Policías y tartas

Hace unos días, hablando con un amigo sobre lo que hace muchos años esperábamos y lo que realmente hemos encontrado en la vida me decía: "Una de mis frustraciones, y no precisamente la última, es morirme sin haber espachurrado una tarta en la cara de un policía"

 

Los que andamos por los sesenta años, amanecimos al cine viendo películas en blanco y negro, donde los personajes se movían muy rápidamente, y difícilmente terminaba una película sin que alguien consiguiera impactar con una tarta en la cara de un policía.

 

A los policías de la pantalla, como a los de ahora, no les gustaba, pero que nada de nada, esa actividad. Y si alguien desea contrastarlo que compre una tarta, o, más económico, un tomate, y trate de espachurrarlo en la cara de un policía. Seguro que habrá represión.

 

Pero bueno,  ¿No es de nuestra sagrada propiedad, el tomate o la tarta? ¿Y alguien se atreve, coartándonos nuestra sagrada libertad, a prohibirnos hacer con lo que es nuestro lo que nos de la gana?

 

Pues así son afortunadamente las cosas en una sociedad sensata. Que la trompeta sea tuya no te asigna el derecho de usarla en tu casa a las cuatro de la mañana. Como no puedes traficar con drogas en tu casa por muy tuya que sea ésta. Ni almacenar residuos radiactivos en tu jardín, ni destrozar sembrados con tu quad, ni...

 

En el mercado no se compran objetos sino unos derechos a utilizarlos en un determinado sentido, y siempre, siempre, limitando su uso.

La lucha es continua entre los propietarios, que creen que ellos pueden hacer lo que les de la gana con lo que es suyo, y la sociedad, que regula ese uso adoptando la perspectiva del bienestar colectivo.

 

En nuestras economías occidentales hay un mercado muy importante  con unas características especiales: el mercado de trabajo.

Y si se regula el uso de la trompeta, con mucha más razón se regula el uso del trabajo. Los empresarios, que adquieren esa mercancía, querrían hacer con ella lo que les diera la gana, pero afortunadamente la sociedad regula ese uso teniendo en cuenta el bienestar colectivo. Que los empresarios se lamenten de la legislación existente que impide o dificulta, según ellos, la "creación de riqueza", es equivalente a que los propietarios de trompetas digan que la prohibición de su uso a las cuatro de la madrugada impide o dificulta la "creación musical".

 

Esas reglas no son un lastre que frene, sino precisamente lo contrario: son aquello que impulsa a una sociedad a alejarse de la barbarie.

 

Que tengáis un buen finde.

 

 

 

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