Inteligentes, Malvados, Incautos y...
La
semana pasada, en un curso, comencé proyectando un chiste del El Roto publicado
en El País. En él, dos juegan a las cartas, como en el cuadro de Cézanne, y uno de ellos se dirige al otro, que
tiene la cara magullada y con algún esparadrapo, y le pregunta:
"¿Cómo
te pudo pegar el patrón siendo tú más fuerte que él" -Y nuestro
personaje le responde: "Es que me estaba sujetando un economista"
La opinión que sobre nosotros, los economistas, ahí se refleja, ha sido fruto de
portentosos esfuerzos de nuestra parte para merecerla.
Dejadme
que os cuente una pequeña historia.
El profesor
Cipolla, pudo catalogó a los seres humanos en cuatro grandes categorías.
La
primera es la de los "Inteligentes". Son aquellos que en el intento de
conseguir algo para ellos lo logran para otros. Cuando un inteligente pone una
empresa gana dinero, pero también lo hace ganar a mucha gente. Cuando un
inteligente besa, disfruta del beso, pero también lleva el deleite al besado.
Cuando una sociedad está suficientemente surtida de inteligentes la mejora
global está asegurada, porque cada vez que uno de ellos trata de mejorar tira
de unos cuantos en la misma dirección.
Luego
están los "Malvados". Son aquellos que para beneficiarse ellos
perjudican a alguien. Su acción nos puede parecer reprobable, pero desde los
criterios de bienestar no podemos juzgar: colectivamente alguien mejora y
alguien empeora, y como somos incapaces de establecer comparaciones
interpersonales de utilidad, no podemos calibrar el resultado colectivo.
Simétricamente aparecen los "Incautos", que son aquellos que se sacrifican para que alguien mejore. Podemos admirarles y esperar que los dioses sean bondadosos con ellos, pero tampoco podemos obtener conclusiones sobre el bienestar colectivo: alguien mejora y alguien empeora; nada más.
Que
haya inteligentes es definitivamente bueno, y los malvados pueden compensarse
con los incautos. Pero nos queda, como dice el profesor Cipolla, la auténtica
plaga de nuestras sociedades: los estúpidos.
Son
estúpidos aquellos que sin conseguir nada para si, se dedicar a fastidiar las
vidas de los demás. Y todos, me temo, conocemos a demasiados.
Hasta
aquí concuerdo razonablemente con el profesor Cipolla, pero a partir de aquí hay
algo sobre lo que difiero absolutamente, y algo sobre lo que coincido hasta
el fin. Dice el profesor que en cualquier colectivo humano se encuentra la misma
proporción de estúpidos, y que siempre tendemos a subestimar la proporción de
estúpidos que existe en el colectivo al que pertenecemos.
Disiento
sobre la primera parte: creo que dentro de los economistas la proporción de estúpidos
alcanza dimensiones quiméricas. Y acepto hasta el fin la segunda: siempre me
sorprendo cada vez que tengo que añadir uno más a la lista.
Que tengáis un buen finde.