Arapiles
No hay mercado sin Estado, ni Estado democrático que no esté basado en valores comunes. Precisamente el libro La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, publicado en 1776, puede leerse como la exposición de la necesidad de creación de un nuevo Estado que, garantizando y defendiendo los derechos de propiedad, permita el desarrollo del mercado. No hay mercado si no existe un Estado que posibilite su libre desarrollo; y si no existe un estado legal, el propio mercado generará las mafias que garanticen su buen funcionamiento.
Hace
un tiempo, en una mañana preciosa de primavera, subí a lo
alto de Arapil grande. Allí, en el monolito que conmemora la famosa batalla, de
forma agradecidamente escueta, puede leerse:
"Arapiles, 22 Julio, 1812".
Así de simple, sin victorias, ni derrotas, ni glorias de nadie sobre nadie. Únicamente el nombre y la fecha, en el sobreentendido de que todos los que lo leen saben de la lucha tremenda que allí ocurrió, y del porqué del ese silencio y ese respeto.
Muy posteriormente, exactamente en 2002, bajo ese monolito, se puso una placa, en la que puede leerse:
"Los pueblos de Europa, al crear entre si una Unión, han decidido compartir un porvenir pacífico basado en los valores comunes, indivisibles y universales de la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la solidaridad
Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea, Arapiles, 2002"
El año de la batalla de Arapiles fue el mismo de la primera constitución española.
Mientras que ocurrían aquellos "Episodios Nacionales" narrados por nuestro Don Benito Pérez Galdós, se comenzaban a configurar las nuevas relaciones legales entre súbditos y monarcas transformadas por la Revolución Industrial como pretendía el libro de Smith. En algunos países, como Francia, ya se hablaba de Estado y ciudadanos, y en otros, como el nuestro, fallida LA PEPA, hubo que esperar mucho hasta conseguirlo.
Pero, curiosamente, esos valores "afrancesados" de libertad, igualdad y fraternidad se han incluido como referentes del sentir europeo.
Bien es verdad que la "fraternidad", quizá por aquello de que daba un cierto aroma a logia masónica, se ha sustituido por la solidaridad. Pero lo curioso de la inscripción de la placa que comentamos, es que esos tres valores: libertad, igualdad y solidaridad, parecen deducirse del reconocimiento de "la dignidad humana"
El reconocimiento de la dignidad. El reconocimiento asombrado del otro. El "namaste" del saludo hindú en el que, uniendo las palmas de las manos, uno se dirige a otro diciendo: te reconozco como alguien como yo; te reconozco la dignidad que tu y yo compartimos como seres vivos en nuestro aquí y ahora.
Dignidad del otro independientemente de todo lo demás.
Su dignidad viene de él, y a él hay que atenderle; por él, que eres tú.
Por nada más que por él, por nada más; no vaya a ser que en ese momento Dios ande bañándose en su azul de luceros y no se percate.
En Los Arapiles los rosales silvestres estaban llenos de brotes. Nuestros antepasados, su sangre y sus cenizas, son ahora flores.
Que tengáis un buen finde.