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DOS GEÓLOGOS
ESPAÑOLES HAN SITUADO EL NOROESTE DE LA PENÍNSULA
EN EL MAPA TERRESTRE DE HACE 600 MILLONES DE AÑOS
Érase
una vez Galicia
SANDRA PENELAS - Vigo
Dos investigadores españoles
han revolucionado la historia geológica del noroeste de
la península ibérica estableciendo con mayor precisión
la posición que ocupaba hace unos 600 millones de años.
Por primera vez en el mundo, los investigadores Javier Fernández
Suárez y Gabriel Gutiérrez Alonso han utilizado
la técnica de datación U-Pb (uranio plomo) por
ablación mediante láser para resolver un problema
geológico.
"La geología
todavía tiene una parte de novela en la que es posible
la especulación, al menos, para lanzar ideas", asegura
Javier Fernández, que trabaja como investigador en la
Universidad Complutense. Los estudios existentes situaban lo
que hoy es Galicia, Asturias y la parte occidental de Castilla
y León hace 600 millones de años cerca de su posición
actual en el norte de África.
Javier Fernández
y Gabriel Gutiérrez, profesor en la facultad de Geología
de Salamanca, decidieron "jugar" con esta posición
y demostraron que ese pedazo de la península "estaba
más cerca de lo que, con el tiempo, se convirtió
en las costas de Canadá y de Nueva Inglaterra y el norte
de América del Sur, y más lejos de la Bretaña
francesa -entonces, Cadomia- de lo que se creía".
Para demostrar su hipótesis
y reconstruir el enigmático mapa de las masas continentales
que, a lo largo de millones de años, se han ido acercando
y alejando hasta llegar a la configuración actual, los
dos investigadores recurrieron al circón, un mineral presente
en las rocas y cuyos diminutos cristales, al contrario que aquéllas,
permanecen inalterables a lo largo de las diferentes eras geológicas
de la Tierra. "Lo novedoso es que encontramos circones de
la edad de Grenville -de entre 900 y 1.100 millones de años-
en el noroeste peninsular", explica Javier Fernández.
El trabajo de campo
comenzó en 1996 y recogieron rocas en Villalba y en las
playas de la Mariña lucense de Xilloi, Areagrande y Areoura.
También obtuvieron muestras en las aldeas asturianas de
La Espina y Selce.
Las cifras reflejan
la minuciosidad propia de la orfebrería que requiere el
análisis: de cada 10 o 15 kilos de rocas, se obtienen
unos miligramos de circones.
En nuestro país
no existe ningún laboratorio que pueda aplicar la técnica
de ablación por láser a esos circones, por lo que
las primeras pruebas se realizaron en la Universidad Memorial
de Terranova, Canadá, donde Fernández realizaba
el postdoctorado. Allí trabajaron con el geocronólogo
George Jenner.
A finales del pasado
año, los dos investigadores regresaron del Museo de Historia
Natural de Londres, en el que colaboraron con Teresa Jeffries,
"una grandísima experta en ablación láser",
y aplicaron la técnica U-Pb con otra longitud de onda.
"Hemos obtenido resultados 6 o 7 veces más precisos,
que aún estamos analizando", explican.
La prestigiosa revista
Precambrian Research publicó el artículo de ambos
geólogos este año, a pesar de que ya habían
presentado su investigación en 1999 en sendos congresos
de Badajoz y Manchester. "La ciencia moderna tiene poco
de fe y debes ofrecer propuestas sólidas y datos de calidad.
Los científicos han encontrado atractivas nuestras ideas",
destaca Gabriel Gutiérrez.
"Para seguir la
película, hemos recogido rocas en el suroeste de la península
-Badajoz- y en la Bretaña francesa", añade
Javier Fernández. A largo plazo, proyectan analizar circones
del norte de África "para intentar publicar otro
trabajo" y arrojar más luz sobre la disposición
de los continentes hace 600 millones de años.
Investigar en España
Ambos investigadores
han tenido que desarrollar su trabajo en el extranjero, al menos
temporalmente, y desplazarse a los "cotizados" laboratorios
de Londres y Terranova. A pesar de que califican la experiencia
como "enriquecedora", critican las dificultades que
existen en España para dedicarse a la investigación.
"El Estado debería
equiparar sus inversiones a las de otros países europeos.
Este año, por ejemplo, no ha concedido ayudas a muchos
científicos que todavía no saben si podrán
seguir investigando", critica Gabriel Gutiérrez.
"El problema no es tanto de los políticos, sino de
quien decide en qué se invierte el dinero. Excepto en
los centros estrellas como el de Barbacid, no existe una política
de buscar a gente que mejore su trabajo", juzga Javier Fernández.
"Trabajamos más que en el extranjero y lo que prima
es el esfuerzo individual", concluye.
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Tres
meses buscando minúsculas "pepitas de oro" entre
kilos de rocas
Existen tres métodos
de análisis para datar circones, pero "todos requieren
mucho tiempo y son muy costosos". Gabriel Gutiérrez
y Javier Fernández decidieron utilizar la técnica
de U-Pb (uranio plomo) por ablación por láser,
porque es "más rápida y barata".
Pero, antes de aplicarla,
los geólogos se convierten en verdaderos buscadores de
oro durante un proceso que dura tres meses. Las rocas son machacadas
y molidas y, a continuación, se separan los minerales
que contienen a través de métodos químicos
y magnéticos. "De aquí resultan unos granitos
que, bajo una lupa y con pinzas de precisión, son colocados
en unas pastillas de resina y pulidos hasta alcanzar las 100-150
micras de tamaño". Entre los circones obtenidos,
"se eligen los más adecuados para conocer su edad".
Dentro de una cámara
al vacío, el láser realiza un disparo con un diámetro
de entre 10 y 30 micras en el circón. En el plasma formado
tras su volatilización se mide la relación isotópica
de uranio, plomo y torio y se averigua su antigüedad.
De esta forma, los dos
investigadores hallaron circones de la edad de Grenville, de
entre 900 y 1.100 millones de años, y cambiaron los mapas
que hasta ahora existían sobre Gondwana, el continente
primigenio.
Se sabía que
en el Proterozoico, muchas de las masas continentales que ahora
están unidas estaban dispersas a lo largo de una zona
de subducción situada en el borde norte de África
y Sudamérica. "Pero hace 600 millones de años,
el noroeste de Iberia -no me gusta hablar de países ni
naciones- no estaba cerca del actual norte de África como
se creía, sino de lo que después serían
los estados de Carolina del Norte y del Sur, Terranova -Avalonia-
y la parte nororiental de América del sur", explica
Gabriel Gutiérrez.
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