El poder y el “status” [GDD1] 

 

La capacidad que algunos miembros del grupo tienen para influir en la conducta de los demás es un indicador del grado de poder de que gozan[GDD2] , siendo esta una condición que capacita a algunas personas para establecer objetivos, generar cohesión, inducir compromiso, motivar, resolver conflictos, crear expectativas de rendimiento, etc. Al mismo tiempo, su distribución y ejercicio suelen estar en el origen de múltiples tensiones grupales[GDD3] .

 

El poder se define en la OE como la capacidad  (de una persona o un grupo) para:

 

ü     Vencer las resistencia de las personas a aportar el esfuerzo y los recursos intelectuales que son necesarios para alcanzar las metas del grupo[1];

ü     Generar comportamientos que no hubiesen ocurrido si esta fuerza (el poder) no hubiese sido ejercida[2];

ü     Afrontar los problemas actuales o potenciales del grupo o de la organización[3].

 

Un amplísimo trabajo de investigación se ha realizado para identificar los determinantes individuales y sociales del poder[4], existiendo un creciente interés por conocer cómo emerge este fenómeno en la red de intercambios no formales que cristalizan en las organizaciones[5].

 

Los estudios sobre el poder suelen distinguir entre[GDD4] :

 

ü     Las fuentes personales del poder, o atributos individuales que guardan relación con este atributo (educación, experiencia, simpatía, inteligencia, fortaleza, atractivo, etc.)

ü     Las fuentes formales o estructurales del poder, origen de derechos y privilegios asociados a personas o departamentos que gozan de autoridad para regular el comportamiento de los miembros u unidades de la organización, dentro de su campo de actividad y según las normas existentes[6].

 

Una de las teorías que explican de forma convincente cómo se detenta, distribuye y pierde el poder en los grupos es, sin duda alguna, la de Cobb[7], a su vez inspirada en la teoría de Emerson sobre la relación entre poder y dependencia[8], en la que se establece:

 

r     Primer postulado: el poder que tiene “A” sobre “B” es igual a la dependencia que tiene “B” respecto de “A”.

r     Segundo postulado: El poder de “A” sobre “B”, y por lo tanto, la dependencia de “B” respecto de “A” está en correlación positiva con los recursos que “A” le proporciona a “B” para el logro de sus objetivos o satisfacción de sus necesidades y expectativas y en correlación inversa con los recursos que “B” recibe fuera de la relación de dependencia que mantiene con “A” para la consecución de sus metas personales o profesionales.

 

Gráficamente:

 

 

La distribución del poder, interpretados sus efectos desde la teoría de Cobb/Emerson, arroja mucha luz acerca de cómo ocurren, y con qué resultados, los procesos de negociación en las organizaciones y en los grupos: el éxito de una negociación en la que las partes pretenden lograr el mayor beneficio depende, si duda, de la percepción que cada una de ellas transmite acerca del poder que tiene para controlar contingencias que a la otra le interesan y para transmitir que tal control es total, sin que la otra parte pueda optar a otras alternativas que satisfagan sus necesidades fuera del proceso de negociación[9].

 

Otra de las teorías de amplia aplicación en la organización científica es la conocida como “estratégico-contingentista”, propuesta por Hickson, Hillings, Less, Schneck y Pennings en el año 1971[GDD5] , y verificada por ellos mismos en el año 1974.

 

De acuerdo con la teoría estratégico-continghentista, el poder de un departamento o de una persona que forma parte de una organización depende del grado en que ejerce control sobre las contingencias estratégicas[GDD6] , y ello es, a su vez, función de tres variables:

 

ü     La habilidad para reducir la impredictibilidad, o para limitar la incertidumbre, de los sucesos futuros;

ü     La capacidad para controlar los flujos de información (centralidad);

ü     La dificultad que plantee su sustitución por otra unidad o persona que realice las funciones y tareas que tiene atribuidas (“sustituibilidad”).

 

Gráficamente:

 

 

Para Hickson et al. (1974), los tres determinantes del control estratégico[GDD7]  son esenciales (si alguno tiene valor cero, no se tiene poder), o, lo que es lo mismo, proponen un modelo de tipo multiplicativo), hecho que no siempre halla justificación en la realidad (un departamento puede no ser sustituible fácilmente –por su alto nivel de especialización, por ejemplo-, tener elevada centralidad y ser un limitador del grado de incertidumbre respecto de los efectos de las decisiones oganizacionales sin que goce de la condición de “estratégico”). Para obviar esta limitación, cabe reinterpretar el modelo inicial otorgándole al “control estratégico” la condición de moderador de las variables que definen la “capacidad de poder” (reducción de la incertidumbre”, “difícil sustitución” y “centralidad):

 

 

Saunders[10], además de tratar de “operacionalizar” las variables que entran en ambos modelos, prueba la capacidad de explicación de uno y otro modelo, concluyendo que la realidad se interpreta de forma más satisfactoria mediante la “teoría modificada del control estratégico, lo que le lleva a postular que lo primero que tiene que hacer un departamento para incrementar su poder es asumir funciones y responsabilidades que son críticas para la organización (control de contingencias estratégicas) y, después, incrementar el aporte a otros departamento de “inputs” que les son imprescindibles, para, de esa forma, hacerse cada vez más imprescindible, al mismo tiempo que trata de mejorar su habilidad para afrontar las incertidumbres.

 

Con raíces en el pensamiento postmoderno y postestructuralista[11], y en especial en el análisis que realiza Foucault[12] de las fuentes y los instrumentos del poder, asistimos en los últimos años a una reinterpretación de los modelos clásicos de este elemento crítico de las organizaciones y de las sociedades, que desmantela, o de-construye, la concepción jerárquica, propia de la teoría burocrática; teoría que sitúa en los órganos superiores de la estructura organizativa toda la capacidad y legitimidad para adoptar decisiones y controlar su aplicación.

 

El poder en Foucault es un instrumento difuso y pervasivo de control social, que solapadamente forma parte del propio tejido social, que es casi invisible, que se presenta frecuentemente disfrazado, pero que es siempre eficaz en la determinación y “normalización” de los comportamientos de los individuos y de los grupos, en cuya base están las “prácticas disciplinarias”, o normas, discursos, creencias, usos, valores, etc., que generan constantemente una autorregulación de las actuaciones de los ciudadanos (estudiantes, trabajadores, médicos, etc.)[13], y ello sin necesidad de manifestaciones imperativas por parte de quien ostenta la autoridad entendida en el sentido “weberiano”.

 

Los procesos de racionalización de las relaciones sociales, económicas, culturales, educativas, organizacionales, laborales, etc. es la vía más eficaz de poder, de hacer previsible las actuaciones de aquellos sobre los que se ejerce el poder, o lo que es lo mismo, de “normalizar” el funcionamiento de los individuos y de los grupos: el control se ejerce, en realidad, sobre los “discursos” que generan normalización y autocontrol.

 

Desde un planteamiento tradicional, el poder de “A” sobre “B” es función de la capacidad que tiene “A” para hacer que “B” actúe, aunque no quiera hacerlo, en la forma que “A” decide que lo haga. De acuerdo con la nueva concepción, la fórmula es mucho menos traumática, más “igualadadora” y, sobre todo, más eficiente:

 

“A” ejerce poder sobre “B” en la medida que consigue que “B” desee actuar en la forma que quiere “A”, y autorregula de forma autónoma su conducta para que ello sea efectivamente así.

 

Suele citarse como paradigma (en el sentido platónico de ejemplo “ejemplar”) de la concepción del poder que arranca del pensamiento de Foucault los dibujos que en el siglo XIX hizo Jeremy Benthan sobre el “panopticum”, o torre rodeada por una estructura circular con celdas que son visibles desde la torre: quienes viven en las celdas saben que les “ven” desde la torre pero quien les vigila no puede se visto por ellos:

 

“Todo lo que se necesita entonces es situar un supervisor en la torre central y encerrar en cada celda a un loco, a un paciente, a un condenado, a un trabajador o a un alumno…De aquí el mayor efecto del Panopticum: inducir en el encarcelado un estado de conciencia de permanente visibilidad que asegura el funcionamiento automático del poder. Es así que planificando para que la vigilancia sea permanente en sus efectos aunque sea discontinua en su ejercicio, la perfección en el uso del poder será tal que hará innecesario su ejercicio actual, de tal forma que el diseño de este dispositivo de control permite consolidar una relación de poder estable que es independiente de la persona que lo ejerce: se habrá creado una forma de poder en la que los subyugados son sus propios guardianes”.

 

Desde el punto de vista organizacional, el pensamiento de Foucault se interpreta, incluso mejor que con apoyo en la fuerza significante que tiene la metáfora del panopticum, desde la idea de autorregulación, e incluso desde la de percepción de autoeficacia, la de autonomía o la de “site-based management”: los modernos métodos y estrategias de dirección y gestión pretenden que sean los mismos trabajadores quienes, “merecedores de confianza”, autorregulen sus conductas con el sistema de normas, de estándares de rendimiento, de ética laboral, de valores que cristalizan en la organización bajo el impulso y la orientación de sus órganos de dirección. Establecido el sistema, la situación laboral está normalizada y son los propios trabajadores los que regulan su actuación para que se produzca dentro de los márgenes propios del “empleado eficiente”.

 

En las organizaciones escolares, analizadas desde el paradigma “foucaultdiano”,  las normas pedagógicas, los sistemas y unidades de orientación, las prácticas curriculares, las certificaciones académicas,  las técnicas de gestión y dirección o la supervisión educativa son otros tantos “mecanismos de normalización”, que forman parte de un discurso educativo que es impulsado desde los órganos que detentan verdaderamente el poder y que constituyen un efectivo instrumento de disciplina, o como diría Foucault, de control de los “cuerpos y las mentes” de alumnos y profesores.

 

En estrecha relación con el poder emerge en la teoría de la organización el “status” o influencia social que dentro del grupo tiene un individuo asociado a su posición (autoridad) y a su nivel de poder. De esta cualidad son indicadores:

 

ü   El grado de dominio que se ejerce a través del comportamiento: tono de voz, control del proceso de toma de decisiones, contactos visuales, tiempo de intervención que consume en las sesiones colectivas (respecto del total disponible), frecuencia con la que interrumpe, corrige o aprueba las intervenciones de los otros miembros del grupo, etc.

ü   Nivel de popularidad;

ü   Influjo en la actuación y en las actitudes de los restantes miembros del grupo;

ü   Autoestima[14];

ü   Alta evaluación por los “otros”[15];

 

Dos son las concepciones, ambas con un soporte empírico suficiente[16], que pretenden explicar por qué un individuo alcanza a tener un elevado “estatus” (no de índole “posicional” o formal sino psicosocial):

 

ü   La que postula que el determinante del “status” son las expectativas que cada persona crea en los “otros” respecto de su capacidad potencial para contribuir a la satisfacción de necesidades grupales. Estas expectativas están asociadas a la atribución de cualidades como “inteligencia”, “formación”, “influencia”, etc., estando su valor significativamente afectado por variables mediadoras como la edad o el sexo[17];

ü   La que sostiene que los integrantes de un grupo, desde el mismo momento en que entran en contacto, se evalúan mutuamente, tomando en consideración tanto la “apariencia” como la conducta de cada uno de ellos, proceso que, finalmente, conduce a la asignación de diferentes “status”.

 



[1] Astley, W.G. y Sachdeva, P.S.: Structural sources of intra-organizational power: A theoretical synthesis. Academy of Management Review, 9, 1984, págs. 104-113.

House, R.J. (1988): Power and personality in complex organizations. En B.M. Staw y L.L.  Cummings (Edits.), Greenwich, CT: JAI (Vol. 10, págs. 305-357).

Pfeffer, J. (1981): Power in organizations. Mansfield, MA: Pitman.

[2] Mecanic, M.: Sources of power of lower participants in complex organizations. Administrative Science Quarterly, 7, 1962, págs. 349-364.

[3] Hickson, D.J., Hinings, C.R., Less, C.A., Schneck, R.E. y Pennings, J.M.: Strategic Contingency Theory of Intraorganizational Power. Administrative Science Quarterly, 30, 1985, págs. 61-77.

[4] Bacharach, S.B. y Lawler, E.J. (1980): Power and politics in organizations. San Francisco: Jossey-Bass.

Kotter, J.P. (1985): Power and influence: Beyond formal authority. Nueva York: Free Press.

Mintzberg, H. (1983): Power in and around organizations. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall.

[5] Monge, P.R. y Eisemberg, E.M. (1987): Emergent communication networks. En F.M. Jablin , L.L. Putnan, K.H. Roberts y L.W. Porter (Edits.): Handbook of Organizational Communication: An Interdisciplinary Perspective. Beverly Hills, CA: Sage (Págs. 304-342).

[6] Tushman, M.L. y Romanelli, E.: Uncertainty, social location, and influence in decision making. A sociometric analysis. Management Science, 29, 1983, págs. 12-23.

[7] Coob, A.T.: An episodic model o power: Toward an integration of theory and research. Academic Management, 9, 1984, págs. 482-493.

[8] Cook, K.S., Emerson, R.M., Gilmore, M.R. y Yamagishi, T.: The distribution of power in exchange networks: Theory and experimental results. American Journal of Sociology, 89, 1983, págs. 275-305.

[9] Hegtvedt, K. A. y Cook, K.S. (1987): The role of justice in conflict situations. En E. J. Lawler y B. Markovsky (Edits.): Op. cit. (Págs. 109-136)

[10] Saunders, C.S. The strategic Contingencies Theory of Power: Multiple perspectives. Journal of Management Studies, 27, 1, 1990, págs. 1-18.

[11] Lyotard, J.F. (1984): The postmodern condition: A report on knowledge. Manchester: Manchester Univ. Press.

Derrida, J. (1978) Of Grammatology. Baltimore: John Hopkins Press.

Véase Foucault en nota siguiente.

[12] Foucault, M. (1986): Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI.

Foucault, M. (1970): La arqueología del saber. Madrid: siglo XXI.

Foucault, M. (1974): El orden del discurso. Madrid: Siglo XXI.

Foucault, M. (1987): Historia de la sexualidad. Madrid. Siglo XXI.

[13] El marco de pensamiento que deriva de las obras de Foucault ha servido de fundamente ha numerosos trabajos hechos en dominios escolares como:

r    Desarrollo profesional de los maestros y profesores (Hargreaves, A. (1994): Changing teachers, changing times: Teachers ` work and culture in the postmodern age. Nueva York: Teachers College Press );

r    Gestión de la clase (Biesta, G. (1995): From manipulation to communication: communicative pedagogy and the postmodern crisis of the subject. Documento presentado al congreso anual de la American Educational Research Association. San Francisco, abril.)

r    Gestión de los centros de enseñanza (Ball, S. (1994): Educational reform: A critical and post-structural approach. Backingham, UK: Open Univesity Press );

r    Liderazgo (Angus, L. (1966): Cultural dynamics and organizational analysis: Leadership, administration, and the management pf meaning in schools. En K. Leithwood, J., Chapman, D. Corson, P. Hallinger y A. Hart (Edits.), International Handbook of Educational Leadership and Administration. Boston: Kluwer Academic Publishers (Págs. 967-996).

[14] Moore, J. (1985): Role enactment and self identity. En  J. Berger y M. Zelditch (Edits.), Status, Rewards, and Influence. San Francisco: Jossey-Bass.

[15] Humphrey, R.: How work roles influence perception: Structural-cognitive processes and organizational behavior. American Sociological Review, 50, 1985, págs. 242-252.

[16] Berger, J. y Zelditch, M. (1985): Op. cit (expectativas); Ellison, S.L. y Dovidio, J.F. (1985) (Edits.): Power, Dominance, and Nonverbal Behavior. Nueva York: Springer-Verlag (Evaluación); Ridgewey, C.L.: Nonverbal behavior, dominance, and the basis of status in task groups. American Sociological Review, 52, 1987, págs. 683-694.

[17] Berger, J., Rosenholtz, S.J. y Zelditch, M. (1980): Status organizing processes. Annual Review of Sociology, 6, 1980, págs. 479-508.

Ridgeway, C.L.: Status in groups: The importance of motivation. American Sociological Review, 47, 1982, págs. 76-88.


 [GDD1]Para obtener una copia en pdf pulsar “PDF

 [GDD2]De acuerdo con Shaw, las personas que gozan de más poder reciben un trato deferencial (tiempo de intervención en los debates, por ejemplo), controlan la conducta de los otros y son más interpelados y requeridos para dirimir cuestiones problemáticas (Shaw, M.E. (1981): Group dynamics. The Psychology of Small Group Behavior. Nueva Cork: McGraw-Hill).

 [GDD3]En el Capítulo dedicado al liderazgo se analizan con mayor detalle las relaciones que existen entre el líder y el grupo.

 [GDD4]Asley y Sachdeva realizaron en el año 1984 un interesante estudio para identificar los factores que explican las diferentes formas de poder organizacional. Mediante análisis factorial en su trabajo emergen dos tipos básicos de poder:

ü       El participativo (asociado al grado de implicación,  participación e influencia en las actividades)

ü       El “posicional”, que es el reflejo de la posición ocupa la persona en la estructura jerárquica de la organización (Astley, G. y Sachdeva, P.: Structural Sources of Intraorganizational Power: A Theoretical Sinthesis. Academy of Managment Review, 9, 1984, págs. 104-113).

 [GDD5]Una teoría con muchas  similitudes a la “estratégico-contingentista” es la “Teoría de los recursos críticos”, desarrollada por Salancik y Pfeffer, en la que se sostiene que el poder del Departamento D1 sobre el D2 depende del grado en que D1 aporta recursos “críticos” para el funcionamiento de D2, no pudiendo obtenerlos D2 de otro Departamento (Salancik, G.R. y Pfeffer, J. The Bases and Use of Power in Organizational Decision Making: The Case of a University. Administrative Science Quarterly, 19, 1974, págs. 453-473).

 [GDD6]El “control de contingencias estratégicas”, o críticas, es uno de los constructos que mejor define a muchas teorías sobre el poder:.Emerson (Emerson, R.E.: Power-dependence Relations. American Sociological Review, 27, 1962, págs. 31-41), Perrow (Perrow, C. (1970): Developmental Power and Perspectives in Industrial Firms. En M. Zald (Edit.), Power in Organizations, Nashville, TN: Vanderbilt-Press, págs. 59-89) o Thomson (Thomson, J. (1967): Organizations in Action. Nueva York: McGraw-Hill) consideran que el poder es función de la dependencia; o lo que es lo mismo, del control de contingencias estratégicas, y se produce cuando un departamento/persona satisface necesidades de otros que terceros no están en condiciones de satisfacer. Un planteamiento similar tiene el modelo de Salancik y Pfeffer (Salancik, G. y Pfeffer, J.: Who gets power and how they hold on to it: A strategic contingency model of power. Organizational Dynamics, 5, 1997, págs. 3-21). 

 [GDD7]Una contingencia es estratégica para el Departamento D1 cuando lo que le aporta es imprescindible para su funcionamiento, y si sólo puede  conseguirlo a través del Departamento D2,  D2 tiene poder sobre D1.