La cuadrilla variopinta
Tal como cuentan Peter Linebaugh
y Marcus Rediker en su fascinante libro La
Hidra de la Revolución, el 25 de julio de 1609 el Sea Venture
que navegaba desde Plymouth a Virginia se hunde en una tempestad y los
supervivientes alcanzan las Bermudas. Excepto los oficiales, todos se
desplazaban desde la miseria de Inglaterra a la tremenda explotación de
Virginia. Pero descubrieron en las islas la plenitud, la independencia, la
naturaleza, la alegría...Duró poco. Pronto llegaron otros barcos de guerra a
imponer el orden, se cazó a aquellos individuos que vivían su libertad, y se los
condujo de la abundancia a la indigencia. Así actuaron, como suele ser habitual
en la historia, los creadores de escasez.
La historia debió de correr de boca en boca y acrecentarse, ya que parece que fue la base de la obra La Tempestad que Shakespeare escribió pocos años después. Pasadas seis décadas desde aquellos sucesos, no era exactamente esa Tempestad de Shakespeare la que se representaba por los teatros, sino otra tempestad, basada quizá en la primera, o tomando como base directamente los hechos ocurridos en las Bermudas. En esta obra, de Willian Davenat y John Dryden, titulada La tempestad, o la isla encantada, un personaje llamado Mustacho pronuncia un deseo en un brindis: "Por una vida corta y alegre" ("A short life and a merry I say")
Quizá
ésta sea uno de los mejores ejemplos de las profecías que se autocumplen de las
que, en Economía, tenemos una gran abundancia. Pasados unos años desde aquel
brindis literario, decir tal cosa en un barco de la armada significaba, para el
marinero que tal cosa profiriese, el cumplimiento sumario de la la primera parte
de la frase, puesto que su vida se acortaba inmediatamente como consecuencia del
hecho de que se le ahorcaba sin más miramientos.
Sin duda que el responsable del paso de frase literaria a preludio de sentencia de muerte, fue Bartholomew Roberts que la usaba a muy a menudo. Y resultaba que ese buen hombre fue Capitán Pirata.
Piratas, esclavos, campesinos desposeídos, trabajadores miserables, rebeldes de toda condición, con sus distintos colores de pieles y distintos colores de harapos constituyeron para los bien pensantes, para los gobernadores, para los ricos hacendados, una despreciable, y así la denominaron, "cuadrilla variopinta" ("motley crew").
Esa detestable cuadrilla variopinta constituyó el núcleo de la Revolución Americana y de la Revolución Francesa; esto es, de aquello que consideramos los fundamentos sociales de nuestro Occidente. Esa repugnante cuadrilla variopinta, muchos años después, luchó por la Seguridad Social, por la educación de los jóvenes, por los derechos de los trabajadores, y por todo lo que llamamos hoy Estado de Bienestar.
Esa inmunda cuadrilla variopinta, siempre presente, ha hecho posible que esa frase de "una vida corta y alegre" pueda ser transmutada en nuestros días en esa otra de "una vida larga y alegre". De gente que sin temor, sin miedo, y por ello más libre, afronta, por primera vez en nuestra historia europea unas vidas dilatadas y sonrientes.
Gracias a esa detestable y anónima cuadrilla variopinta somos afortunadamente lo que somos.
Y mucho más nosotros, los que andamos por aquí en la Universidad.