TERUEL:

Es una de las provincias más desconocidas y olvidadas del país, por eso se creó una plataforma reivindicativa que adquirió mucha fama y que rezaba: "Teruel existe".  Para conocer un poco esta provincia, decidimos viajar hasta allí, y pasar en estos lugares tres días. Para hospedarnos, lo hicimos en una casa rural en el pueblo de Bronchales, en la Sierra de Albarracín. Concretamente, en Casa Mª Dolores, que se puede calificar como aceptable, sin mayores consideraciones. El pueblo está situado a 1600 metros de altura, y esto hace que en febrero el frío sea riguroso.

Para llegar desde Madrid, tenemos la N-II, que por autovía nos lleva hasta Alcolea del Pinar, donde abandonamos la autovía para ir hacía Molina de Aragón, que será nuestra primera parada. Cuando llegamos, lo primero que llama la atención es el Castillo Alcázar, que tiene dos recintos, el exterior que es de enormes proporciones, y el interior o castillo propiamente dicho con seis altas torres, de las que se conservan cuatro en perfecto estado. Este gran conjunto medieval, en piedra, fue declarado Conjunto Histórico en 1965. Molina tiene una historia llena de acontecimientos importantes, y esto queda reflejado al pasear por sus calles, por la cantidad de edificios, iglesias y palacios que denotan su relevancia como villa señorial de la Edad Media. Pero se podría decir que "brillante pasado y triste presente", ya que lo que nos encontramos la mayoría de las veces es con edificios ruinosos, iglesias abandonadas. Excepción agradable es el Palacio de la Subalterna, restaurado convenientemente y habilitado como hospedería, y el intento de recuperar algunas viviendas en la que fue judería. También encontramos un Puente románico del s. XIII, digno de reseñar. De todo el conjunto, nos queda el sabor agridulce de ver que con una mayor inversión en recuperación, estaríamos ante un buen reclamo de actividad turística, que reactive la zona, que cuenta con atractivos suficientes en los alrededores.  Cerca está el Barranco de la Virgen de la Hoz, precioso lugar, imprescindible de visitar. Junto a la ermita , sale un sendero que asciende a la parte alta del barranco y que en pocos minutos nos sitúa en un magnífico mirador del entorno. Y nos encontramos muy cerca la localidad de Corduente, con su imponente castillo. Desde aquí siguiendo la CM-2015, dirección Zaorejas, nos introducimos en la Ruta del Alto Tajo. Cruzaremos el río Tajo por el Puente de San Antón, donde corre impetuoso, con aguas limpias, de color verde y azulado. Podemos desde aquí , río arriba en pocos minutos, llegar a una cascada. Después seguimos carretera, pasamos por Zaorejas, y antes de llegar a Villanueva de Alcorón, tomar el desvío por la CM-2101, que dirección Peñalen, nos enlazará con Poveda de la Sierra en la CM-210. Una vez sobrepasado Poveda, comienza de nuevo el espectáculo del Tajo. Pasamos por un barranco labrado en la roca, y llegamos al puente sobre el Tajo, donde hay un bellísimo lugar, y de donde parte un camino forestal, que junto al río, a lo largo de más de veinte kilómetros nos mostrará un paisaje maravilloso; la pena es que necesitaremos un todo terreno, porque para un vehículo normal , este camino de tierra puede ser excesivamente largo y pesado. Cuando lleguemos al cruce de la CM-210, con la CM-2111 dirección Terzaga, tomaremos esta carretera, para recorrer una zona de sierra, atravesando pueblos como Checa y Orea. Esta carretera es bastante mala, pero transcurre por zonas de montaña, con bosques de pinos preciosos. Había nieve cuando pasamos y el paisaje era de cuento. Cuando recorres esta zona te das cuenta de la despoblación y soledad de estas tierras; los pueblos parecen desiertos, y las carreteras también. Tiene que ser muy duro vivir allí, con duros inviernos, tierras improductivas, y soledad, mucha soledad. Al final del camino, tras pasar por Orea, que es el pueblo más alto de la provincia de Guadalajara, cruzamos a la comunidad de Aragón y el primer pueblo es Orihuela del Tremedal, que sorprende por su enorme iglesia. Después en un corto trecho estamos en Bronchales, nuestro lugar de alojamiento.

El día siguiente nos acercamos a la capital, Teruel, como era domingo, fue fácil encontrar aparcamiento en el centro. Si por algo destaca esta ciudad es por sus torres mudéjares: de la Catedral, El Salvador, San Martín y San Pedro. La del Salvador se encuentra situada en la iglesia del mismo nombre y es gemela a la de San Martín, la estructura interior de ambas es un alminar hispano-musulmán como la Giralda sevillana, se trata de dos torres, una envolviendo a la otra mediando entre ambas las escaleras de acceso al campanario.  La torre de San Pedro es de planta cuadrada y presenta un friso de arcos de medio punto entrecruzados, pero con los arcos de ladrillo, las ventanas en arquivoltas abocinadas de medio punto y recuadradas en alfiz, y los frisos de esquinillas con fustes de cerámica alojados en los entrantes, que como el resto de la decoración cerámica pertenece a la serie verde y morada. El conjunto de las cuatro torres es muy destacable, y hace de la ciudad el foco más importante de mudejarismo de España. En la del Salvador podéis disfrutar de una educativa  presentación por ordenador con una explicación detallada de los monumentos. Del resto de la ciudad destacaremos la escalinata mudéjar que enlaza con la estación de ferrocarril, las casas modernistas de la Plaza de Torico, el edificio del Casino en la Plaza de San Juan.

Otro lugar de visita obligada es la Catedral, que es la vieja parroquia de Santa María de la Media Villa, que se estaba construyendo en 1176 según el Fuero de Teruel. En 1342 alcanzó la categoría de colegiata, siendo elegida Catedral en el siglo XVI. Su torre es del s. XII, es de estilo mudéjar con influencias del románico, de ladrillo. El templo consta de tres naves, y en el crucero se encuentra un hermoso cimborrio del s. XVI. Lo más importante de esta Catedral es el artesonado mudéjar, que representa la historia de Teruel.

Parecería un sacrilegio venir a Teruel y no visitar el mausoleo de los famosos amantes. Su historia es medieval y cuenta que en el s. XIII, se enamoran Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura. Rechazado por la familia al carecer de bienes y fortuna, el pretendiente consigue un plazo de cinco años para enriquecerse. Parte a la guerra y regresa a Teruel cuando expira el plazo. Isabel es ya esposa de un hermano del señor de Albarracín. Consigue Juan Diego entrevistarse con ella en su casa y le pide un beso. Isabel está ya casada y se lo niega. Diego no puede soportar la angustia de aquella despedida y muere de dolor. Al día siguiente se celebran los funerales en San Pedro. Se acerca al féretro una mujer enlutada: es Isabel, que quiere dar al difunto el beso que le negó en vida. Lo hace y repentinamente muere junto a él.  Sin duda es una historia trágica y romántica. Los cuerpos de los amantes fueron hallados en el año 1560, y actualmente reposan en una capilla aneja a la iglesia de San Pedro en un mausoleo obra de Juan de Ávalos. El lugar del mausoleo es pequeño, demasiado pequeño; y la plaza donde se encuentra es deprimente: casas en ruinas, patios de luces, etc. Una historia tan representativa de la ciudad merecería estar en un lugar más adecuado y con unos alrededores dignos.

Abandonamos la capital después de comer, para visitar dos pueblos con nombres muy parecidos: Mora de Rubielos y Rubielos de Mora. No está el primero muy lejos de Teruel, por lo que se llega rápido. Mora de Rubielos está a más de mil metros de altura, en un paraje de media montaña. Destaca sobre todo su castillo medieval de los Heredia, de mampostería y cantería, que se construyó entre los siglos XIII y XV, por lo que combina los estilos románico y gótico. Exteriormente es impresionante por sus dimensiones, y aparente buen cuidado, pero su interior ha sufrido una rehabilitación que podríamos calificar como mínimo, inadecuada. Desgraciadamente estamos acostumbrados a que las cosas no se rehabilitan, pero es más grave cuando se hace con una falta de visión restauradora, sino modificadora; cuando no se intenta devolver con la  mayor  fidelidad posible el monumento a su estado original. Un paseo por el pueblo nos delata su rica historia e importancia, sus casas señoriales, sus puertas de entrada a la villa, etc.

Cerca de Mora, a 13 kilómetros, está la localidad que invierte el orden toponímico para llamarse Rubielos de Mora. Sin duda lo que más llama la atención del viajero después de un paseo por sus calles, es la armonía arquitectónica de sus calles y edificios, cosa difícil de encontrar en nuestros días.  Se trata de la localidad aragonesa con mayor número de casas señoriales, la mayoría se levantaron entre los siglos XVI y XVII, en una época de máximo desarrollo de la industria textil. Una reconfortante sensación pasear por sus calles, deleitarse con sus edificios, con sus balcones, puertas, rejas, sus cornisas, etc. Un detalle curioso es el via crucis que tiene camino de la ermita. Dejamos el pueblo, dirección Teruel, hacía la N-234, y por el camino pasamos por un precioso barranco labrado por el río Mijares, donde es recomendable una parada en el puente que cruza el río.

En nuestra última jornada dedicamos la mañana al pueblo de Albarracín. Este es uno de esos pueblos que se pueden considerar imprescindibles en cualquier relación de "pueblos con encanto". Pero en esta lista, según el parecer de este viajero, figuran pocos pero importantes lugares: Santillana del Mar, Pedraza de la Sierra, Pals, Rupit, Bárcena Mayor, Ainsa, Castrillo de los Polvazares,  y el referido Albarracín. Seguro que otras personas aumentarán la lista, posiblemente con razón, pero en este momento me vienen a la cabeza estos ejemplos de lugares donde se ha conservado un estilo arquitectónico, respetándolo; y donde se cuida con mimo y detalle el conjunto histórico que poseen. En Albarracín, destaca su conjunto, el color rojizo de sus casas, su estampa en la ladera. Esta situada a 1180m de altura, y fue declarada Monumento Nacional en 1961. Sin duda, lo recomendable es callejear por sus calles, descubrir los pequeños palacetes que se intercalan entre pobres edificaciones, así como los detalles de rejas, puertas, etc. También para tener una buena vista del pueblo, subir a la Torre del Andador,  Cerca del pueblo, a pocos kilómetros, encontramos el conjunto de pinturas rupestres de Albarracín, fechado entre el 6000 y 1500 a.C., llamado Parque Cultural de Albarracín. Justo antes de llegar al pueblo, a la izquierda, si venimos de Teruel, tenemos que desviarnos; está bien señalizado, y cuando lleguemos al Parque, encontraremos aparcamiento, fuentes, y paneles informativos. Los distintos recorridos señalizados se completan en poco tiempo, y merece la pena , aunque sólo sea por el paseo por el bosque de pinos.

Después de comer, abandonamos Albarracín, y camino de Teruel, hacemos una parada en Cella, para visitar su pozo artesiano, el más grande de Europa con sus 130 metros de perímetro, impresionante por su caudal de agua cristalina. Y desde Teruel nos encaminamos por la N-420 hasta el cruce que nos indica Aliaga, donde antes de llegar, ya comenzamos a ver lo que habíamos venido a observar, y es el Parque Geológico de Aliaga. Este paisaje es el resultado de doscientos millones de años de evolución. En la Prehistoria la región estaba cubierta por las aguas de mar tropical (parece increíble viéndolo ahora), el Tethys, antecesor del Mediterráneo. En un momento dado, la vegetación quedó enterrada en el fango y sufrió un proceso de transformación que la transformó en lignito. El paso de la Era Secundaria a la Terciaria, hace unos 65 millones de años, coincidió con la emersión definitiva de toda la región. Las capas rocosas que yacían bajo el mar  fueron plegadas, fracturadas y elevadas. Así formaron lo que se conoce como cordillera Ibérica. La erosión seguiría modelando el relieve hasta allanarlo del todo. En el Plioceno, hace unos cinco millones de años, se produjo un nuevo levantamiento que encajó la red fluvial y se prolongó durante todo el Cuaternario, dando lugar al actual paisaje de cumbres y altiplano. El Parque Geológico de Aliaga está estructurado en once recorridos que muestran los fenómenos telúricos más interesantes. Desde aquí no hay mucha distancia con otro lugar con interés, se trata de Galve y su Parque Paleontológico. Supone otro viaje al pasado, pero éste para descubrir cómo eran y vivían los dinosaurios. En un edificio a la entrada de Galve, encontramos un museo donde observar desde minúsculos dientes de herbívoros prehistóricos hasta huesos de enormes patas. Para completar esto hay que visitar junto a las choperas del río Alfambra, el Parque Paleontológico. Allí veremos reproducciones exactas de varios tipos de dinosaurios, y a 5 kilómetros del pueblo podemos ver huellas de dinosaurios, siguiendo un camino indicado. Y con esto se nos acaba la luz solar, y por tanto el día, con lo que nos recogemos en nuestro lugar de descanso, para terminar esta jornada y estos días, que hemos pasado en estas tierras duras, ásperas, pero que como todos los lugares, dejan recuerdos en nuestra memoria.

Enlaces recomendados:

-Parque Geológico de Aliaga.

-Albarracín.

 

Realizado en Febrero de 2001.