Jennifer Gobierno

Los experimentos reales son muy difíciles de hacer en economía. Y debo añadir que afortunadamente. Solo faltaría que un país cayera en las manos de algún enloquecido sabio visionario de los que tanto abundan en la profesión. Bastó, en casos tan sonados como Chile en el 1973 y Rusia en el 1991, con que tales orates se limitaran a aconsejar las acciones a tomar para que todo fuera un desastre; con lo que podemos imaginarnos el dolor, la sangre y el sufrimiento adicional que hubiesen provocado si todo el poder hubiese recaído en sus manos. Mejor, si, mucho mejor que los experimentos sociales no puedan llevarse a cabo

Pero los experimentos mentales están a disposición de cualquiera de nosotros contando con la imaginación.

Max Barry ha hecho uno de esos experimentos mentales y lo ha escrito en un libro que ha titulado Jennifer Gobierno.

En el futuro, no muy lejano, nos cuenta Max Barry, exceptuando Europa y China todos  los demás países o forman parte de los Estados Unidos, o están a punto de integrase en ellos.

Los individuos han perdido sus apellidos y toman los de la empresa multinacional para la que trabajan: así tendríamos José Luis IBM o Patricia Hewlett Packard, por ejemplo.

Con este dato se entiende el título de la novela señalando que la protagonista Jennifer trabaja para el gobierno y por eso se la conoce como Jennifer Gobierno. Gobierno por lo demás reducido al mínimo, en el que alguien si quiere que se investigue el asesinato de un familiar tiene que pagar a la policía para que lo haga.

Nike, la de las zapatillas, organiza campañas de márketing que incluye el asesinato de algunos de sus compradores para elevar el precio de los nuevos modelos. Asesinato, por cierto, que el responsable de éste subcontrata con la policía que le hace un precio muy adecuado.

La Asociación Nacional del Rifle campa por sus respetos por todo el planeta como los nuevos mercenarios que pueden ser comprados para atacar con misiles la sede de las compañías rivales.  Cuando nuestra protagonista es arrojada por la ventana y se estrella contra el techo de un coche el propietario de este la demanda por agresión a la propiedad privada. En fin, un desatino.

Pero, me preguntaba yo, ¿realmente un desatino?

La verdad es que nada me sorprendía de lo que leía. Es la idea que tienen del mundo muchos de los poderosos y no tan poderosos habitantes del País Maravilloso: El Estado mínimo.

Para esa visión, a la que se apuntan muchos inconscientes e indeseables muy conscientes, el mercado es lo básico, y únicamente debe existir Estado en la medida en que éste es absolutamente imprescindible para el correcto funcionamiento del mercado, esto es para definir y defender los derechos de propiedad; con lo que con un ejército que proteja de las injerencias exteriores, y que pueda ampliar territorialmente el ámbito del mercado si así se desea, unas leyes que se limiten a un código de comercio y poco más (transmisiones patrimoniales, herencias, separaciones de bienes, etc), y una policía que vele por el cumplimiento de esas leyes, ya hay más que suficiente.

¿A qué os suena?

Tengo que agradecer al autor del libro que mantuviese esta vieja Europa, en la que el imperio del dinero está contrapesado con los imperios de la Ley y las Creencias, fuera de la barbarie.

Esto será una gran y larga lucha, ya lo veréis.

Que tengáis un buen finde.

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