de dotarnos de uniones constitucionales donde el mercado ocupe su lugar junto a la política y los sistemas culturales.

Estoy convencido de que para nosotros la construcción de la Unión Europea es nuestra forma de alejarnos progresivamente de la barbarie.

Además Europa es bonita. A mi no me extraña que Zeus se prendara de ella.

 

IV.3.-La idea de Europa

Muy cerca de Salamanca están Los Arapiles. En lo alto del Arapil Grande, en el monolito que conmemora la famosa batalla, de forma agradecidamente escueta, puede leerse: Arapiles, 22 Julio, 1812.

Así de simple, sin victorias, ni derrotas, ni glorias de nadie sobre nadie. Únicamente el nombre y la fecha, en el sobreentendido de que todos los que lo leen saben de la lucha tremenda que allí ocurrió, y del porqué del ese silencio y ese respeto.

Muy posteriormente, exactamente en 2002, bajo ese monolito, se puso una placa, en la que puede leerse:

"Los pueblos de Europa, al crear entre si una Unión, han decidido compartir un porvenir pacífico basado en los valores comunes, indivisibles y universales de la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la solidaridad

            Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea, Arapiles, 2002"

No hay mercado sin Estado, ni Estado democrático que no esté basado en valores comunes.

 El año de la batalla de Arapiles fue el mismo de la primera constitución española.

 Mientras que ocurrían aquellos "Episodios Nacionales" narrados por nuestro Don Benito Pérez Galdós, se comenzaban a configurar las nuevas relaciones legales entre súbditos y monarcas transformadas por la Revolución Industrial. En algunos países, como Francia, ya se hablaba de Estado y ciudadanos, y en otros, como el nuestro, fallida LA PEPA, hubo que esperar mucho hasta conseguirlo.

Pero, curiosamente, esos valores "afrancesados" de libertad, igualdad y fraternidad se han incluido como referentes del sentir europeo.

 Bien es verdad que la fraternidad, quizá por aquello de que daba un cierto aroma a logia masónica, se ha sustituido por la solidaridad. Pero lo curioso de la inscripción de la placa que comentamos es que esos tres valores: libertad, igualdad y solidaridad, parecen deducirse del reconocimiento de  "la dignidad humana"

El reconocimiento de la dignidad. El reconocimiento asombrado del otro. El "namaste" del saludo hindú en el que uniendo las palmas de las manos uno se dirige a otro diciendo: te reconozco como alguien como yo; te reconozco la dignidad que tu y yo compartimos como seres vivos en nuestro aquí y ahora; o bien, para los creyentes, reconozco la divinidad que está en ti y en mi.

Dignidad del otro independientemente de todo lo demás. 

Su dignidad viene de él y a él hay que atenderle; por él que es tú. 

Por nada más que por él, por nada más; no vaya a ser que en ese momento Dios ande bañándose en su azul de luceros y no se percate.

En Los Arapiles los rosales silvestres están llenos de brotes. Nuestros antepasados, su sangre y sus cenizas, serán flores mañana.

 

IV.4.-La construcción Europea

La propuesta lanzada por Robert Schuman, Ministro francés de Asuntos Exteriores en 1950, y que dio origen a la creación de la Unión Europea, es no sólo la anécdota que permite fijar una fecha para el Día de la Unión Europea, ya que su preámbulo está, hoy más que nunca, lleno de contenido.

El núcleo de aquella  propuesta fue, como sabemos, el anuncio de que a partir de ese momento alemanes y franceses nunca más volverían a matarse por el carbón y el acero. Luego, según se fueron añadiendo países también se fueron añadiendo implícitamente productos y en estos momentos ese núcleo duro de la construcción europea consiste en afirmar que ninguno de los habitantes de cualquiera de los países firmantes matará a otro ni por el carbón, el acero, las materias primas, la competencia por los mercados, etc. Lo que no es poco en nuestro pequeño y tremendo mundo.

Pero decía que el preámbulo tiene, cincuenta y cinco años después, la misma fuerza que entonces. Dice en unas de sus líneas:

" La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan.
La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas
"

Decía Kennet Boulding en 1966 que tendríamos que irnos  acostumbrándonos a enfocar los problemas desde la perspectiva de la nave espacial Tierra. Un planeta situado en un espacio casi desconocido, y en el que todos interactuamos no sólo entre nosotros, sino también con la propia nave.

Bajo tal perspectiva no está nada mal salir del pequeño camarote de la nave en el que vivimos y apercibirse de que hay otros camarotes como el nuestro, que los problemas de ventilación, sanidad y seguridad son comunes, y que interesa mucho a todos averiguar quién pilota esa nave y hacia adonde. El esplendor de la Universidad de Salamanca coincide con los periodos en los que se tiene en cuenta al mismo tiempo los problemas cercanos y lejanos, periodos en los que se sale del camarote y se visita la nave, periodos donde los libros siempre se leen y escriben junto a una bola del mundo.

Tras el final de la Unión Soviética queda claro quien es el que controla la cabina de mando de nuestra nave espacial. Una de las muchas leyendas urbanas difundidas en Internet se refiere a que en una conferencia titulada Globalization and World Order y dada el 12 de Octubre de 1999 en el Trinity College de Dublin, el antiguo Secretario de Estado de EE.UU.  Henry Kissinger afirmó que: 

"lo que se llama globalización es en realidad un nombre que se le da al papel dominante de los Estados Unidos".

No he podido encontrar la conferencia original aunque si innumerables referencias a ella, pero como bien dicen los italianos "si no e vero, e ben trovato" y el caso es que tanto sea "vero" como "ben trovato", se recoge acertadamente la visión que de este mundo globalizado tenemos muchos.

Para buena parte de los europeos el Estado no es el enemigo. Dice Heilbroner que quizá sea el pasado romano y feudal europeo, en el que el señor de vidas y haciendas también protegía  a súbditos y vasallos, lo que está en el fondo del pacto original en la creación de los Estados Nacionales, y, tras la segunda guerra mundial, de los Estados de Bienestar europeos.

En ciencias sociales la investigación y divulgación dominantes provienen de los Estados Unidos y de los que allí se han formado, y los problemas y visiones presentes en artículos y textos poco tienen que ver, a veces, con los nuestros propios problemas y visiones. Que esa Unión Europea permita crear un espacio de investigación y educación en el que no sea una empresa de locos crear textos y revistas europeas, adecuadas a nuestros valores y a nuestros problemas comunes y específicos, es algo ahora posible.

Un espacio común europeo de educación que potencie la contribución pacífica a la civilización de esa Europa  organizada  y viva que quería  Schuman.

V.-LA RAZÓN COMO DEFENSA

V.1.-El Espacio Europeo de Educación Superior

Este curso tuve el honor de actuar como padrino de la décimosegunda promoción de la Licenciatura en Economía de la Facultad de Economía de la Universidad de Salamanca. El acto fue emotivo, brillante y divertido. Yo deseaba trasmitir a esos economistas en particular, a aquellos que se forman en la Facultad, y a todos los que lo hacen en nuestra Universidad, la idea de que independientemente de los estudios en los que andemos, el esfuerzo, la constancia, y la superación de los obstáculos nos transforman, sin darnos apenas cuenta, en aquellos que deseamos ser cuando comenzamos la travesía. Inadvertidamente, poco a poco, sigilosamente, comenzamos a saber.

Einstein decía que la educación es aquello que permanece después de haber olvidado todo lo aprendido. Keynes nos podría haber dicho que la economía es lo que permanece después de olvidar todo lo estudiado.

Tratando de transmitir estas ideas escribí esta pequeña historia. Fue mi regalo particular a los nuevos licenciados. Pero estoy seguro que éstos no tendrán ningún inconveniente en compartirlo con los oyentes de Radio Universidad. Dice así:

El primer año andaba ya muy lejano. Pero recordaba la ilusión con la que comenzó a prepararlo todo para iniciarse en la Alquimia; cómo consiguió un lugar donde estar tranquilo, cómo se procuró los manuales que le guiarían a través del tiempo,  y cómo almacenó los matraces, probetas, hornos y crisoles con los que lograría la Obra. Recordaba el fervor con el que empezó a trabajar buscando el elixir de la eterna juventud y la piedra filosofal.

Noche tras noche, buscando la luz de la luna reflejada en el espejo, machacaba, añadía, destilaba, fundía, enfriaba y, sin resultados, volvía a comenzar. Una y otra vez, noche tras noche. Con ilusión. Sonriendo.

El segundo año, sorprendentemente, le resultó más difícil el intento de la Obra. Empezaba a tener problemas para concentrarse. Cuando trataba de ver si aparecía el ala de cuervo en la fundición, sus ojos se iban hacia las manchas de la luna que  veía por la ventana. Cuando trataba de escuchar el crujir del rojo precipitado, ocurría que el canto de los grillos en verano, o el ulular del viento en invierno se lo impedían. Pero seguía, una y otra vez haciendo lo mismo. Tozudamente.

En el tercer año pensó en dejarlo. La distracción era continua. Le interesaba mucho más la música del viento que el crepitar del crisol. Se quedaba atontado viendo las sombras que el fuego proyectaba en la pared de su laboratorio, y se sorprendía asimismo mirando ensimismado la otra realidad reflejada  en la superficie convexa de los matraces. Pero a pesar de ello, como un autómata, apagaba y encendía, día tras día, por vocación, sin ilusión, por inercia.

El cuarto año fue el definitivo. Para apurar, trabajaba de noche y de día. Pero de día, las conversaciones que mantenían los pájaros le impedían prestar atención a otra cosa, cuando no eran los sonidos de la hierba al crecer y las flores al formarse, quienes le alejaban de cualquier otro intento. Probó a cerrar las ventanas del laboratorio, pero las vetas del mármol de la maza del mortero le hablaban de otros tiempos, y al tocar los cristales de las vasijas sentía las profundidades marinas desde donde surgió nuestra vida. Probó también a trabajar mucho de noche, pero a veces ni lograba encender el hornillo, loco como estaba entendiendo la historia que contaban las estrellas. Y sintió el fracaso. Ni lo habría logrado ni nunca lo conseguiría.

Entró por última vez en ese taller en el que se le había ido tanto tiempo de su vida dispuesto a acabar con el engaño. Deseaba tirar todo a la basura: recipientes y libros, hornos y salamandras. Se miró en ese  espejo que otras veces había usado para polarizar la luz de la luna, y vio su imagen. Tenía arrugas alrededor de los ojos, pero tampoco sabría decir si eran de sufrimiento o de permanentes sonrisas; y además casi no lograba verse, porque el espejo le devolvió la vida de aquellos que trabajaban en las minas de mercurio con el que se hacía el reflejo en que él se miraba. Miró hacia las nubes y entendió el universo. Se tendió en la tierra y la abrazó emocionado. Notó que para siempre estaría allí de una forma u otra siendo humo o color de flor, permanentemente nuevo. Y por si fuera poco, sentía su corazón luminoso como el sol.

Pensó en todos los años perdidos, día tras día, noche tras noche, en una búsqueda imposible de una piedra filosofal y un elixir de eterna juventud.

Pero antes de rendirse a la tremenda dulzura que le invadió al sentirse identificado con el universo, supo que no había perdido el tiempo. Con un estremecimiento se dio cuenta de que sí había hallado la piedra filosofal y el elixir de la eterna juventud. Había tomado como obstáculos a  los avances, había pensado que eran distracciones los primeros destellos de sabiduría, había creído que le alejaba precisamente aquello que le acercaba.

Admirado y agradecido percibió la forma preciosa en la que estaba encontrando aquello que tanto había buscado. Todas sus expectativas quedaban desbordadas por la manera tan hermosa en que su esfuerzo de años rendía su fruto.

Y sonriente por dentro y por fuera,  feliz, se puso calladamente a trabajar con la gente.

 

V.2.-Los costes del desarrollo 

Nos divertíamos en clase recordando a Veblen cuando explicaba cómo un terrateniente puede demostrar su riqueza a los demás organizando una cena en la que multitud de sirvientes se afanen atendiendo a los deseos de los comensales, y cuantos más servidores aparezcan entrando y saliendo, llevando platos o sirviendo vino, tanto mejor para la vanidad del anfitrión. El mensaje está claro: soy tan rico, dice nuestro señor,  que tengo todos estos criados realizando tareas tediosas.  

Al cabo de unos días uno de los convidados organiza otro banquete, y como no hay forma de superar en atenciones y manjares al anterior,  inventa algo: no solamente habrá multitud de sirvientes haciendo cosas, sino que colocará a unos cuantos que, de pie y quietos junto a las paredes, simplemente no se moverán. El mensaje está claro: soy tan rico, dice nuestro otro señor, que no solamente tengo multitud de criados que me sirven, sino que además me permito el lujo de tener otros que no hacen nada.  

Veblen publica su Teoría de la Clase Ociosa en 1899, y su mensaje de los múltiples aspectos que se esconden tras una actividad no llega a formalizarse en Teoría Económica hasta, creo, los trabajos de Lancaster en la segunda mitad del SXX sobre la demanda de características. Cuenta este autor – que comparte con Lipsey la autoría de el concepto de “second best” sobre el que quizá algún día hablaremos si mis intervenciones son gratas al director del programa – que los bienes no se desean por si mismos, sino por las características que esperamos encontrar en ellos.  

Bajo esta perspectiva, como bajo la de Veblen, alguien puede desear un reloj aunque no le importe lo más mínimo conocer las horas de su vida, u otra persona puede enloquecer por la posesión de un coche aunque no tenga ninguna necesidad de trasladarse a ningún sitio. Y esa vaca sagrada del coche en nuestra época es algo de lo de hablar y no parar.

Ya se encarga la publicidad y los valores existentes en ciertos grupos de asociar un tipo de coche con las características de lujo, pasión, valentía, potencia, seguridad...y otras majaderías semejantes.  

Buscando tales características inventadas se destrozan las ciudades, se contamina la atmósfera, se matan los jóvenes o se quedan paralíticos de por vida, se provocan golpes de estado, se invaden países, se bombardean pueblos y se asesina a la gente.

Nadie propone que en esos armatostes peligrosos pongan leyendas como en los paquetes de cigarrillos avisando de su capacidad de devastación y su ansia de sangre. Y tan tremendo coste no se paga sólo por la capacidad de trasladarnos de un lugar a otro, sino para poder mostrar a los demás que tenemos criados ociosos muy firmes y respetuosos junto a la pared. 

Ya estamos acostumbrados a  leer al final de muchas películas que ese buen rato del que hemos disfrutado en el cine no ha significado la tortura o la muerte de ningún animal.

 

A mi me gustaría que cuando llega la noche, y momentos antes de cerrar los ojos para dormir, como en el cine,  se proyectara en nuestro cerebro una leyenda que dijera algo así: “Todo de lo que has disfrutado a lo largo del día se ha hecho sin usar para ello trabajo infantil, sin destrozar de forma irreparable nuestro entorno, sin masacrar pueblos y personas, sin envilecer a la gente ...y sin hacer el tonto, sin hacer el tonto”

V.3.-La perspectiva global

Hubo este año una semana muy especial en la que ocurrieron dos hechos semana muy relacionados. Por una parte, aquí en España, tuvo lugar la votación sobre la Constitución Europea; por otra parte, comenzamos a vivir bajo el paraguas del protocolo de Kyoto. Las dos cosas transcienden hacia arriba y hacia afuera nuestras vidas. Casi siempre somos conscientes de los acontecimientos "micro", y la gran influencia de lo "macro" se nos escapa. Pero todos los estudiantes saben que, al menos para aprobar, y siempre para comprender, la microeconomía y la macroeconomía son igualmente importantes: pequeño y grande, dentro y fuera, arriba y abajo.

Si dibujáis un cuadrado, luego trazáis otro interior uniendo los puntos medios del primero, y giráis el interior para que queden sus lados paralelos al exterior, tendréis la disposición de un claustro. En él la superficie del patio coincide exactamente con la superficie cubierta: lo mismo fuera que dentro.

Suele también haber en esos claustros un pozo y un árbol. Cuentan que hay conocimientos alados, azules, celestes; y otros serpentarios, rojos, terrestres. Pozo y árbol: lo mismo arriba que abajo.

Arriba y abajo, dentro y fuera, microeconomía y macroeconomía. Creciendo en lo individual, cuidando lo íntimo, y al mismo tiempo fomentando lo público, mimando a nuestra gran casa Tierra.

Creo que la primera vez que se tomó una decisión planetaria fue con el Tratado de Tordesillas, en el que  se actuó teniendo en cuenta un mapa global. Luego esa representación del mundo se utilizó para trazar rutas comerciales, mandar escuadras de guerra, situar satélites en órbita, espiar al enemigo o examinar el agujero de ozono.

Creo que nunca  antes de ahora, con Kyoto, tantos Estados representantes de tantos ciudadanos se han puesto de acuerdo para combatir males que afectarán sobre todo a personas que aún no han nacido.

Muchos ilustrados como Fourier pensaron en un mundo organizado por la racionalidad. Y creo que esto es lo que empieza a aplicarse ahora con la ciencia un poco más avanzada; pero el hecho de que los resultados de nuestras acciones de hoy  se comiencen a ver cuando todos hayamos muerto, es el mayor acto de solidaridad de especie que conozco en nuestra corta historia de homínidos apenas descendidos de los árboles en los que hace nada parece que habitábamos.

Sé que todo es mucho más complejo que esto que cuento. Y sé también que Estados Unidos, el mayor contaminador, pero el que también pone el sello de lo que es democrático y científico, ha decidido no firmar. Quizá el poder de ese país haga pasar a la clandestinidad a los firmantes de Kyoto.

Alguien tiene que mantener la sensatez en nuestra Tierra, y Kyoto es sensato. Creo que en el futuro Estados Unidos recobrará la racionalidad, pero aún si no lo hace y la barbarie triunfa momentáneamente en la historia del planeta, el espíritu de Kyoto hablará a las generaciones futuras en un lenguaje con sentido. Diremos a las generaciones venideras con Espriu: «Però hem viscut per a salvar-vos els mots / per retornar-vos el nom de cada cosa» («Pero hemos vivido para salvaros las palabras / para devolveros el nombre de cada cosa»).

El nombre de cada cosa: de nuestra vida, de nuestra luz, de nuestra gente, de nuestra sabiduría.

Que pesadez y que alegría el estar siempre, en palabras de un viejo amigo mío, como el duende del cedazo: para arriba y para abajo.

V.4.-La difusión del conocimiento

 Me gusta celebrar con algunos amigos equinoccios y solsticios. Creo que tener en cuenta que habitamos un planeta da una perspectiva muy adecuada a los pensamientos.

Cuando hablamos de soles y planetas todos los economistas nos acordamos de Jevons y de sus manchas solares aunque hoy lo de las manchas solares se use en otro sentido.

Me gusta especialmente el solsticio de invierno.

Hubo tiempos muy lejanos en los que nuestros antepasados miraban con terror este progresivo retraso de los amaneceres y ese adelanto de los atardeceres que hemos vivido estos días. La noche se enseñoreaba del mundo, y también el frío. Los pájaros emigraban, las hojas caían y todo parecía acercarse al reino de la muerte.

Pero a partir del solsticio el mundo empezaba lentamente a cambiar. Aunque había que esperar días hasta cerciorarse de que la esperanza era cierta.

"Para Reyes lo conocen los bueyes" dicen en la sierra de Salamanca, dando a entender que precisamente para esa fecha incluso los animales empiezan a notar que algo está cambiando.

La libertad es la ausencia de miedo. Y unos magos sabios - aquellos que los que escriben a su gusto la historia dicen que sus huesos reposan en Colonia - trataron de aliviar el dolor de aquella gente atemorizada. Les trazaron unos dibujos para que comprendieran qué era eso de la tierra y qué era aquello del sol. Trazaron una elipse y pusieron en un lado al sol y a la tierra en cualquier otro sitio según la estación que fuese. Y nuestros antepasados sonrieron al entender y fueron más libres al perder el miedo.

En esa fecha en la que "lo conocen los bueyes", recordamos con gratitud a aquellos magos que hicieron desaparecer nuestro terror. Representamos esa elipse, que nos ayudó a entender, como un roscón ovalado donde el sol, como una fruta, aparece en un extremo, y la luna y los planetas van adornando el resto. En dónde se encuentre la tierra es una sorpresa que sólo se desvela a aquellos que, comiendo el roscón, participan de la sabiduría  de los magos.

Me gusta reflexionar sobre estas cosas, y pensáramos en qué medida, como actuales Reyes Magos que en parte somos, podemos contribuir a disipar el miedo de la gente en nuestro hoy y ahora.

Para hacernos a todos más libres.

V.5.-Defender la alegría

Comentaba hace nada con los estudiantes mayores, que una de las diferencias entre nosotros los economistas y la gente de ciencias estriba en el grado de enojo que puede provocarnos lo que estudiamos. Si estudias geología difícilmente puede molestarte que la pirita tenga azufre, pero estudiando economía quizá sufras porque haya tanta gente sin distinción de edad  muriéndose de hambre, o sobreviviendo en la miseria, o ganándose la vida trabajando como bestias en las minas de esmeraldas, o vendiendo minas antipersonales recogidas de los campos donde algunos canallas las pusieron. A ningún químico en sus cabales le molesta la existencia de la tabla periódica, pero quizá aquellos que piensan que todo se lo deben a ellos mismos se enfaden cuando se les explica que no es lo mismo nacer de una pareja de drogadictos de Pizarrales, que en la familia de un respetable médico de la calle del Arco.

Esto es, que fuera de las teorías del capital humano, y en palabras de Silvio Rodríguez:

"Tener no es signo de malvado y no tener tampoco es prueba de que acompañe la virtud/Pero el que nace bien parado, en procurarse lo que anhela no tiene que invertir salud

Por eso debemos tener como economistas tanto cuidado en no confundir los deseos con la realidad. Quizá habrá que admitir que algo que no nos gusta es cierto, y algo que nos encanta es falso. Es con honradez con la que construiremos nuestra ciencia; con honradez, y con esfuerzo, claro. 

Muchos de nosotros detestamos esa pirita de la miseria para tanta gente de nuestro planeta, y especialmente esa detestable tabla periódica de la muerte y explotación de los más pequeños. Parece, nos cuentan, que en los desfiles triunfales del Imperio Romano, mientras el héroe era aclamado por la multitud, alguien musitaba continuamente a su lado: recuerda que eres mortal. Y creo que a lo largo de nuestra vida y nuestro estudio, un espíritu amigo debe decirnos continuamente al oído: tras esa curvas hay dolor, tras esas teorías hay miseria, no lejos de aquí hay multitudes desesperadas.

Y con todo ello, y precisamente por eso, mi recomendación final: Defender la Alegría.

En palabras de Mario Benedetti incluidas por Juan Manuel Serrat en su álbum El Sur también existe:

"Defender la alegría como una trinchera/defenderla del caos y de las pesadillas/de la ajada miseria y de los miserables/de las ausencias breves y las definitivas...

defender la alegría como una certidumbre/defenderla a pesar de dios y de la muerte/de los parcos suicidas y de los homicidas/y también del dolor de estar absurdamente alegres"

 

Nuestra alegría será así como las amapolas, que florecen en los estercoleros como una venganza de la belleza sobre lo inmundo.

 José Hierro también desea que algo peculiar nos pase. Dice:

"Criatura también de alegría quisiera que fueras,/criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte