El Fin de Año Universitario
Vivo en una Ciudad Universitaria.
La población estudiantil pesa mucho en la población total, y más de la mitad de los universitarios tiene su domicilio familiar en otros lugares de España.
Las Navidades se suelen pasar en familia,
pero el fin de año es para
estar con los amigos. Y ocurre que enamorados, amantes, colegas, y compañeros,
no pueden pasar juntos esa noche, porque el 31 de Diciembre van a estar a muchos
kilómetros de distancia.
Así que este jueves en el que esto escribo, 13 de Diciembre, un inmenso gentío se reúne en la Plaza Mayor y se toman las doce uvas con las campanadas del Reloj del Ayuntamiento. Luego, la fiesta continúa hasta el amanecer.
Me complace observar cómo el ser humano en cuanto se aparta lo suficiente del reino de la necesidad extrema es un artífice de dignidad y sentimientos. El más pobre de los pobres se hará con un cuenco para comer su arroz, y el más desprendido de los shivaítas, con la arena y las aguas del Ganges, sacará brillo al tridente que representa sus creencias.
Nuestra igualdad básica está en el tiempo. Para todos los vivos, sean paupérrimos, hombres santos, o presidentes de multinacionales el día tiene veinticuatro horas; y los sistemas económicos pueden visualizarse como las formas y maneras en que unos obtienen el tiempo de los otros, con leyes, precios y creencias.
Un artesano puede usar todo un día para fabricar un brazalete. Una persona puede obligarle a entregar esa joya por miedo a un castigo, otro individuo se lo apropiará a cambio de un billete sucio, o él mismo pondrá el fruto de su trabajo en el regazo de alguien a cambio de una sonrisa.
Con tales apropiaciones del tiempo de los otros nos encontraremos con muchos seres humanos que carecen precisamente de ese tiempo para poder leer todos los libros que tienen, escuchar los discos que poseen, disfrutar de las mansiones de su propiedad... Y también habrá una tremenda multitud que, aún usando todo el tiempo del que disponen, no podrán llegar a conseguir lo más elemental para su subsistencia.
Observar las relaciones económicas bajo la perspectiva del destino que los seres humanos damos a nuestras únicas, limitadas e irrepetibles horas de cada día siempre me pareció una tarea apasionante.
Arrinconados los libros a los que se dedica el tiempo por miedo al suspenso, y olvidados momentáneamente los trabajos precarios a los que se dedican horas diarias a cambio de unos billetes, son los sentimientos y emociones los que dominan esta noche la asignación del tiempo de los estudiantes.
A las cinco de la mañana el mirlo loco canta, y toda la ciudad huele a churros. La gente se quiere.
Que tengáis un buen finde.
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