Pobres, ilegales, raros

Hay bienes valiosísimos a los que tenemos acceso porque tenemos derecho, como una operación de apendicitis; hay bienes a los que tenemos acceso porque los adquirimos, como una bufanda; y hay bienes a los que tenemos acceso porque alguien nos los regala, como un beso.

Otra vez nos encontramos, como casi siempre, con los tres imperios: el de la ley, el del dinero, y el de las creencias. La operación te la realizan porque como ciudadano tienes derecho, la bufanda la adquieres porque tienes dinero y el beso lo consigues porque una variedad de tus características personales hacen que alguien te quiera.

El mundo de los derechos es estricto. Nadie en el hospital público te pedirá tu tarjeta de crédito para atenderte, ni se te operará o no en función de lo simpático que seas.

Como estricto es también el mundo del mercado en el que no se te pedirá que muestres el pasaporte para comprar la bufanda, ni tampoco te harán un precio especial por ser alto, gordito o tímido.

Y como también ocurre en el mundo valorativo en el que tus amigos no sabrán el estado de tu cuenta corriente, y en el que las madres seguirán a nuestro lado por más encerrados que estemos en una cárcel, o perseguidos por la justicia.

Así, en estas sociedades Europeas en las que vivimos ahora apartados momentáneamente de la barbarie, el hecho de ser pobre, en el sentido de carecer de dinero, no conduce de por si a la desgracia o la exclusión. Doña Remedios, digamos, puede ser pobre puesto que sólo cuenta con una pensión asistencial, pero Doña Remedios sabe que tiene acceso a la asistencia médica, a la protección policial, a la defensa jurídica y a muchas otras cosas, por el simple hecho de que puede mostrar un documento que la acredita como ciudadana de la Unión Europea. Y además doña Remedios, aunque no tenga familia, goza del respeto de sus vecinos, puede hablar con ellos y pasar el tiempo feliz cotilleando de lo que le plazca. Doña Remedios es pobre pero en absoluto es una excluida.

Doña Remedios es pobre, pero es legal y es una persona "normal" dentro de su contexto. Otra cosa distinta sería si Doña Remedios aparte de pobre fuera una alcohólica, o se vistiera de forma estrafalaria, o no compartiese con sus vecinos cosas tan convencionalmente normales como comportamiento sexual, creencias, lengua o color de la piel. Y de la misma forma que alguien raro pero acaudalado se le cataloga como "snob", seguro que a esta buena mujer si así actuase, prontamente la desaparecería lo de "Doña" y comenzaría a llamársela "La Reme".

La exclusión es pobreza y algo más.

Un pobre es simplemente alguien que está apartado de aquello que se puede conseguir en el mercado. La exclusión aparece en el momento en que ese individuo, por soledad o peculiaridad, queda apartado de todo aquello que proviene del retículo valorativo; o bien que por su situación de ilegalidad, queda alejado de toda la red de protección social a la que se accede por el mero hecho de ser un residente legal en un país de la Unión europea.

La exclusión social total se centra, consecuentemente, en aquellos que además de pobres, son ilegales y raros.

Como quizá aquel, primero golfillo, luego quizá bufón, pobre y feo que Velázquez inmortalizó como "El Niño de Vallecas" y que nuestro buen León Felipe reflejó en su poema.

Que tengáis un buen finde.

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