Los Reyes Magos

 

El día 21 será el solsticio de invierno, y los habitantes de este planeta, hoy como ayer, nos aprestamos a celebrar el final de las tinieblas crecientes, del avance de la luz, de la llegada de un nuevo ciclo, del nacimiento del Niño.

 

Hubo tiempos muy lejanos en los que nuestros antepasados miraban con terror este progresivo retraso de los amaneceres y ese adelanto de los atardeceres que también nosotros hemos vivido estos días. La noche se enseñoreaba del mundo, y también lo hacía el frío. Los pájaros emigraban, las hojas caían, y todo parecía acercarse al reino de la muerte.

 

Pero a partir del solsticio, todo empezaba lentamente a cambiar, aunque es verdad que había que esperar unos cuantos días hasta cerciorarse de que la esperanza era cierta.

 

"Para Reyes lo conocen los bueyes" dicen en la sierra de Salamanca, dando a entender que precisamente para esa fecha incluso los animales empiezan a notar que algo está cambiando.

 

La libertad es la ausencia de miedo. Y unos magos trataron de aliviar el dolor de aquella gente atemorizada. Les trazaron unos dibujos para que comprendieran qué era eso de la tierra y qué era aquello del sol.

 

Trazaron una elipse, y pusieron en un lado al sol, y a la tierra en cualquier otro sitio según la estación que fuese. Y nuestros antepasados sonrieron al entender y fueron más libres al perder el miedo.

 

Así nosotros, en esa fecha en la que "lo conocen los bueyes", recordaremos con gratitud a aquellos magos que hicieron desaparecer nuestro terror.

Esa elipse, que tanto nos ayudó a entender lo que éramos y dónde nos encontrábamos, la representaremos como un roscón ovalado donde el sol, como una fruta, aparece en un extremo, y la luna y los planetas van adornando el resto.

En dónde se encuentre precisamente la tierra es una sorpresa, que sólo se desvela a aquellos que, comiendo el roscón, participan de la sabiduría  de los magos.

 

Me gustaría que al mirar tantos roscones como vamos a ver en los próximos días, reflexionáramos sobre estas cosas, y pensáramos en qué medida, como los actuales Reyes Magos que en parte somos, podemos contribuir a disipar el miedo de la gente aterrorizada en nuestro hoy y ahora.

 

Porque nosotros, los que estudiamos y aprendemos, los que manejamos un ordenador y somos capaces de escribir y leer estas palabras en la Web, somos los sabios para aquella inmensa multitud de los habitantes de este planeta que están sumidos en la ignorancia, e, indefensos por ello, ante todos los carroñeros comedores de corazón y chupadores de sus vidas.

 

Pido a los Reyes Magos de nosotros, los otros Reyes Magos ilustrados, que la Economía que se enseña en las Universidades Occidentales deje de ser, en buena parte, exclusivamente una basura ideológica; para que así nadie, como recientemente muchos hemos leído, pueda volver a decir aquello de: "Dejé Económicas; me enseñaban a ser mala".

 

 

Buenas vacaciones, feliz año nuevo y merecidos Reyes Magos.

 

 

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