Topillos
Este año hubo una tremenda plaga de topillos en nuestros campos. Se comían todo y transmitían enfermedades. También hizo que se cambiaran, aunque me temo que sólo momentáneamente, algunas mentalidades.
Hay cosas que, como abonar la tierra o no, depende exclusivamente de la decisión del agricultor. Hay otras cosas como el que llueva o no, escapan completamente a la voluntad de éste. Y hay otras cosas, por último que exigen una acción colectiva.
La
lucha contra la plaga de topillos exigió un comportamiento común. La
individualidad no cuenta. Estos animalitos no entienden que la tierra esté
dividida en parcelas, campos o fincas con distintos propietarios. De poco vale
que por cualquier medio se les logre echar de un sitio, si el vecino no hace lo
mismo, y el vecino del vecino, claro.
Y de la misma forma que los topillos no distinguen entre propiedades, los virus de la gripe no distinguen entre personas, y el cambio climático no distingue entre países.
El mercado es un instrumento eficaz y sencillo como elemento de decisión sobre ¿qué hacer, y cómo hacerlo? pero sólo funciona correctamente cuando lo que alguien toma impide que otro lo haga, y cuando se puede excluir a cualquier persona de lo producido.
Por eso producir, comprar, vender y consumir tomates es tan sencillo, y acordar en una Comunidad de Vecinos sobre si poner o no un jardín en el patio resulta tan complicado. Ni que yo admire el jardín impide que cualquier otro vecino pueda hacerlo al mismo tiempo, ni se puede obligar a ponerse una venda en los ojos para que no lo vea aquél que no quiere participar en el coste.
Cuando no se da la rivalidad en el consumo, aunque pueda practicarse la exclusión, como es el caso de la televisión de pago, el mercado deja de ser competitivo y entramos en los monopolios naturales. Cuando existe esa rivalidad pero no ser puede excluir a nadie como es el caso de la pesca libre, o el medio ambiente, vamos a los recursos comunes. Y cuando, como es el caso de la defensa nacional o en la prevención del choque de un meteorito contra muestro planeta, donde ni puede excluirse a nadie de los resultados ni se aplica la rivalidad, se entra de lleno en los llamados bienes públicos.
Cualquiera, en un año de estudio, puede alcanzar un conocimiento aceptable del funcionamiento de los mercados. Pero lo otro, la acción colectiva, tan relevante en nuestro hoy y ahora, y tan previsiblemente con importancia creciente en un futuro inmediato, es muchísimo más difícil tanto de entender su lógica, como de poder establecer reglas de comportamiento adecuadas.
Cuenta una historia que alguien se encuentra con otro que, en una noche cerrada, parece buscar algo bajo un farol. "¿Qué - le pregunta - se le perdió algo?" Si - le responde el otro - unas llaves" "Y ¿se le cayeron por aquí?" "No - responde el buscador - se me cayeron por allá, pero es que aquí hay luz".
Esperemos que por mucho que sepamos del mercado no intentemos a la luz de ese conocimiento buscar unas llaves que sabemos que hemos perdido en otro sitio.
Y esperemos también la cosecha de Verdejo, que entre los topillos comiéndose las cepas y los chinos comiéndose el jamón, vamos a estar arreglados.
Que tengáis un buen finde.
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