Cañones y mantequilla  

Cuando en 1970 se concedió a Paul A. Samuelson el Premio Nobel de Economía éramos muchos para los que el primer contacto con la Teoría Económica había sido el estudio de su manual de introducción. 

Los estudiantes de ayer y hoy tratamos de entender el mundo recurriendo al estudio de la Economía, y para todos nosotros la expresión “cañones y mantequilla” evoca aquellos primeros momentos del nuestro particular camino. 

Samuelson nos contaba, en su difundida y afortunada parábola, cómo un país, que sólo puede producir cañones o mantequilla, se enfrenta a la decisión de cuántas unidades de cada uno de esos bienes desea fabricar. Puede, lógicamente, dedicarse exclusivamente a la producción de cañones, puede también producir sólo mantequilla, o, finalmente, optar por producir una mezcla de ambos. 
En el maravilloso mundo de la teoría, un país que tiene ventaja comparativa en la producción de cañones fabricará estos, y los cambiará por la mantequilla hecha con más facilidad en otro país.
¿Pero quién nos puede asegurar ese país, productor de cañones, no utilizará esos cañones para arrebatar la mantequilla del segundo país a cambio de nada o por un precio ridículo? La primacía de tal país en lo militar dentro del llamado orden internacional, que probablemente él mismo imponga, será la consecuencia de esa elección aparentemente exenta de política.
Pero aún en el caso de que ese país guerrero respete las normas del comercio internacional y se comprometa a un intercambio libre de bienes, no dejará de estar interesado en vender cuantos más cañones mejor, con lo que fomentará las situaciones en las que tales productos sean muy demandados.
No hay duda de que los productores de jamón ibérico estarán muy interesados en que la gente sea cuanto más rica mejor, y así, en lugar de meter "choped" en el bocadillo lo hagan con su rico producto. Pero ¿en qué pueden estar interesados los fabricantes de puertas blindadas, de medicamentos, o de paraguas?
Pues lógicamente en que haya inseguridad, enfermedad y lluvias. Claro está que los fabricantes de paraguas no pueden provocar lluvias, pero ¿estamos seguros que no puede haber un interés en el aumento de la inseguridad y de la enfermedad en el caso de los dos primeros?
¿Y qué decir de los productores de armas? Sus departamentos de marketing, ¿a qué se dedicarán excepto a fomentar guerras y dictaduras militares por el planeta?
Un país que se especialice en la producción de mantequilla difícilmente puede utilizar ésta para imponer su imperio y rapacidad al resto del mundo, ni para forzar intercambios desiguales en el comercio.
Un país que se especialice en la producción de mantequilla tratará de vender la mayor cantidad de ésta y estará interesado en que gentes antes pobres puedan comenzar a untar mantequilla en su pan.
¿Y qué ocurre con los países especializados en "cañones"? ¿Quiénes son los beneficiados en una guerra como la de Irak? Pues, aparte de unos cuantos millonarios que ahora exhiben ante sus amistades los tesoros expoliados del Museo Arqueológico de Bagdad , los favorecidos han sido los fabricantes de "cañones", esto es, de misiles, raciones de combates, armamento, impedimenta militar, y un sin fin de gastos que, lógicamente, para otros, son ingresos.
Y claro, todo hecho en nombre de la paz, de la democracia y de la extensión global del sabio mercado.
¡que vergüenza!