Lunes, 19 de marzo de 2001

GALICIA

       

FARO DE VIGO


DOS GEÓLOGOS ESPAÑOLES HAN SITUADO EL NOROESTE DE LA PENÍNSULA EN EL MAPA TERRESTRE DE HACE 600 MILLONES DE AÑOS

Érase una vez Galicia

SANDRA PENELAS - Vigo

Dos investigadores españoles han revolucionado la historia geológica del noroeste de la península ibérica estableciendo con mayor precisión la posición que ocupaba hace unos 600 millones de años. Por primera vez en el mundo, los investigadores Javier Fernández Suárez y Gabriel Gutiérrez Alonso han utilizado la técnica de datación U-Pb (uranio plomo) por ablación mediante láser para resolver un problema geológico.

"La geología todavía tiene una parte de novela en la que es posible la especulación, al menos, para lanzar ideas", asegura Javier Fernández, que trabaja como investigador en la Universidad Complutense. Los estudios existentes situaban lo que hoy es Galicia, Asturias y la parte occidental de Castilla y León hace 600 millones de años cerca de su posición actual en el norte de África.

Javier Fernández y Gabriel Gutiérrez, profesor en la facultad de Geología de Salamanca, decidieron "jugar" con esta posición y demostraron que ese pedazo de la península "estaba más cerca de lo que, con el tiempo, se convirtió en las costas de Canadá y de Nueva Inglaterra y el norte de América del Sur, y más lejos de la Bretaña francesa -entonces, Cadomia- de lo que se creía".

Para demostrar su hipótesis y reconstruir el enigmático mapa de las masas continentales que, a lo largo de millones de años, se han ido acercando y alejando hasta llegar a la configuración actual, los dos investigadores recurrieron al circón, un mineral presente en las rocas y cuyos diminutos cristales, al contrario que aquéllas, permanecen inalterables a lo largo de las diferentes eras geológicas de la Tierra. "Lo novedoso es que encontramos circones de la edad de Grenville -de entre 900 y 1.100 millones de años- en el noroeste peninsular", explica Javier Fernández.

El trabajo de campo comenzó en 1996 y recogieron rocas en Villalba y en las playas de la Mariña lucense de Xilloi, Areagrande y Areoura. También obtuvieron muestras en las aldeas asturianas de La Espina y Selce.

Las cifras reflejan la minuciosidad propia de la orfebrería que requiere el análisis: de cada 10 o 15 kilos de rocas, se obtienen unos miligramos de circones.

En nuestro país no existe ningún laboratorio que pueda aplicar la técnica de ablación por láser a esos circones, por lo que las primeras pruebas se realizaron en la Universidad Memorial de Terranova, Canadá, donde Fernández realizaba el postdoctorado. Allí trabajaron con el geocronólogo George Jenner.

A finales del pasado año, los dos investigadores regresaron del Museo de Historia Natural de Londres, en el que colaboraron con Teresa Jeffries, "una grandísima experta en ablación láser", y aplicaron la técnica U-Pb con otra longitud de onda. "Hemos obtenido resultados 6 o 7 veces más precisos, que aún estamos analizando", explican.

La prestigiosa revista Precambrian Research publicó el artículo de ambos geólogos este año, a pesar de que ya habían presentado su investigación en 1999 en sendos congresos de Badajoz y Manchester. "La ciencia moderna tiene poco de fe y debes ofrecer propuestas sólidas y datos de calidad. Los científicos han encontrado atractivas nuestras ideas", destaca Gabriel Gutiérrez.

"Para seguir la película, hemos recogido rocas en el suroeste de la península -Badajoz- y en la Bretaña francesa", añade Javier Fernández. A largo plazo, proyectan analizar circones del norte de África "para intentar publicar otro trabajo" y arrojar más luz sobre la disposición de los continentes hace 600 millones de años.

Investigar en España

Ambos investigadores han tenido que desarrollar su trabajo en el extranjero, al menos temporalmente, y desplazarse a los "cotizados" laboratorios de Londres y Terranova. A pesar de que califican la experiencia como "enriquecedora", critican las dificultades que existen en España para dedicarse a la investigación.

"El Estado debería equiparar sus inversiones a las de otros países europeos. Este año, por ejemplo, no ha concedido ayudas a muchos científicos que todavía no saben si podrán seguir investigando", critica Gabriel Gutiérrez. "El problema no es tanto de los políticos, sino de quien decide en qué se invierte el dinero. Excepto en los centros estrellas como el de Barbacid, no existe una política de buscar a gente que mejore su trabajo", juzga Javier Fernández. "Trabajamos más que en el extranjero y lo que prima es el esfuerzo individual", concluye.

 

 

 


 

Tres meses buscando minúsculas "pepitas de oro" entre kilos de rocas

Existen tres métodos de análisis para datar circones, pero "todos requieren mucho tiempo y son muy costosos". Gabriel Gutiérrez y Javier Fernández decidieron utilizar la técnica de U-Pb (uranio plomo) por ablación por láser, porque es "más rápida y barata".

Pero, antes de aplicarla, los geólogos se convierten en verdaderos buscadores de oro durante un proceso que dura tres meses. Las rocas son machacadas y molidas y, a continuación, se separan los minerales que contienen a través de métodos químicos y magnéticos. "De aquí resultan unos granitos que, bajo una lupa y con pinzas de precisión, son colocados en unas pastillas de resina y pulidos hasta alcanzar las 100-150 micras de tamaño". Entre los circones obtenidos, "se eligen los más adecuados para conocer su edad".

Dentro de una cámara al vacío, el láser realiza un disparo con un diámetro de entre 10 y 30 micras en el circón. En el plasma formado tras su volatilización se mide la relación isotópica de uranio, plomo y torio y se averigua su antigüedad.

De esta forma, los dos investigadores hallaron circones de la edad de Grenville, de entre 900 y 1.100 millones de años, y cambiaron los mapas que hasta ahora existían sobre Gondwana, el continente primigenio.

Se sabía que en el Proterozoico, muchas de las masas continentales que ahora están unidas estaban dispersas a lo largo de una zona de subducción situada en el borde norte de África y Sudamérica. "Pero hace 600 millones de años, el noroeste de Iberia -no me gusta hablar de países ni naciones- no estaba cerca del actual norte de África como se creía, sino de lo que después serían los estados de Carolina del Norte y del Sur, Terranova -Avalonia- y la parte nororiental de América del sur", explica Gabriel Gutiérrez.

 

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